Miradas de Cine Crónica del 6º Festival de Cine Alemán
Por Sergio Vargas

El cine alemán, ese desconocido

Un año más, comenzado el mes de Junio, el cine Palafox de Madrid abre sus puertas al cine alemán, ese gran desconocido. Así al menos se le presenta en el spot animado que se proyecta antes de algunas de las sesiones, donde se pregunta a diversas personas por las cinematografías americana, francesa, italiana y japonesa, y parecen desenvolverse bastante bien (entre todos saben dos directores y una película de cada una) hasta el momento en que llega la pregunta fatídica: ¿El cine alemán? Hmmmm…..

Así, por sexta vez, el festival, que por cierto, ha tenido un gran éxito de público, trata de paliar esta carencia cultural que tenemos los españoles con una muestra de lo más representativo de la última hornada del cine teutón. El gran evento se ha dividido en dos secciones principales: La primera es la Retrospectiva 10 años de cine, por donde se han paseado la crudeza sin paliativos de El experimento, la frescura de Corre, Lola, corre, la sencillez, que no simplicidad, de Deliciosa Martha, la enervante y atractiva a ratos alternos Nadie me quiere, la depresivamente simpática Knockin' On Heavens Door, la sobrevalorada Good Bye Lenin!, y las para mí desconocidas Más allá del silencio y Sun Alley. La otra sección consta de filmes más recientes que no se han distribuido aún en España (de los que a continuación hablaremos un poco más en detalle), y que, no nos engañemos mucho, probablemente en su mayoría no lo hagan, no por su baja calidad, sino por lo mismo de siempre: El cine americano es dinero fácil y el noventa por ciento del cine que no es americano se despacha tranquilamente a una única sala de versión original, eso en los casos más afortunados de Madrid o Barcelona. En este segundo bloque se incluían: Lutero, Sentimientos mortales, Las puertas del paraíso, Septiembre, Berlin Blues, La calle de las rosas, la película de animación Till Eulenspiegel, Gun Shy, el documental El centro y el telefilm Dos días de esperanza. El festival se complementó con el ciclo de cortometrajes Next Generation compuesto por nueve cortos de las jóvenes promesas alemanas, y otros cuatro cortos que se proyectaron antes de alguno de los pases. Para terminar, y siguiendo con la tradición de anteriores ediciones, todo un clásico del cine mudo germano. En esta ocasión la escogida ha sido El último, una de las grandes obras de F.W. Murnau, con acompañamiento musical en directo.

Comentario sobre lo visto

Lutero, de Eric Till (Luther, 2003)

La ceremonia de apertura del festival estuvo presidida por el pase de Lutero, un biopic en torno al monje alemán que impulsó la famosa Reforma del Cristianismo, que, como la gran superproducción que es, cuenta con un reparto con rostros conocidos entre los que destacan Joseph Fiennes en el papel protagonista y Peter Ustinov como Federico el Sabio, un gran despliegue de medios, cuidadosa ambientación de la época y una total fidelidad a la historia (o al menos a la parte que le interesa contar) que juegan como sus principales bazas. Lo malo de Lutero es que es una película coproducida por luteranos (que no se entienda esto mal) puesta al servicio de la figura intocable del autor de las 95 tesis, y se nos presenta a éste en un pedestal como un auténtico héroe pasando por alto, por ejemplo, su antisemitismo, y mostrando a los altos cargos de la Iglesia como unos malvados de folletín, totalmente estereotípicos. A este respecto es impagable la aparición del Papa Leon X a caballo, embutido en una armadura que no desmerecería al mismísimo Señor Oscuro. Por lo demás, un desarrollo predecible, aún sin conocer necesariamente la historia de antemano, y plagado de tópicos que convierten una propuesta a priori interesante en un filme mediocre. S.V.

