Miradas de Cine XXV Mostra de Valencia. Cinema del Mediterrani
Por Joaquín Vallet Rodrigo

Luces y sombras de un festival diferente

Los dos festivales más prestigiosos de la Comunidad Valenciana, Cinema Jove y la Mostra del Mediterrani, tienen la característica de ser dos de los más heterogéneos de todo el Estado Español, tanto en su concepción interna como en las propuestas que sirven de base a su existencia. Cinema Jove tiene, como principal característica, la presencia de largos y cortometrajes cuyos autores no superen los 35 años de edad. Por su parte, la Mostra únicamente exhibe películas cuyos países de origen limiten con el Mediterráneo algo, sin duda, tan arriesgado como meritorio, teniendo en cuenta que una grandísima parte de estos films apenas tienen distribución extranjera y resultan casi imposibles de ver como no sea, evidentemente, en los festivales cinematográficos. Amén de ello, el encuentro de culturas, a priori tan distintas, como la occidental y la oriental, tan imprescindible para el buen funcionamiento de este planeta al que llamamos Tierra y tan menospreciado por los más reaccionarios sectores políticos de este país (sí, sí, esos que estuvieron ocho años en el gobierno) convierten la Mostra del Mediterrani en un evento imprescindible para todo aquél que quiera sumergirse en la realidad fílmica (artística, en definitiva) de lugares como Turquía, Egipto, Grecia o Israel.

Por ello la Mostra, en este su 25 aniversario, ha integrado en la selección de su Sección Oficial el mayor número de películas elegidas hasta el momento: 17 films (1) de otros tantos países que han dado versatilidad, pese a la irregularidad de varias de estas obras, al conjunto competitivo. Además, la variada oferta de homenajes y retrospectivas que incluían desde el pase de algunas de las más importantes piezas del Expresionismo Alemán, una sección dedicada a los “reyes de la risa” o una al Free Cinema británico, ha abierto el abanico de posibilidades de elección en un año en el que se han proyectado cerca de 240 películas. Empero, este aleccionador panorama ha quedado lamentablemente desdibujado por las nefastas copias de varios de los films proyectados: en algunos casos con cortes más que notables en su duración (Sopa de ganso –1933– o El gabinete del doctor Caligari –1919) y, en otros, con versiones de extremas imperfecciones en su calidad visual (Un tranvía llamado deseo –1951–, Fausto –1926), han converido lo que podría haber sido una ocasión inmejorable para reencontrarnos con un buen número de obras maestras, en una lamentable oportunidad perdida.

17 películas sin piedad

Dejando a un lado el hecho indiscutible de que todas y cada una de las obras exhibidas han sido poseesoras de un incontestable interés, y muy a pesar de lo que se ha venido diciendo estos días en la prensa (especializada o no), la Sección Oficial no ha resultado tan sobresaliente como muchos quieren hacer creer. Cierto que, entre sus filas, se han podido ver un buen número de films notables, pero ateniéndonos a un punto de vista global, el panorama no ha sido especialmente brillante. Varias de estas obras (como se verá, pormenorizadamente, a continuación) han basado sus propuestas en una exposición social teñida de tópicos, sin plantear ninguna solución estrictamente cinematográfica. Quizá por ello, el jurado (2) ha repartido los premios entre varias de las piezas más arriesgadas que se han visto este año, en un palmarés tan discutible en varios puntos (la flagrante infravaloración al mejor film que se ha visto en el Festival: Or ) como respetable en sus líneas generales.

Sahar el laiali (Noches de insomnio) – Egipto

La propuesta egipcia fue la primera que se proyectó en su apartado. El film de Hani Khalifa nos muestra la relación de tres parejas de la alta burguesía egipcia en un clima oscilante entre el drama y la comedia reflexionando, asimismo, sobre la idiosincrasia de toda una generación que, aparentemente, lo tiene todo. La verdad es que el film está desprovisto de todo tipo de atractivos como no sea la resolución formal de algunas escenas (utilizando el zoom de aproximación con bastante inteligencia) o unos decorados de cierta fastuosidad. El problema de Noches de insomnio viene provocado por un guión excesivamente esquemático, rebosante de secuencias innecesarias que, de manera inevitable, cae en la repetición temática. Un argumento apenas consistente que planea sobre la crítica a una clase social sin entrar de lleno en ella, es decir, quedándose a las puertas de sus intencionalidades y el transcurso de un ritmo lento provocado por la desorbitada duración de la película (130 minutos, nada menos) abocan a la mediocridad el resultado final de una obra que queda como un vulgar melodrama de parejas, antes que como un muestrario conductivo de un colectivo social.

