| Las decisiones de Samsagaz |
|
|
|||||||||||||||
| En toda trilogía el capítulo central juega un papel especialmente complicado al actuar de bisagra; y en la versión jacksoniana de la obra magna de Tolkien no podía ser de otra forma. Tras el estreno de una primera parte que ya demostró la envergadura cinematográfica de un proyecto excepcional: un film de diez horas, personal visión de su director sobre el libro de Tolkien (que lejos queda este cine, de las ilustraciones caligráficas de Chris Columbus para la saga Potter), nos llega ahora esa bisagra, inquietante, impaciente. La expectación creada por esta película en tres actos, indiscutible ya obra maestra de la historia del cine o al menos mito del siglo XXI, (lo quiera la crítica o no, lo quiera la cinefilia o no), lo he visto con mis propios ojos en las proyecciones primeras del film, cuando al aparecer el título del inicio, el público ha comenzado a aplaudir, mientras mi extraño compañero de butaca rompía a llorar (de emoción contenida se entiende), confirmando que ver una película de estas en una sesión primeriza "only for freaks" se convierte en una experiencia "bigger than life". Estamos por lo tanto hablando de cine que trasciende al cine para mucha gente (creo que para mí tambien). En cuanto a ese cine, Jackson, demuestra su inteligencia y enorme talento (si alguien aún duda de este hombre, que vea "Criaturas celestiales", o mejor, las casi seis horas de documentales de la versión extendida en DVD del primer film). El neocelandés da un giro de 180 grados a la puesta en escena y lleva la épica del film al extremo, construyendo un cine clásico que recuerda al de los grandes en todo momento, con escenas de gran riqueza visual y ritmos inimaginables. Pero en el retrato de las masas y gestas, Jackson no pierde el hilo íntimo que tan bien retrataba en el primer film. Si en ese film, la inmensa expresividad de los azules ojos de Ian McKellen y Elijah Wood, eran la guía del espectador para la narración emocional e íntima del relato, en esta ocasión los ojos de Gollum son ese hilo conductor. A veces, no se necesita ser el rey de los Fx, para crear la magia y la emoción (ya lo demostró Frank Oz con su Yoda en la primera trilogía de Star Wars), porque los hombres de WETA y Jackson, crean con Gollum la criatura más compleja, creíble y maravillosa de la historia del cine digital. Roba todos los planos donde aparece, provoca la risa y el llanto en el espectador, es absolutamente creíble, y cierra el film confirmando su absoluto protagonismo. Es él ahora quien hace avanzar la acción. Sin duda Gollum es lo mejor de este segundo acto, y hay que suscribir la petición generalizada en EE.UU., para que se nomine a Serkis al Oscar, puesto que suyos son los movimientos y voz de este ser más real que ningún otro en el film. Igualmente agraciados salen ahora Pippín y Merry y sus leñosos compañeros, convertidos de secundarios graciosos, en juez y parte plenamente maduros, en escenas y ambientes que son igualmente espectáculo y profundización en el mensaje ecologista de Tolkien (es curioso, como Jackson no hace al comienzo un recordatorio de la historia, y empieza con la acción directamente, pero sin embargo en la primera media hora, sí recuerda el mensaje subyacente del libro de Tolkien -su espíritu- que se encarga de subrayar acertadamente). Y del espectáculo, la magia y la emoción (la preparación de la batalla de Helm y en general el retrato de Theoden son llevados al Shakespeare+Ford más puros), a los detalles escabrosos que suponen siempre el decepcionar espectativas preestablecidas. Un consejo para fans y no fans, olvidarse de todo y disfrutar, no esperar una u otra escena del libro, puesto que juzgar las cosas respecto a algo predeterminado por nosotros mismos en la perfección, es una completa injusticia para lo creado por otro. Al igual que Sam, Peter Jackson, que sin duda se ha convertido en el compañero más fiel del portador del anillo y de Tolkien en esta aventura de adaptarle, ha tenido que tomar varias decisiones y libertades (más aquí que en el primer film) y me temo que la ceguera colectiva se centrará en todo eso. Jackson acaba el film, mucho antes de que finalice el segundo libro, y se lo pone dificil para un tercer capítulo que conllevará lo más emocionante de ese segundo libro y la conclusión gigantesca que es el tercero, pero sus decisiones son coherentes en todo momento. En todo caso, al igual que las decisiones de Samsagaz con respecto a Frodo al final del segundo libro, acertadas o no, están tomadas desde el profundo cariño y conocimiento de la obra, y son tan personales y absurdamente criticables, como personal está siendo esta adaptación, y absurdamente criticable su impecable enfoque y su cuidada al detalle producción. Jackson anuncia Cirith Ungol, pero no llegamos a subir las escaleras, nos colocamos debajo de Orthanc esperando oir dentro de un año La Voz, pero deja sin final la película y quizás eso decepcione a muchos. La ausencia de principio y final del film (hablamos de un auténtico segundo acto convertido en bisagra que no atornilla a marco de forma convencional) posiblemente sea lo que más lastre la narración, y más deje insatisfecho al público, pero lo que mejor resultado dé a la hora d ever las tres partes seguidas. Jackson ha cortado a las tres horas de metraje de aquello que el quería contar, con su propio ritmo y su personal visión, y a partir de ahí, lo que queda o no queda pendiente, para él, es secundario. Entrando en detalles menos afortunados, y desde luego menores, este es un film que desde luego va a gustar mucho más al público normal, por ser un film de acción y por tener dos elementos que en todo caso a mi no me entusiasman mucho o nada, y hablo de la comicidad de Gimli (nuevo secundario gracioso) y del affair Aragorn, que conlleva insertos en flash-back un tanto gratuitos, y desapariciones absurdas con el poco noble motivo de potenciar una historia de amor que no se desarrolla bien (la de Eowyn). Concesiones sin duda al público general, que sin embargo tampoco molestan lo suficiente como para darles importancia (lo mismo sucede con ver elfos luchando en Helm, que los puristas considerarán poco menos que blasfemia). Otros detalles sin embargo como lo referente al Caballero Blanco, que en libro sólo se explica en los apéndices, aquí está perfectamente narrado, incluido ese arranque demoledor de la película. Por lo tanto, siendo una película completamente diferente en narración y tono a la primera, demuestra que por vias contrapuestas en cuanto a cine se refiere, Jackson puede ser coherente y llegar al mismo punto de meta, engarzando lana a la seda, en un único todo textil, sin perder un ápice de emoción, interés y magistralidad cinematográfica (y resulta curioso que con la BSO, Howard Shore siga la misma filosofía, componiendo un trabajo opuesto al anterior e igualmente sublime). Lejos de criticar decisiones, enfoques o puntos de vista, a Peter Jackson sólo hay que darle las gracias. Porque como dice Galadriel: Sólo suya es la misión, y sólo suyas las decisiones pueden ser. Las decisiones del Sam perfecto, del compañero ideal de viaje para ese viejo mago llamado Tolkien. |