Miradas de Cine Un hombre desenfocado  
Por José Luis Hurtado

 

 

Miradas de Cine © 2002-2003

Este mes llegará a nuestras pantallas la décima película dirigida por Lawrence Kasdan, en otro tiempo uno de los guionistas más prestigiosos y mejor pagados de Hollywwod, autor consagrado, poderoso emprendedor, y hoy juguete roto de la industria hollywoodiense, que como tantos otros de su generación (Sam Raimi, Carl Franklin, etc...) vaga por esos estudios de Dios, sin orden ni concierto, sin dirección propia, puede que falto de todo tipo de estímulos y con una carrera artística que prometía y que se ha visto reducida a la más absoluta de las miserias y las impersonalidades.

Kasdan, cineasta de formación autodidacta entró en esto del cine, por la puerta grande y de la mano del grupo de San Francisco, la nueva hornada de talentos comerciales encabezada por Lucas y Spielberg. Ese chico con gran talento para reproducir diálogos con chispa, propios de lejanos tiempos hawksianos, fue el máximo responsable del texto que sustentaba la mejor película realizada hasta la fecha sobre el universo "Star Wars". En 1980, Irvin Keshner, el profesor de cine de George Lucas en la facultad, y este chaval de 30 años, filmaron para el ya magnate del espectáculo El imperio contraataca (The empire strikes back, 1981). Nada que ver con el resto de infantiles películas de la saga. La primera secuela del éxito original resultó oscura, violenta, dramática, desquiciada, y plagada de unos diálogos (sobre todo los de Ford y Fisher), cuanto menos, delirantemente clásicos y divertidos. Una joya, cuya calidad debería considerarse al margen del resto de films y mercaderías que la rodean.

Al año siguiente, y tras ver el excelente resultado de ese guión, Kasdan se embarcó tambien de la mano de Lucas, en otro de los guiones más famosos de la historia del cine, plagado de referencias cinéfilas, tan bien conocidas por nuestro hombre. En busca del arca perdida (Raiders of the lost ark, de Steven Spielberg. 1981), revolucionó definitivamente la historia del cine, sobre todo al subvertir los valores del héroe clásico de aventuras, de la heroína (que se apropiaba de los valores masculinos de ese héroe) y la introducción del cinismo cómplice con el espectador (la tantas veces analizada escena del duelo a espada que Indiana Jones concluye a pistoletazo limpio). Kasdan aportaba a sus guiones, de forma impecable, cínica y desvergonzada (a modo de lectura descreída) todo el bagaje cinematográfico del Hollywood dorado, consumido durante muchas horas de proyecciones.

Animado por sus colaboradores, y por ese éxito como escritor, Kasdan debutará ese mismo año en la dirección, siendo fiel al máximo a las premisas ya comentadas. Para este "borracho de cine", que mejor, que poner al día una obra maestra wilderiana como Perdición (Double Indemnity, de Billy Wilder, 1944). Una puesta al día que contenía algunas de las escenas más tórridas del cine de los 80, y que a pesar de sus golpes de efecto, explicaba desde la obsesión sexual, mucho mejor a los personajes, que incluso el film original. Fuego en el cuerpo (Body Heat, 1981), descubrió a un nuevo mito erótico Kathleen Turner, se convirtió en un gran éxito, sobre todo de crítica y le dió de la noche a la mañana, la etiqueta de joven promesa del cine americano (cargo que pesa lo suyo, y que sirve sobre todo para destruir carreras incipientes).

Desde este punto tres iban a ser las constantes que acompañarian a Lawrence Kasdan en su viaje de ida hacia el éxito: En primer lugar, el apoyo permanente de la crítica estadounidense y buena parte de la europea; en segundo lugar, la presencia constante en sus films de William Hurt (protagonista de tres de sus cuatro primeros films) y sobre todo de su actor fetiche Kevin Kline (protagonista en cinco de sus diez peliculas rodadas hasta ahora); por último, otra constante en su obra, la alternancia de un cierto cine de reflexión generacional como su segunda película, la espléndida Reencuentro (The big chill, 1983) con la recuperación del viejo cine de género hollywoodiense, caso de su tercer film, Silverado (id. 1985).