Gamilia Narki (Totalmente casado) – Grecia

Totalmente casado, por su parte, es una descafeinada comedia griega de “ambiente mediterráneo”, según su director Dimitris Indares. Quizá uno de los más flojos films que se han podido ver en la Mostra, la película adolece, amén de un guión mínimamente maduro en un film cuyas aristas temáticas discurren entre la crisis de pareja y el problema de la inmigración, de un aspecto visual lamentablemente pobre en el que la grisácea puesta en escena de Indares agrava los, ya de por sí, evidentes defectos de un guión muy disperso, en el que la construcción de personajes queda arrinconada, para dar rienda suelta a un cúmulo de situaciones de todo punto inverosímiles. Ganadora del Premio a la Mejor Banda Sonora por la correcta labor de Dimitris Papadimitriou, sin duda, uno de los pocos elementos destacables de esta ramplona cinta griega.

Kajmak in Marmelada (Queso y mermelada) – Eslovenia

Esta magnífica película eslovena ha sido, sin duda, uno de los cinco mejores films de la Sección Oficial. Extraordinaria comedia de situación que combina, de manera admirable, una sucesión de momentos a cual más jocoso con una impresionante carga expositiva sobre la escisión existente entre los eslovenos y los demás grupos étnicos (serbios, croatas) que forman el país (simbolizado todo ello en un plano final de arrebatadora belleza y sencillez). La dirección de Branko Djuric (también principal intérprete) no puede ser más acertada: extremada sobriedad en su puesta en escena, potenciando el compás que los actores otorgan al guión, y sin ningún tipo de florituras visuales, dando prioridad al plano-secuencia antes que a la fragmentación escénica, con la inteligente intención de no quebrar el ritmo narrativo que, por momentos, alcanza cotas de extraordinaria solidez. Lamentablemente olvidada por los miembros del jurado, quienes únicamente han galardonado con el Premio al Mejor Actor para Branko Djuric un film que, sin ningún género de dudas, merecía mucho más.

Atash (Sed) – Palestina

Antes que la película israelí Or nos dejara a todos sobrecogidos, Sed fue el título más destacado de todos los seleccionados. Una cruenta, impresionante reflexión sobre la Palestina profunda, sobre una sociedad aún anclada en el patriarcado, que niega con rotundidad el más básico de todos los derechos: la educación y que hace vigente un modo de vida arcaico. Un guión extremadamente complejo que combina toda esta carga crítica con una tensa, sucinta línea argumental que discurre por los conflictos familiares e, incluso, por el incesto, es tratado por su responsable, Tawfik Abu Wael, de forma magistral, concibiendo una puesta en escena imperturbable, incómoda en ocasiones, de una contundencia sobresaliente. De igual forma, las excelentes interpretaciones de todos y cada uno de los actores, intérpretes con la suficiende capacidad dramática como para expresar toda la angustia de sus personajes en una sola mirada, redondean las múltiples virtudes de una soberbia película que, al igual que la ya comentada Queso y mermelada , se ha visto injustamente menospreciada en el palmarés al serle otorgada sólo el Premio a la Mejor Fotografía para los excepcionales claroscuros de Assaf Sudry.

Profesionalac (El profesional) – Serbia y Montenegro

Ésta mediocre película escrita y dirigida por Dušan Kovacevic resultó, en sí misma, una verdadera decepción. Sobre una atractiva base argumental (un antiguo agente del Servicio de Seguridad serbio se presenta en el despacho de un antiguo opositor al régimen y comienza a recordarle hechos pasados que éste había olvidado) y unas pretensiones más que notables al intentar realizar una visión de las actuales condiciones en Serbia, contrastándolas con las habidas en la etapa dictatorial de Milosevic, Kovacevic hace naufragar todo ello con la irregularidad de un flojo guión que abusa en extremo de los flash-back y un ritmo tedioso que no hace avanzar la historia, sino estancarla en unos lamentables titubeos narrativos que hacen que el film no sepa exactamente por donde transita, si por el lado de la crítica o la simple exhibición objetiva.

