| El milagro de P. Ibáñez |
|
|
|||||||||||||||
| Puede parecer una exageración, que para mí no lo es, decir que Francisco Ibañez en los últimos años del siglo XX y primeros del presente, a través de una obra extensa y simplemente no lo suficientemente valorada (al menos en lo que debería) se ha convertido en el gran cronista de la casposa realidad española, siguiendo la estela de personajes tan ilustres en el tiempo como Quevedo o Larra. Y quizás ese no lo suficiente reconocido prestigio se deba a la rémora de que en Europa, el cómic (que no en los USA) se siga considerando como algo menor, sin importancia, o ya saben... "para crios". Ibáñez ha elegido la viñeta, no la pluma, para situarse a la altura de los grandes narradores del esperpento humano, como lo hicieron antes o a la vez que él, Goscinny y en parte Hergé 8inolvidable la última viñeta de "Tintín y los pícaros"), y ha creado dos de los personajes más famosos del cómic internacional, (que a veces hay que salir fuera para darse cuenta de ello), amén de otros personajes menos inolvidables aunque igualmente agudos como Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, o el simpar Rompetechos. Cuando se retrata el esperpento y la exageración, cuando se habla o se narra, para dotar de comicidad una aventura, uno corre el riesgo de ser superado por la realidad, y a resultas de todo, eso es lo que le ha pasado a Ibáñez, que de retratar la exageración para regalar sonrisas, se ha acabado convirtiendo en un espejo social, impoluto e incorruptible. "Mortadelo y filemón", dos encantadores inútiles con un alma más que infantil, fundadores de una agencia de información de inclasificable cometido y más bien nula actividad, acabaron convertidos en agentes de un gobierno, de castañuelas y pandereta, que año tras año, se ha ido pareciendo más y más al de nuestra nación o viceversa. Y así ocurrió. Que de la noche a la mañana el CESID se convirtió en la T.I.A. y los Perote y compañía parecían sacados de los tebeos. Así ocurrió con los políticos que en el especial "Los Angeles 84" planificaban la expedición nacional para ir a las Olimpiadas y tras meter en el avión a todas sus familias, se olvidaban de llevar a los atletas. Así sucedió en el que para mí es el mejor y más preciado documento escrito sobre un año (1982) y un evento; "En marcha el mundial 82", en donde se contaba con algo de exageración, pero fidelidad en lo esencial, las inauguraciones, proyectos y grasas varias que surgieron en nuestro país, ante tal acontecimiento (todavía creo que conservo una castte de gasolinera, con el himno del Mundial, cantado por Pepe da Rosa, más hortera incluso que el Naranjito). Ahí ha estado toda la mala leche de Ibáñez, siempre reconcentrada, desde tiempos de la UCD (y más atrás) hasta las vacas chaladas, la persecución del "Juez Calzón" al general "Pinocho", el tratado de "Maaaaastricht, gracias" y un sinfín de aventuras a cual más delirante y más real. Una de sus constanstes, siempre ha sido la completa irreverencia hacia todo tipo de instituciones y personajes, y la continua presentación de los dirigentes (prebostes, como dice él) y gobiernos, como entes ridículos, incompetentes, y atolondradamente avariciosos. En el álbum, "En Alemania", clava varias dagas en el país teutón, presentado de una forma bastante surrealista y miserable; el objetivo de ese peregrinar de Mortadelo y Filemón por el pais germano, es recuperar las joyas robadas de la corona inglesa, y claro, tras la aventura y millares de peligros, se descubre que las joyas recuperadas son de goma, porque la Reina de Inglaterra las ha tenido que empeñar para pagar la boda de Carlitos y Lady Di. Pero no sólo a los poderosos, o a los jefes como "El Súper", presentado como el típico burócrata franquista, apoltronado en su cargo; sino a los científicos, siempre terriblemente peligrosos, descontrolados, y obsesionados por el progreso del hombre, incluso a costa del hombre, como el Profesor Bacterio. Los álbumes de "Mortadelo y Filemón", sin nada que envidiar a los de "Astérix y Obélix", parten de un universo propio (en el caso de Astérix veintitantos siglos antes de la época actual), para demostrar que la realidad que nos rodea en nuestras vidas y en el día