Miradas de Cine Gijón 2004. Un universo en expansión
Por Alejandro Diaz

Miradas de Cine acudió acreditada a la cita anual del Festival Internacional de Cine de Gijón, que se celebró en la ciudad asturiana entre el 25 de Noviembre y el 3 de Diciembre de 2004. Un festival que prosigue su incansable cruzada por descubrir, desde todas sus secciones, cines alejados de la corriente dominante en los circuitos comerciales. Por supuesto no todas las obras proyectadas han sido satisfactorias, pero sí comparten la intención, desde la pluralidad, de conformar lo que, en palabras de José Luis Cienfuegos, director del certamen, «es una programación descarada y tensa, películas convulsas, experimentos estéticos, temáticas incorrectas». A desgranar el contenido de las diferentes secciones dedicaremos las siguientes líneas.

Sección Oficial

Nunca la hemos considerado el plato fuerte del certamen gijonés, pero no cabe duda de que es la sección más exitosa en cuanto a público, y este año pareció más equilibrada, en lo referente a calidad, que la edición anterior. Fuera de competición se pudieron ver películas como Clean, la nueva propuesta de Oliver Assayas (toda una revelación en la retrospectiva del año pasado) protagonizada por la adorable Maggie Cheung y el no menos excelente Nick Nolte; Land of Plenty, de Wim Wenders, director cuyo interés se ha diluido con el paso de los años; y A Hole in My Heart, lo último del sueco Lukas Moodysson, triunfador en 1as ediciones de 2000 (con Together) y 2002 (con Lilya 4-ever). Este año el gran premio fue para una producción italiana titulada Vento di terra, de Vincenzo Marra. La historia de un chico con problemas familiares que, a la muerte de su padre, decide enrolarse en el ejército y resulta afectado por el uranio empobrecido del armamento durante una misión en la antigua Yugoslavia. La gran baza de la película es su tono modesto y sobrio, con los temas de denuncia siempre agazapados tras su sencillo argumento, aunque algunas concesiones al efectismo en la realización de los momentos más dramáticos terminan lesionando el resultado final.

El otro film multi-premiado fue Lila dit ça, de Ziad Doueiri, director de origen libanés que fue ayudante de cámara en los tres primeros largometrajes de Quentin Tarantino. Su segundo largo, supuestamente encaminado a escarbar bajo las apariencias, se erige finalmente en un auténtico despropósito sin ninguna verosimilitud o interés debido a un guión cargante que roza el ridículo cada dos por tres y a una puesta en escena que, aunque no cierra las imágenes tanto como puedan hacerlo Jean-Pierre Jeunet o Pitof, tiende al esteticismo gratuito de un mal videoclip, y en el fondo no está muy lejos de los trabajos de Mathieu Kassovitz o Luc Besson, dos de los mayores contribuidores a la progresiva pérdida de las señas de identidad que han caracterizado históricamente al cine europeo. También pasó por la Sección Oficial Ma mère, del francés Christophe Honoré, protagonizado por Louis Garrel y la siempre magnífica Isabelle Huppert. Una película tildada de "escandalosa" por, entre otras, una secuencia de amor incestuoso, que, pese resultar imperfecta y desequilibrada, no carece de aciertos. La realización de Honoré, en exceso feísta, y las poco pertinentes derivaciones religiosas del argumento, no invalidan los valores de un film incómodo y/o cargante pero que lleva hasta las últimas consecuencias su apuesta por mostrar una cierta decadencia vital. En el otro extremo, el de la complacencia risueña, nos encontramos con La historia del camello que llora, que aborda la vida cotidiana de una tribu mongola lejos de todo rastro de la civilización occidental. Por mucho que su co-directora, Byambasuren Davaa, insistiese en la rueda de prensa en que su film no era un simple catálogo de exotismos, lo cierto es que nunca consigue profundizar en las vidas de los seres que desfilan por la pantalla. Una cámara que sólo busca "imágenes bonitas" aniquila cualquier valor documental, y los "buenos sentimientos" (casi dignos de Disney) son elevados a la máxima potencia con la historia del camellito que consigue, con ayuda de la música, que su mami le quiera y le dé la tetita... Ni Jean-Jacques Annaud habría sido tan melifluo.