Aquitania – España

La aportación española en la Mostra no pudo haber sido peor. Aquitania es la ópera prima de Rafa Montesinos, producida con capital valenciano, que tiene su base en un anodino guión escrito por Pepe Tienda y Miquel Peidró que dirige su punto de vista hacia el tema del incesto. Pero, si en Atash , éste mismo punto argumental estaba tratado con una madurez y una rotundidad fuera de toda duda, en el film de Montesinos el resultado es pueril, excesivamente populista y evidente, por mucho que su director intente encubrirlo de una cierta intriga, a todas luces, fuera de contexto. Asimismo, la insuficiencia de una puesta en escena desprovista de la más mínima idea creativa y la insufrible interpretación de Aida Folch (increíble que ésta chica aún siga trabajando en el mundo del cine) redondean el desastroso conjunto de una de las peores películas vistas en la Mostra.

Gori Vatra (Al fuego!) – Bosnia-Herzogovina

La gran triunfadora del festival. Éste film de Pjer Zalica se ha alzado con la Palmera de Oro (el máximo galardón que se concede) y el Premio al Mejor Guión . Aún tratándose de un espléndido film, hay que reconocer que, quizá, ambas recompensas le estén algo grandes. El motivo de ello no es que Al fuego tenga ningún defecto evidente, ni que sus propósitos no estén plenamente logrados. Nada de eso. El único “pero” que se le puede poner a esta película es el de una deuda más que evidente con el ¡Bienvenido, Mr. Marshall! (1952) del maestro Berlanga. Como en aquélla un pueblecito bosnio ha de engalanarse y ocultar sus miserias internas ante la inminente llegada del presidente Bill Clinton; y, como en aquélla (aunque por motivos distintos) los americanos volverán a pasar de largo. Sin duda, exceptuando esta deuda –ignoro si reconocida o no– el jurado ha valorado la radiante frescura de una pieza que combina una descarnada crítica al capitalismo estadounidense, con una cavilación (quizá algo superficial, pero muy funcional) sobre el estado de un país dividido, con heridas imperecederamente abiertas. El acertadísimo ritmo que la obra alcanza, y que no decae en ningún momento de su metraje, así como la sólida dirección de Zalica son otros elementos a destacar en una película de innegable calidad, aunque lejos de ser la mejor de las que se han proyectado en la Mostra.

Nata pa hene (La noche sin luna) – Albania

La cinematografía albanesa es, según palabras del director de éste film Artan Minarolli, de unas dos películas anuales. Éste sorprendente dato puede darnos una idea de lo difícil que será llevar a buen término una película en un país despojado de la más básica industria cinematográfica y, por supuesto, de lo difícil (por no decir imposible) que será acceder al visionado de alguno de estos films. Sólo por ello, poseedora de un inmediato interés, La noche sin luna , resulta una curiosa historia romántica que juega entre el pasado y el presente, con un aspecto visual que quizá esté influído por el cine de Kiarostami. Sostenida en la magnífica fotografía de Jacques Bouquin, el film de Minarolli avanza como mecido por el viento, apoderándose de la complicidad y la simpatía del espectador hacia unos personajes, tal vez no descritos en todos sus matices, pero relativamente logrados gracias al trabajo de los actores.

Svjedoci (Testigos) – Croacia

Esta cinta de Vinko Brešan, por su parte, plantea unas finalidades bien claras desde el principio: realizar una crítica a cualquier conflicto armado y, a la par, un ejercicio narrativo de puntos de vista que puede tener sus raíces en el estilo “tarantiniano” o, incluso, en el mostrado por Brian de Palma en Snake Eyes. En efecto, Testigos da comienzo con un larguísimo plano secuencia que culmina en un asesinato y el resto del film se centra en las investigaciones y en los conflictos personales de los causantes del crimen (tres soldados croatas), es decir, la escisión de todo el plano incial. El gran problema del film es que cuando somos conscientes de la estructura elegida por Brešan, la película se vuelve demasiado previsible y, en algunos puntos, repetitiva. Cierto que tiene en su interior un buen guión y unas inteligentes localizaciones que cubren la obra de un notable verismo, empero el conjunto resulta excesivamente esquemático e irregular.