a día, ciertamente parece sacada de un tebeo, porque así estamos todos de locos, y así es la locura del ser humano. En este sentido, quizás Ibañez sea de los pocos que pueden pararse y mirar alrededor, y darse cuenta de que nuestras cosas, nuestros mundiales, olimpiadas, grandes eventos, pequeñas miserias, ambiciones, sobornos, trapicheos y demás miserias, son del todo ridículas y dignas del mejor de los chistes. Y si antes dije que los personajes de Ibáñez no tienen nada que envidiar a los de Goscinny, esto, en lo cinematográfico se ha traducido también en una adaptación. Creo recordar tiempo ha, un par de poco afortunadas películas de animación, realizadas a partir de unas tiras de Mortadelo y su jefe, al igual que había otras tantas de Astérix, pero desde luego nunca se había transfigurado a los dos agentes más desastrosos del espionaje patrio, en personas de carne y hueso. Ese momento ha llegado. Personalmente, adaptar un cómic, me parece una de las cosas más difíciles de hacer, en primer lugar por los pequeños detalles que configuran a los personajes, los lugares y los tiempos (en este sentido, el desafortunado Joel Schumacher, pasará a la historia por ser el primer sujeto en concebir y mostrar Gotham City de día), y en segundo lugar, porque el espíritu del cómic, es decir la intencionalidad del autor, debe verse tambien reflejada en la obra fílmica con más fidelidad si cabe que lo anterior (aquí Sam Raimi dió una lección con "Darkman"), a no ser, que uno pretenda dotar de discurso propio a la obra adptada, que lícito también es, pero en ningún caso dejar esta parte vacía y sin atender. Y aquí es donde entra en acción Javier Fésser, tercer miembro invisible del Dúo Gomaespuma, una pareja de cómicos radiofónicos, que ¡oh, sorpresa! durante muchos años, han estado haciendo un humor que coincide en intenciones y muchas veces en forma con el de Ibáñez. En "Gomaespuma" y en sus sucesivos programas, se veían ridiculizados, taxistas ladrones, amas de casa que se querían tirar por la ventana, futboleros esquizoides, alcaldes inoperantes y toda la fauna ibérica, de una forma tan esperpéntica y sin embargo tan real, como en los tebeos de Ibáñez. Es por lo tanto, creo yo, una opción ideal, poner al frente de un proyecto de adaptación de nuestros héroes, a un hombre que entronca con gente que ha hecho un humor en espíritu, idéntico al de Ibañez, y con una intencionalidad muy semejante. Pero existe además en los cómics de Ibáñez y sobre todo en los de "Mortadelo y Filemón", una especial adoración de su dibujante, por los objetos, por los elementos minúsculos de la trama, o de la viñeta, que siempre aportan algo adicional, una nueva crítica, o una sonrisa complementaria. son las colillas de cigarro en el sitio más insólito, las lagratijas de los rincones, los ratones, los "gadgets" más disparatados... Si han visto el primer film de Fésser "El milagro de P. Tinto", se darán cuenta de que el perfil de este joven realizador, encaja también con ese gusto por el detalle como complemento o elemento principal de la trama. De hecho, el uso de las bombonas de butano en su cortofilmografía y en ese debut, así como de otros elementos, (Gadgets "Mikasa", santos abrebotellas, etc...) parecen sacados de una aventura de "Mortadelo y Filemón". He escuchado recientemente comparar a Fésser con Jean-pieere Jeunet, pero pienso que es una comparación errónea, puesto que el cine de "objetos" y el uso de la hipérbole que ambos ostentan en sus films, en el caso de Fésser tiene una intencionalidad muy distinta, (mucho más noble a mi entender, puesto que no se trata de emocionar falsamente al espectador), además de rehuir un realismo mágico que no combina con la caspa. En este sentido, Fésser, no se hace pasar por lo que no es, y Jeunet, mucho más tramposo, creo que sí. De todas formas, y a la espera de ver el resultado final (que como siempre en las adaptaciones dependerá en gran parte, de la trama argumental elegida para este debut de carne y hueso), tenemos al menos que celebrar, que el genio incontestable de Ibáñez, y el talento aún por reconocer de Fésser, unen sus caminos, para intentar sacar al cine español de la crisis que como siempre trae, un año sin "Torrente". De chiste. |