Las puertas del paraíso , de Veit Helmer(Gate to Heaven , 2003)

El pase de Las puertas del paraíso tuvo como presentador de lujo al propio director de la película, Veit Helmer, que a través de una competente y un pelín nerviosa intérprete nos solicitó que si conocíamos a alguien de alguna distribuidora, le hiciésemos saber de su filme, que de momento, a espera de alguien que lo remedie, no se estrenará en nuestros cines. Y la verdad es que es una cinta bastante recomendable, o al menos bastante más que la mucha basura que nos traen proveniente de Hollywood, e incluso, sí, de nuestro propio país. En un amable tono de comedia ligera Helmer nos lleva de la mano de una galería de variopintos personajes a recorrer los rincones del aeropuerto de Frankfurt, donde se iniciará una imposible historia de amor entre dos soñadores: Nisha, una limpiadora india que quiere ser azafata y Alexej, un inmigrante que lo que desea es pilotar aviones. La presencia de algún golpe dramático en el último tramo no impide el inevitable final feliz. Pero a veces esta bien que las historias acaben bien. S.V.

Sentimientos mortales, de Achim von Borries (Was nützt die Liebe in Gedanken , 2003)

La presencia de Daniel Brühl, que probablemente sea el actor alemán de moda tras el boom que supuso el pasado año la entretenida (pero tampoco más) Good Bye Lenin!, sirve como principal reclamo para la película de Achim von Borries. Bueno, eso, y también una historia de bajas pasiones que termina en crimen. Sentimientos mortales, basada en hechos reales, gira alrededor de cinco personajes: Hans, que mantiene relaciones con Guenther y con su hermana Hilde, Paul, amigo de Guenther enamorado de Hilde, y Ellie, la amiga de Hilde, que pierde las bragas por Paul. Quizá lo más destacable sea la interpretación de un August Diehl (Guenther) que aunque aparentemente inexpresivo, compone un personaje muy creíble, y por otra parte un guión bastante interesante, el problema es que la historia está tratada con una frialdad excesiva que hace un poco menos verosímil el final, además de una alarmante parquedad carnal (poco más que un tímido pezón podremos encontrar), cuando la historia pide a gritos sexo tórrido y salvaje. S.V.

Septiembre, de Max Färcerböck (September, 2003)

Max Färberböck es un tío que parece que sabe de qué va esto. Su primera película, Aimée y Jagua r, fue un éxito con pocos precedentes (y menos consecuentes) que incluso llegó a optar a los Globos de Oro como mejor película extranjera. Su segundo filme es un ambicioso proyecto que no se sabe muy bien si es una comedia o si es un drama, si dice lo del principio o si dice lo del final, si tiene ocho personajes principales o si no tiene ninguno. Un batiburrillo no del todo desagradable, en verdad. Porque Färberböck construye un puzzle sobre el 11 de septiembre (el del 2001, no el del asesinato de Allende claro) pero en Hamburgo. Con las piezas que se pueden utilizar en Hamburgo: el articulista, el yuppie, los dos niños afectados, el tío del coche, el pizzero arabe, la mujer del yuppie y alguno más que pasaba por allí son la representación de una Europa mestiza que se contradice habitualmente entre lo que piensa y lo que hace. Una Europa que se ve reflejada en un atentado que no es un atentado contra los EEUU sino contra NUESTRA forma de ver la vida según Bush II (y esperemos que último). Al final cada uno sacará sus propias conclusiones. Yo, egoísta y escribiente, me quedo con las del articulista. Un epílogo muy valiente para una película que no lo parecía. Manuel Ortega

Berlin Blues, de Leander Haussmann (Herr Lehmann , 2003)

Divertida e irregular comedia con pretensiones metafóricas que supone el segundo trabajo del prometedor Leander Haussmann tras, la también estrenada en este festival, Sun Alley (Sonnennallee, 2000). A pesar de que recuerda en ciertos pasajes a Kaurismaki y su La vida de Bohemia y en otros a la exitosa Good Bye Lenin! posee una pátina especial que la hace diferente y que consigue que empaticemos con unos personajes que bien podría poblar el bar de Moe. Lo mejor de la película es sin duda esa galería humana, existencialista y vital, que sirven de contrapunto a las cuitas del único que quiere salir (aunque sea por unas horas) de ese etílico jauja. Haussmann demuestra un cínico humanismo que trastoca la propia visión que el espectador podría tener de los divertidos parroquianos si estos fueran familiares o vecinos. El muro va a caer muy pronto (otra vez Good bye, Lenin) y el mundo en el que se empeñaban en creer también. Al final el fantasma de Amelie (como en cualquier producción europea que aspire a que la vea cierto público) rebaja cuantiosamente la apetecible mala leche que emanaba. Si eso sirve para que se estrene…M.O.