También se proyectaron obras como Tarnatio, confeccionada en su propia casa por el director Jonathan Caouette a partir de materiales que llevaba recopilando desde su infancia; Familia rodante, de Pablo Trapero, quien ganó el premio a la Mejor Dirección; o Baadasssss!, un homenaje de Mario van Peebles a su padre Melvin, pionero de los blaxploitation films. Entre los cortometrajes destacamos positivamente uno de los triunfadores: Bregman, el siguiente, dirigido por Federico Veiroj, tal vez un nuevo talento en ciernes de la nueva ola del cine argentino. Y, negativamente, Silent Companion, de Elham Hosseinzadeh, rodado de forma descuidada y hasta vulgar, y que avisa de un posible acomodamiento de cierto cine iraní en sus propias fórmulas de probada eficacia en los festivales de todo el mundo.

Retrospectivas

Tsai Ming-liang está considerado como uno de los mejores autores orientales del cine actual, y la retrospectiva dedicada a su figura confirmó plenamente que nos hallamos ante un cineasta fundamental en el panorama de la posmodernidad. Un cine de tempo pausado (nunca lento), con una precisión de encuadre envidiable y, sobre todo, que nunca traiciona su vocación atómica (de atomismo) en pos de formulismo alguno. Todas sus obras suponen un avance estilístico notable, aunque sin llegar a perder nunca una cierta substancia común. A través de la observación de unos seres minúsculos, intrahistóricos, en la que las acciones que hacen avanzar la narración del cine estandarizado dejan paso a la repetición de rituales de la vida diaria, el director de origen malayo ha trazado una serie de retablos que conforman una filmografía que podemos considerar, sin temor a equivocarnos, un monumental fresco de la vida contemporánea a través de imágenes plenamente engarzadas con la esencia de aquello que retratan. Su primera película, Rebels of the Neon God , nos habla de jóvenes taiwaneses sin futuro por causa de sus propias decisiones pero también por un entorno desconectado de sus necesidades emocionales e incluso físicas. Un mundo roto en el que las redenciones se adivinan intencionales más que auténticamente factibles. En The River, una de sus obras más fascinantes, Tsai nos muestra una historia de dolor familiar. La dureza del destino (el azar) se ceba con el protagonista del film, y el autor lo muestra de modo cortante y profundamente creíble. Sin duda la película más dura de su director y la que más le acerca a otro bressoniano como Michael Haneke. What time is it there?, por su parte, es el film más humorístico y cinéfilo de Tsai, pero, no podía ser menos, sin deslizarse nunca por el camino del homenaje facilón. Los avatares de una pareja que no lo es, juntada por el destino (el azar, una vez más) durante un mínimo período de tiempo, y separada por miles de kilómetros durante el resto del metraje, si bien una serie de casualidades y hechos unirán extrañamente a los personajes. Una obra que tiene su coda en el cortometraje The Skywalk is gone , en el que los protagonistas vuelven, por fin, a encontrarse de nuevo, pero ni tan siquiera se reconocen... En su último trabajo terminado, Good Bye Dragon Inn , el estilo de Tsai se depura hasta el límite. La película se vacía de contenido y termina siendo pura forma. Un ejercicio estilístico de primer orden para la melancólica historia de un cine que asiste a su última jornada antes de cerrar. Planos eternos que refuerzan el sentido de lo que vemos y oímos, mientras limpiamos nuestra mente de la contaminación audiovisual a la que solemos estar sometidos y comenzamos de nuevo a ver , en lugar de a mirar.

Realizador de películas agresivas y provocadoras, a menudo falsos documentales dirigidos directamente al estómago y a la conciencia del espectador, Peter Watkins ha visto como sus intentos de llevar a cabo varios proyectos han sido ninguneados, cuando no directamente atacada su persona, debido a lo molesto que ha resultado para los intereses espurios de ciertas corporaciones. Su cine suele especular sobre situaciones ficticias en las que la política, la guerra y el papel de los medios de comunicación están presentes de un modo u otro, si bien su apuesta formal pretende diferenciarse de raíz de la de directores como Michael Moore, a quien Watkins acusa de utilizar los mismos métodos de manipulación que pretende denunciar en Fahrenheit 9/11. Son las de Watkins reconstrucciones llevadas a término con gran rigor, que nos llevan, por un camino alternativo al de los géneros, a un resultado asociable al de algunas de las parábolas futuristas de gente como Paul Verhoeven. En Punishment Park, por ejemplo, un tribunal secreto condena a un grupo de personas por haber "conspirado" contra la nación americana, y algunos de ellos son encerrados en un campo de castigo en el que, finalmente, caerán abatidos por las fuerzas del orden, ante las cámaras de un equipo televisivo que toma imágenes del evento. Una idea que se revela, 35 años después, como un inquietante precedente imaginario de lo que actualmente simbolizan en Occidente vergüenzas como las que tienen lugar en la cárcel de Guantánamo.

