Miradas de Cine La guerra de los dibus  
Por José Luis Hurtado

 



























 

Miradas de Cine © 2002

Erase una vez... Steamboat Willie (id., 1928) y la cámara multiplano, y Blancanieves y la creación de un imperio de la animación, y la muerte y criogenización de un hombre. Bueno, seamos serios y vayamos un poco más adelante...

Erase una vez... La "K" de "Dreamworks SKG", la "K" de Katzenberg.

Jeffrey Katzenberg, al comienzo de nuestra historia era un joven ejecutivo de la Disney, que a finales de los ochenta, y tras la profunda crisis de los estudios de animación (Disney se acababa de estrellar en la taquilla con la anodina Oliver y su pandilla [Oliver & Company, 1988], tras una retaila de fracasos: Taron y el caldero mágico [The Black Cauldron, 1985], Tod y Toby [The Fox and the Hound, 1981], etc...) tomó las riendas de los proyectos siguientes de la casa.

En el inicio de lo que podríamos llamar el cine moderno de animación americano, es decir, en el interior del famoso Big-Ben, en la película Basil, el ratón superdetective (The Great Mouse Detective, 1986), cuando se incorpora por primera vez el ordenador a la animación clásica, tras los experimentos de Tron (id., 1982), cuando se empiezan a mover los mecanismos del reloj más famoso del mundo para aplastar al sherlockiano ratoncillo protagonista, comienza nuestra historia.

Tras la muerte-criogenización del patrón, la edad de oro de los estudios de dibus por excelencia (al menos de serie A, puesto que a la Warner y la Metro, a las Looney toones y demás se les consideraba menores) había pasado. Los productos ñoños y pasados de moda de la Disney, no daban ni un duro, y el estudio se volcó en el cine de acción real, y Don Bluth que había sido uno de los más estrechos colaboradores de Walt Disney tuvo que salir de la casa madre y buscarse la vida.

En el comienzo de esta historia, cuando Basil está apunto de ser aplastado por el reloj, por un reloj informatizado, Bluth el exiliado, cosecha las mejores críticas con El mundo secreto de la señora Brisby (The Secret of Nimh, 1982) y los perros que van al cielo, y Spielberg hace un intento de probar el mercado, produciendo la saga Fievel (Fievel: An american Tail, 1986). A la Disney, no le pueden ir peor las cosas.

Katzenberg, entra en Disney dispuesto a romper con todo, y con una idea fija: Recuperar el tono y los temas propios de la casa, que la encumbraron allá en los cuarenta, como uno de los estudios más sólidos de Hollywood. Para ello, pone encima de la mesa, tres premisas: La vuelta a las adaptaciones de cuentos clásicos, la potenciación de los héroes y personajes secundarios en los guiones, y la elaboración de una música, que no sólo contribuya a vender la película, sino que contenga valores propios en sí misma.

Ashman y Menken, Menken y Ashmann. Herederos de Rodgers y Hammerstein. En 1987, hay dos colaboradores claves, que son más que músico y letrista, Alan Menken y Howard Ashman, en 1989, se estrena La Sirenita (The Little Mermaid, 1989), según el relato de Hans Christian Andersen. Los puntos expuestos por Katzenberg para la consecución de los objetivos, se siguen a rajatabla, y llevan a Disney, a conseguir el mayor éxito comercial desde El libro de la selva (The Jungle Book, 1967), y a ganar los Oscar musicales (canción "Under the sea" y banda sonora) casi cuarenta años despues de los últimos conseguidos. La nueva fiebre por Disney y el cine de animación acaba de comenzar. Esto ya se conoce como la "Segunda edad de oro Disney". Esto es el comienzo del boom de la animación, de que muchos estudios creen sus divisiones de animación, y de que este año por primera vez en la historia se hayan concedido unos Oscar animados, ante la abundancia de propuestas.

Sigamos. El siguiente paso de Katzenberg para sanear la economía de la Disney, es una maniobra criticada pero que resulta igualmente un éxito: La venta en vídeo doméstico, del catálogo Disney completo, por "tiempo limitado". El acierto de poner en venta directa Fantasía (Fantasia, 1940) por primera vez en la historia o de Blancanieves (Snow White and the Seven Dwarfs, 1937), con cifras de venta desorbitadas, y los resultados de taquilla de la siguiente producción auspiciada por Menken-Ashman (aunque con dirección de Wise y Trousdale) La bella y la bestia (Beauty and the Beast, 1991) (nominación al Oscar en la categoría de mejor film, lo que es un hecho inédito, y además seleccionada en Cannes ese año) redondean la confianza en un hombre que ha sabido sacar de la indigencia a un género y a uno de los grandes estudios, en menos de tres años.

Pero en 1992, Howard Ashman muere durante la elaboración de Aladdin (id., 1992), dejando cojo ese dúo que formaba con Alan Menken, y que gestaba con Katzenberg cada nuevo proyecto. Aladdin, completa esa Golden Trilogy de Disney, además de la segunda parte de Los Rescatadores (The Rescuers, 1975) (considerada muy superior a la original) y precediendo a un extraño proyecto definido como un "National Geographic" animado, que lleva por título El rey león (The Lion King, 1994).

Pero antes de que El rey león se convierta en el mayor éxito de la historia de Disney, Katzenberg, a unos meses del estreno, obliga a rehacer la película casi completa, retrasando un año el proyecto. Manda reescribir el guión, contrata a Elton John y Tim Rice para que compongan una hasta ahora inexistente banda sonora, y se decide a arriesgar estrenando en su lugar un film de "stop-motion": Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Chritsmas, 1993); extraño compromiso contraído con Tim Burton, antiguo dibujante de la casa, y ahora director de culto. La jugada, vuelve a salirle bien a Katzenberg, aunque sin embargo, será éste, su último triunfo antes de su salida de Disney.