L'Esquive (El esquivo) – Francia

Una soberbia película que, desde el mismo momento de su proyección, se convirtió en una de las favoritas de la crítica, junto a Sed y Or. Al igual que varias obras sobresalientes, flagrantemente obviada por el jurado que únicamente ha concedido una Mención Especial a las actrices Sara Forestier y Sabrina Ouazani. Jugando con los retazos de la vida cotidiana, éste memorable film de Abdellatif Kechiche, se centra en las relaciones entre Krimo, un adolescente de los suburbios de París y su enamorada Lidia. El gran acierto de la película es la conseguidísima naturalidad con la que está narrada, con unos diálogos que parecen estar inventados en el mismo momento de su declamación en larguísimas conversaciones que copan casi todo el metraje del film. Ante ello, el trabajo de dirección de Kechiche es sencillamente perfecto; siguiendo la estela del Dogma danés (es decir, planificando con la cámara al hombro y sin ampulosidades visuales de ningún tipo) el cineasta encubre una amarga reflexión sobre las diferencias sociales, con un halo de comedia juvenil que parece un guiño envenenado al cine de “teenagers” norteamericano. Excelente.

Çamur (Fango) – Chipre

Presentada en el Festival de Venecia donde consiguió el Premio INESCO, Fango es una tediosa película chipriota que venía avalada de cierto prestigio internacional y no produjo más que la decepción. Veamos, el film plantea un buen número de aristas argumentales (el arrepentimiento por los crímenes de guerra, el fango donde se encuentran los cadáveres, el hallazgo de una escultura de valor incalculable…) a la par que va pivotando sobre ellas sin atenerse a nada en concreto. Su director y guionista, Dervis Zaim, da constantemente palos de ciego intentando organizar y dar cuerpo a toda la desconexión interna que hay en la película, evidentemente, sin conseguirlo. Fango, por todo ello, es una cinta confusa, pedante debido a todo el caos con el que está construída y a unos minutos finales grotescos e incongruentes.

Jawhara bent el habs (Jawhara, hija de la cárcel) – Marruecos

La Mostra presentó esta película de Sâad Chraïbi, sin duda, movida por el hecho de que únicamente se había exhibido en Marruecos, porque Jawhara, hija de la cárcel es, sin ningún género de dudas, la peor de las películas estrenadas en el Festival. Un film mediocre en extremo que intenta hacer pasar sus buenas intenciones (la denuncia a la política de Hassan II y al sometimiento de la mujer) por calidad cinematográfica, encontrándose a años luz de ella. La obra de Chraïbi no funciona por varias razones: la primera de ellas por ser una pieza ambiciosa que, deliberadamente, pretende erigirse en un film referencial. La segunda, por poseer una dirección y un acabado visual horroroso, en el que las secuencias presuntamente más impactantes (las torturas en las cárceles) quedan sumidas en el ridículo por la paupérrima tarea de Chraïbi. Todo ello por no hablar de ciertos anacronismos (cintas de vídeo VHS y videocámaras digitales abundan en el atrezzo de un film que, teóricamente, se desarrola en los años 70) de todo punto impropios de una realización profesional. Una obra impresentable, indigna de ser proyectada en un Festival con 25 años de vida.

Il Fuggiasco (La huida) – Italia

La huida es un film italiano, que recupera el cine de denuncia política de autores como Francesco Rosi, con cierto oficio e inteligencia. En efecto, el film de Andrea Manni relata, de manera sincopada, los años de persecución y exilio de Massimo Carloto, acusado de un crimen no cometido por ser militante de izquierdas. El mayor acierto de la película es, paradójicamente, su mayor handicap: la narración simplificada y elíptica que extrae de cada momento la información necesaria, arrinconando todo lo demás. Lo positivo de ello es que la película avanza imparable desde la primera a la última secuencia, sin detenerse en cuestiones intrascendentes o en escenas de relleno. Lo negativo, la poca entidad de varios de los personajes secundarios que, en otras circunstancias, hubieran quedado mucho mejor definidos (el abogado defensor, por ejemplo) o, incluso, del propio protagonista muy bien interpretado, dicho sea de paso, por Daniele Liotti. Aunque esto no debe empañar la consideración de una más que correcta película, que ha pasado desapercibida para el jurado.

A Passagem da Noite (Pasaje nocturno) – Portugal

Junto a Gori Vatra, Pasaje nocturno ha sido la gran triunfadora de la Mostra de Valencia al alzarse con cuatro premios: Palmera de Plata , Premio al Mejor Director para Luís Filipe Rocha, Premio al Mejor Guión y Premio a la Mejor Actriz para Leonor Seixas . El film cuenta la historia de una adolescente violada por un drogadicto al que se acusa de asesinato y cuya única coartada es, precisamente, que estuvo abusando de la joven cuando se cometió el crimen. Sobre esta atractiva base argumental, Rocha construye un film silencioso, íntimo, realizado sin aspavientos de ninguna clase ni exhibicionismos vacíos de contenido. Como él mismo expresó en la presentación de la película, “lo más importante es el texto y los actores” y es en ello en lo que el cineasta centra toda su atención. El guión, en efecto, está muy bien construído, haciendo avanzar la historia con decisión e interés aunque, quizá, abusando del empleo de la voz en “off”, y los actores, por su parte, están todos impecables, especialmente, la joven Seixas. Una buena película, muy a pesar de los cuatro premios recibidos.