La calle de las rosas, de Margarethe von Trotta (Rossenstrasse, 2003)

Y si Berlin Blues se centraba en la caída del muro de Berlin (valga la redundancia) yendo desde lo particular a lo histórico, La calle de las rosas evoca el otro gran acontecimiento del siglo XX en Alemania (sí, premio, la segunda guerra mundial) de una forma muy parecida. Con una estructura que recuerda a la utilizada por Ken Loach en Tierra y libertad, la mítica, pero casi desconocida por estos lares, Margarethe Von Trotta vuelve a hablarnos de los campos de concentración y el holocausto judío pero desde una mirada diferente. Von Trotta es una de las pocas directoras feministas de la historia del cine (olvidense de los desvaríos de la Campion) y su compromiso en este caso se centra en rescatar la lucha de un grupo de mujeres, familiares de altos cargos nazis en su mayoría, que intentaron que los hombres entraran en razón. Lo único malo de este admirable intento (¿hubiera conocido Spielberg la historia de Schindler si hubiera sido mujer?) es el tono de parábola, de fábula simplista que la directora de Las hermanas alemanas imprime al relato. De todas formas no estaría mal una retrospectiva de esta autora para el año que viene. Festivales como éste te brindan la oportunidad de reclamar (insinuar, implorar) algo alternativo a lo acostumbrado. M.O.

Gun Shy , de Dito Tsintsadze (Schussangst, 2003)

Es comprensible la polémica que se generó en el último festival de San Sebastián cuando contra todo pronóstico, Gun Shy, de Dito Tsintsadze se alzó con la Concha de Oro, imponiéndose a películas como Memories of Murder, Spring, Summer, Fall, Winter...and Spring o Te doy mis ojos, pero tengo que decir que aunque tampoco comprendo esta decisión, Gun Shy no me ha parecido un mal filme. En cualquier caso, es de lo más natural que pueda haber tanto gente que aborrezca la película como gente que la adore. Y es que Gun Shy no es ni mucho menos una película normal. Tsintsadze nos presenta a unos personajes estrambóticos y con un humor que nace de las situaciones y los encuentros más absurdos nos adentra en una bizarra aventura que, para mal o para bien, difícilmente podremos olvidar. También hay que decir que, si bien su labor como director deja bastante que desear gracias a unos irritantes y frecuentes cambios de foco y un desafortunado empleo de la cámara en mano, de la que afortunadamente no abusa, yo disfruté la película de principio a fin, y me reí mucho, mucho. Eso sí, a alguno el final le va a sentar como un tiro. S.V.

El centro, de Stanislaw Mucha (Die Mitte , 2004)

Curiosísimo documental el dirigido por Stanislaw Mucha con un punto de partida que parece surgido de la mente de un auténtico loco, y es que lo que se propone este hombre, al que sólo vemos un par de veces frente a la cámara, aunque le oímos continuamente desde detrás de ésta, no es ni más ni menos que… encontrar el centro geográfico de Europa. Al principio contemplamos alucinados como en al menos cinco o seis ciudades de países diferentes (a miles de km. entre sí) tienen placas indicadoras señalando el ansiado punto, así como, y esto es lo más gracioso, numerosos estudios topográficos que lo avalan. Cuando parece que la película no tiene mucho más que aportar, desde el momento en que nos damos cuenta de que lo único que va a hacer el director es llevarnos de un sitio para otro haciéndose la misma pregunta, vamos comprobando con sorpresa como lo que hace Mucha es tejer una entrañable película con retales de las vidas de los lituanos, ucranianos, eslovacos o polacos de a pie, que revelan su insatisfacción y sus miserias económicas desde el momento en que El Centro (como si de una amenaza se tratase), a modo de reclamo turístico, vino a ellos. Y sin embargo, son felices. Les comprendo perfectamente. Sin ir más lejos, "El Centro" vino a nosotros para quedarse durante ocho largos años y la verdad es que cuanto más lejos mejor. Entre la infinidad de respuestas a la pregunta ¿Dónde está el centro de Europa? me quedo con la de un anciano que está dormitando sobre uno de los presuntos “puntos G”: «Puede usted cagarse en los pantalones, pero nunca lo encontrará». Además, no importa que el documental se acabe sin responder a la pregunta, pues todos conocemos la respuesta: El centro de Europa, según parece, ahora está en Portugal, en la Eurocopa esa. S.V.