El presidente de Disney, muere pocos meses antes del estreno de El rey león, y su sucesión se complica. Katzenberg que se considera el artífice del nuevo estatus de los estudios, quiere el sillón presidencial, pero se ve apartado de él. Su adiós es traumático.

En 1994, Katzenberg sale de Disney, y anuncia su proyecto con Spielberg y Geffen. En esos momentos, Katzenberg es el rey de la animación, y Disney, un nuevo gigante de la comunicación. Fox y Warner ven tan rentable la animación, que crean sus propias divisiones para desarrollar este tipo de producciones. La diversificación del mercado cansa al público y comienza el descenso actual del género. Disney pierde gas en sus siguientes títulos; ni Pocahontas (id. 1995), ni El jorobado de Notre-Damme (The Hunchback of Notre Dame, 1996) convencen a crítica ni a público. Los Oscars musicales ganados a pares por Alan Menken en los últimos años, desaparecen.

Mientras tanto, Katzenberg, parte en Dreamworks, con la idea de hacer un cine de animación diferente al de Disney (ve que la formula empieza a agotarse de nuevo), más para adultos, aunque sin descuidar la taquilla infantil. El príncipe de Egipto (The Prince of Egypt, 1998), un extraño panfleto sionista, no logra sus objetivos: aburre a grandes, y les viene grande a los pequeños; pese a ello, gana el Oscar a la mejor canción (en parte por el derroche de juntar a Whitney Huston y Mariah Carey). Convencen más sus colaboraciones con Woody Allen para hacer animación por ordenador (Hormigaz [Antz, 1999]) y con la Aardman británica (Chicken Run, 2000). Sin duda, el público está cansado, y no responde con igual entusiasmo a los mismos productos, que diez años atrás, cuando se estrenó La Sirenita. Don Bluth, adapta sus temas al Manga japonés en Titán A.E. (id. 2000) y Disney le copia con Atlantis (Atlantis, the Lost Empire, 2001), pero Dreamworks estrena la nueva La ruta hacia El Dorado (The Road to Eldorado, 2000) en USA, con resultados discretos. ¿Ha perdido Katzenberg el pulso?

La clave sin duda es la saturación del mercado, y el tono grandilocuente de los productos Dreamworks, que los hacen antipáticos, sobre todo en sus superproducciones bianuales. La solución es buscar nuevos mercados generacionales y renovar temas, algo que hasta ahora Katzenberg no ha conseguido desde su nuevo estudio, pero que finalmente logrará de forma bastante inteligente: Shrek (id., 2001).

Lasseter y Steve Jobs. Steve Jobs que con Wozzniak había construido el primer ordenador personal en el garage familiar tal y como hoy le conocemos: el Apple, y Lasseter que era pionero en aplicar esos ordenadores al cine de animación. Jobs y Lasseter van a salvar la Disney en una palabra: Píxar. Píxar es el nombre de un flexo con vida propia y es la empresa que crean y firma un contrato exclusivo con la Disney.

En 1995, mientras Quasimodo arrastra su joroba por el suelo de las taquillas de medio mundo, los juguetes de Lasseter en Toy Story (id., 1995), la primera pelicula de animación generada entera por ordenador, arrasan. Despues vendrán, los bichos, más juguetes, y los monstruos. Las películas que Disney hace en colaboración con Píxar equilibran lo que pierden con princesas chinas, tarzanes, dinosaurios, y atlántidas.

El boom digital de la Píxar, genera que todos se apunten al ordenador, y Katzenberg lo hace con esas hormigas allenianas y con el ogro verde (Fox, lo hará con Titan A.E. y con la nueva Ice Age, 2002).

El primer gran éxito de Katzenberg es un cuento de hadas aparentemente subversivo (en el fondo tan conservador como los de la casa madre Disney), en los que un ogro y una princesa, se enamoran y se casan (con trampa incluída, que los matrimonios interraciales están mal vistos, es decir... ogros con ogros o princesas con príncipes). Shrek va a Cannes y convence, hace dinero a manta y recibe buenas críticas. La débil competencia de Disney con El emperador y sus locuras (The Emperor's New Groove, 2000), explotando el lado gamberro pero familiar del estilo Aladdin, consigue resultados sólo regulares.

2002. Por primera vez en muchos años, en el mes de Julio, coinciden con quince dias de diferencia, las nuevas propuestas de los tres contendientes.

Lilo & Stitch (id. 2002), de la Disney, es otra pseudocachonda propuesta cómica, con un extraterrestre travieso y una niña hawaiana por protagonistas, que sigue la senda de El emperador y sus locuras, esperando como mínimo no perder tanto como con Atlantis.

Spirit, el corcel indomable (Spirit: Stallion of the Cimarron, 2002), de Dreamworks, que narra la conquista del Oeste a través de los ojos de un grupo de caballos, en cambio, recupera la línea ñoña de Disney, de dibujo tradicional, que el público parece rechazar ya frontalmente, como demostró el fracaso de La ruta hacia Eldorado.

Fox sin Bluth, presenta Ice Age, que es una mezcla de El libro de la selva con toques de prehistoria y mucho sentido "familiar" del humor.

La guerra en la taquilla, continúa... A vida o muerte.