El Festival también homenajeó a Lukas Moodysson, cuya obra fue proyectada al completo, y a Simon Pummell, director de Bodysong, experimento con grandes pretensiones y resultados no demasiado satisfactorios, de quien se programaron cortos, trabajos televisivos, videoclips y una presentación multimedia. Además, Tsai Ming-liang y Peter Watkins vieron publicados sendos libros sobre de su figura. El primero, titulado "Una sandía es una sandía. Las películas de Tsai Ming-liang", ha sido editado por Marcelo Panozzo y contiene un interesante estudio de su obra, en el que colaboran, entre otros, Kent Jones, Pablo Schanton, Hilario J. Rodríguez, o el propio Panozzo. El segundo, que lleva por nombre "Peter Watkins. Historia de una resistencia" contiene un excelente prólogo de Àngel Quintana para presentar numerosos textos escritos por el propio Watkins entre los que destacan, además de los dedicados a glosar sus películas, los orientados al análisis de la crisis mundial de los medios audiovisuales masivos tras el 11 de Septiembre de 2001.

La tradición independiente en el cine americano

Prosiguió, por cuarto año consecutivo, el repaso a los nuevos cines surgidos a finales de los cincuenta en todo el mundo, que comenzó con el Free Cinema inglés, siguió con la Nouvelle Vague francesa y después con el Nuevo Cine Español y la Escuela de Barcelona. Esta vez le tocó el turno al cine independiente estadounidense, el cual, si bien resulta más complicado de agrupar como movimiento de cohesión (el individualismo característico de aquella sociedad se hace notar), sí comparte tendencias rupturistas, radicales o reflexivas. Entre los trabajos seleccionados para la muestra hubo títulos y autores conocidos codeándose con rarezas y directores surgidos de la más absoluta marginalidad. Se pasaron films como Shadows, del hoy peligrosamente olvidado John Cassavetes; Scorpio Rising, del incendiario Kenneth Anger; The Velvet Underground and Nico, de Andy Warhol; In the Year of the Pig, un documental bélico del ultraizquierdista Emile de Antonio; Llueve sobre mi corazón , de Francis F. Coppola; Tom Tom the Piper's Son , experimento de Ken Jacobs que deconstruye un corto original de 1905; la magnífica Five Easy Pieces , de Bob Rafelson; Hi, Mom!, de un primerizo Brian de Palma; Reminiscences of a Journey to Lithuania, del rarísimo Jonas Mekas; Nashville , de Robert Altman; Bound for Glory, del también olvidado Hal Ashby; la fundamental Taxi Driver, de Scorsese; Permanent Vacation, el atípico y embrionario primer largo de Jim Jarmusch; Lianna, del admirable John Sayles; o Slacker, de Richard Linklater, entre otros. Amos Poe acudió en persona para presentar su film The Foreigner (1978), que narra la patética historia de una suerte de espía extranjero perdido en Nueva York, donde el destino le tendrá reservadas tremendas tribulaciones, haciendo gala de una curiosa aunque nunca del todo lograda mezcolanza de estilos que no siempre consiguen alcanzar la frescura godardiana que pretenderían. Jim McBride también pisó Gijón y estuvo presente antes del pase de David Holzman's Diary (1967), que aborda la compulsiva pasión voyeurística de un hombre incapaz de separarse de su cámara. Por su parte, Monte Hellman, que este año presidía el jurado, vio proyectados dos films suyos: El tiroteo (1967), un western heterodoxo protagonizado por Jack Nicholson; y Carretera asfaltada en dos direcciones (1970), road movie que, bajo su apariencia de película de "carreras", esconde una red de relaciones emocionales cuyo paciente desarrollo habría firmado gustoso Eric Rohmer.