Or (Or / Mon trésor) – Israel

A veces ocurre que la miopía de un grupo de personas afecta de forma irremediable la feliz conclusión de lo que, hasta el momento, discurría perfectamente. Ejemplo paradigmático de ello es la concesión de una injustísima Palmera de Bronce a ésta película, no sólo la mejor de las seleccionadas, sino una pieza magistral digna de todo elogio. Ganadora de la Cámara de Oro en Cannes (sin duda, el jurado de allí sí fue consciente de la enorme valía del film), la cinta de Keren Yedaya nos dejó a todos sobrecogidos desde el mismo momento en que comenzó a proyectarse. Or es la radiografía, desnuda y realista, de los estratos marginales de Tel Aviv. Muestra el día a día de una muchacha que tiene que descuidar la asistencia al instituto para realizar todo tipo de trabajos, con el fin de que su madre no tenga que prostituirse. La película oscila entre la evidente denuncia a una situación social intolerable y la enternecedora relación entre madre e hija, interpretadas de forma soberbia por Ronit Elkabetz y Dana Ivny a las que el jurado otorgó una Mención Especial (¿por qué no el premio a la Mejor Actriz exaequo ?), todo ello narrado a través de una puesta en escena de pasmosa maestría. Yedaya estructura cada secuencia en un solo plano, sin fragmentar jamás, ni hacer ningún tipo de movimiento, situando el objetivo de la cámara en el núcleo semántico de la escena y dejando que los actores se muevan con total libertad en el espacio. Esto, irremediablemente, conlleva a que haya varios momentos en que los personajes salgan de campo, pero ni tan siquiera esto obliga a Yedaya a rectificar el plano. Un alarde de valentía, tanto intencional como cinematográfica, para una obra maestra tan dura y, en ocasiones, difícil de visionar como, en el fondo, necesaria. Demasiado buena para una Palmera de Oro.

Dar Ennes (La villa) – Túnez

Ésta película de Mohamed Damak resulta, al igual que otras muchas de las seleccionadas en la Sección Oficial, una pieza superficial muy a pesar de sus propósitos. Intentado tratar el tema de la lucha de clases desde una perspectiva teóricamente novedosa (un humilde empleado, perteneciente a la clase media, tiene que cuidar la mansión de campo de su jefe), el film vacila con el número de ramificaciones argumentales que el guión plantea (el hermano corrupto, las aspiraciones de Hédi, las relaciones con el padre,…) quedando en el exterior de todas ellas. Una película insignificante, que ni siquiera aporta hora y media de entretenimiento.

Bekleme Odasi (La sala de espera) – Turquía

Ganadora del Premio Especial FIPRESCI, La sala de espera es el film más insólito de todos los vistos en la Mostra. Alejado del contenido social, la película es una exploración interior, un viaje personal de su máximo responsable, Zeki Demirkubuz, a la búsqueda de sí mismo. Autor tanto del guión como de la fotografía, el montaje, la producción y además su principal intérprete, Demirkubuz relata la crisis artística de un cineasta en plena producción de una adaptación de Crimen y castigo de Dostoyevski; ello le sirve de excusa para reflexionar sobre la creación, el talento y la imposibilidad de las relaciones humanas. Directamente vinculada al cine de incomunicación de Antonioni, con profusión de tiempos muertos y diálogos que expresan mucho menos que las miradas o los gestos, La sala de espera es una pieza ensimismada que, a pesar de la lentitud con la que está relatada, consigue ejercer en el espectador un cierto poder de fascinación.

(1) En realidad, 18. La película siria Ma yathlebuho el mustamiun (Discos dedicados), no pudo proyectarse debido a problemas con las aduanas.

(2) Compuesto este año por el productor italiano Leo Pescarolo, el director de fotografía portugués Acácio de Almeida, el director y guionista madrileño Juan Miñón autor de La leyenda de Baltasar, el castrado, 1994, el compositor ateniense Nikos Kypourgos y la actriz marroquí Siham Assif.