Llendes

Una sección de nueva creación que acogió varias de las realizaciones más interesantes y a contracorriente de todo el Festival. Mania Akbari, actriz de Abbas Kiarostami en Ten, presentó su primera película, Twenty Fingers, siete nuevas historias narradas, cómo no, a bordo de vehículos en movimiento. En De la Fuente, Ramón Lluís Bande prosigue su particular recuperación de la memoria histórica recogiendo el testimonio de la hermana de Aida De la Fuente, un mito de la Revolución D'Ochobre acaecida en Asturias allá por 1934. El argentino Lisandro Alonso dirige Los muertos, la historia real de Antonio Vargas, condenado por matar a sus hermanos y liberado tras veinticinco años, que sobrevive en medio de la selva en la más estricta soledad. Five, de Abbas Kiarostami, muestra cinco planos secuencia fijos grabados en diferentes lugares del mundo (uno de ellos en Gijón, suponemos que elaborado durante su visita al Festival en 2002), en los que apenas hay rastro de seres humanos y la observación de la naturaleza y la escucha de sus sonidos cobran todo el protagonismo. Los realizadores Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi presentaron Oh, uomo!, compuesta únicamente por imágenes de guerra extraídas de diferentes fuentes documentales. Las miradas lacerantemente humanas de las víctimas (que, pese a su desgracia, aún encuentran ocasiones para sonreír) llenan la pantalla en un film desolador pero absolutamente necesario. A través de un trabajo que hace pensar en los últimos experimentos de Godard, los autores consiguen, partiendo de imágenes del pasado, reconstruir aquellas imágenes que el secuestro de información de la actual "guerra limpia" nos oculta, permitiendo que veamos los devastadores efectos del armamento sobre la carne humana, seguramente no muy diferentes a los que se estarán produciendo hoy en día en muchas zonas del mundo.

Otras secciones

Lo anterior no agota el amplio programa del Festival. El resto de secciones paralelas airearon productos asimismo interesantes. "Esbilla" desgranó títulos procedentes de otros festivales de todo el mundo, como Ae Fond Kis, último trabajo de Ken Loach; Las tortugas también vuelan , del iraní Bahman Ghobadi; Iris , de Rosa Vergès; La vida es un milagro , nueva realización de Emir Kusturica, o el film colectivo Madrid 11 M: Todos íbamos en ese tren. El curso "Universo Media" recuperó enteros con respecto a la pasada edición y estuvo dedicado a "Los márgenes de lo innombrable: El Tabú en el cine", con películas como Anatomie de l'enfer , de la provocadora Catherine Breillat; La grande bouffe , de Marco Ferreri; De nens, del gran Joaquím Jordà, o la que sin duda fue la más rotunda obra maestra vista en todo el certamen: Tabú, la obra final de F. W. Murnau. "Desorden y concierto" ofreció documentales de temática musical dedicados a personalidades tan distintas como Arvo Pärt, Gram Parsons, Nick Cave, Polar, Metallica, Low o The Ramones, que vieron homenajeada la reciente pérdida de tres de sus miembros fundadores con dos películas dedicadas a la banda. Una sección especial bajo el título "25 años de Radio 3" reunió títulos como Happy Together, de Wong Kar-wai; El cielo sube, de Marc Recha; El elemento del crimen, del ubicuo Lars von Trier; Gummo, de Harmony Korine; Querelle, obra final de Reiner Werner Fassbinder; El liquidador, de Atom Egoyan, amén de alguna obra de menor enjundia, como Tumba abierta, de Danny Boyle o Azul, de Krzystof Kieslowski. Por supuesto, decenas de cortometrajes de todo tipo y condición tuvieron también un lugar donde exhibirse.

Ha sido una nueva buena experiencia la de este Gijón 2004, y esperamos poder volver a repetirla, siempre bien acompañados, en ocasiones venideras. Resulta difícil encontrar festivales con un objetivo tan claro y inequívoco como lo es el de éste: Ni más ni menos que mostrar cine alternativo, mas sin encastillarse y sin renunciar nada, salvo a los oropeles y a la espectacularidad. El próximo año volveremos fieles a buscar más

Palmarés

  • Premio "Principado de Asturias" al mejor largometraje: Vento di Terra, de Vincenzo Marra (Italia)
  • Premio "Principado de Asturias" al mejor cortometraje: " Bregman, el Siguiente, de Federico Veiroj (Uruguay / España) ex-aequo con Heart is a Piece of Meat (Srce Je Kos Mesa), de Jan Cvitkovic (Eslovenia)
  • Premio al mejor director: Pablo Trapero por Familia Rodante (Argentina)
  • Premio al mejor actor: Mohammed Khouas por Lila Dit Ça (Francia)
  • Premio a la mejor actriz: Graciana Chironi por Familia Rodante
  • Premio "Gil Parrondo" a la mejor dirección artística: Antoine Platteau por À Tout de Suite (Francia)
  • Premio al mejor guión: Ziad Doueiri por Lila dit Ça
  • Premio especial del jurado: Wild Side, de Sébastien Lifshitz (Francia)
  • Premio del jurado joven al mejor largometraje: Lila dit Ça, de Ziad Doueiri
  • Premio del jurado joven al mejor cortometraje: Flatlife, de Jonas Geinaert (Bélgica)
  • II Premio al mejor largometraje "Enfants Terribles": Supertramps, de José María Goenaga e Íñigo Berasategi (España)