En 1988, el prestigio de Kasdan sigue en aumento, al estar multinominado por su film El turista accidental (The accidental tourist, 1988), sólido melodrama derrotado por la infame Rain Man (id. de Barry Lewwisson, 1988) no hace sino aumentar su prestigio como autor sólido que dirige y escribe o adapta sus propios guiones (en este caso basado en el libro original de Anne Tayler). El único Oscar del film, se lo lleva una desconocida y secundaria Geena Davis, a quien Kasdan le da el papel de amante de William Hurt.

Te amaré hasta que te mate (I love you to death, 1990) es una comedia loca, con muy poquito interés y completamente olvidable, que Kasdan realiza tras los éxitos anteriores y que es saludada con simpatía . Un intento de reutilizar el histrionismo que Kevin Kline acababa de rentabilizar en Un pez llamado Wanda (A fish called Wanda, de John Cleese y Charles Chrichton, 1988) y de paso repetir el éxito de taquilla del film inglés. no fue así.

Dos años despues, sin embargo, kasdan alcanzaría el máximo reconocimiento de su carrera, al ganar la Berlinale con su hasta ahora mejor film Grand Canyon (id. 1992), que s ebeneficia por describir una situación previa a los disturbios raciales de Los Angeles, desde un punto de vista un tanto capriano, pero sobre todo de reflexión generacional. El guión, escrito junto a su mujer Meg, describe a un grupo de personas de mediana edad, que en el los Angeles actual, tiene que hacer frente al encuentro con lo desconocido socialmente hablando, a sus frustraciones de pareja, al crecimiento y adios de los hijos, la infidelidad, la amistad e incluso la violencia (que agudas reflexiones sobre cine y violencia a través del personaje de Steve Martin). Lo relativo y frágil de la existencia humana, las barreras del miedo (de esas mismas de las que habla Michael Moore en su documental), crean ese gran cañón invisible, que separa a blancos y negros en los dias previos a los disturbios raciales de Los Angeles que conmocionaron al mundo en aquellos meses. Uno de los mejores trabajos de Kline (alter-ego mental y físico del director) en cuanto a contención, y de Kasdan en una dirección magnífica y ajustada en todo momento a intención, consiguen del film, la máxima cota escalada por este director hasta la fecha.

Y de la cima, al abismo. Tres años despues de este gran éxito, y volviendo a un género que ya había visitado en Silverado, y que Eastwood había desenterrado (aunque esta afirmación sea de lo más discutible, puesto que eso de las resurrecciones no son mas que tácticas publicitarias), Kasdan prepara su asalto al Oscar. Es triste y terrible, lo se, pero en USA funcionan de esta manera en un gran número de ocasiones, y a la gente les entra la fiebre de los premios. Llevar a la pantalla la vida del sheriif Wyatt Earp era empresa harto complicada y no sólo por los referentes cinematográficos anteriores (incluido Ford), pero si en el cóctel interviene la fiebre por ganar premios, la compañía de un Kevin Costner, ya en caída libre, y el estreno unos meses, antes de otro film de tema idéntico, el batacazo puede ser histórico. Y lo fue.

El film del que Kasdan-Costner se jactaban arrasaría en los Oscar del año siguiente (hasta hay entrevistas promocionales de la época en que se comparan con Ford y Fonda), significó el fin de la carrera de prestigio de ambos. Perdió muchísimo dinero, no ganó nada, y supuso el fin del apoyo de la crítica para siempre, que no le perdonó algunas d eesas comparaciones odiosas al bueno de Larry. El film, estrenado en el 94, visto un tiempo despues, no merece semejante vapuleo comercial ni crítico, y aunque desde luego no es de lo mejor que se ha hecho en el western, tiene momentos estimables, que sin embargo se pierden dentro de un tonillo afectado y grandilocuente que definitivamente perjudica al conjunto. Por supuesto, Costner, es un lastre insalvable en el apartado interpretativo, y esta vez incluso, en la producción-codirección.

Despues de pasar de la Primera división a Segunda B, Kasdan dirigiría dos peliculas más (hasta llegar a la actual). Al año siguiente, y buscando desesperadamente un éxito comercial que le sacara adelante, French Kiss (id, 1995) con otra vez un Kline pasadito de vueltas, y una Meg Ryan que iniciaba aquí tambien ya su cuesta abajo, despues de repetir por enésima vez su papel de heroína romántica cretina. El film no dió un duro de nuevo, y la crítica resultó indiferente a este subproducto cómico del subgénero "Meg Ryan y el amor".

Cuatro años, tardaría desde entonces Kasdan en volver a dirigir. Intentando recupera el prestigio de antaño con su revisión humanística de núcleos sociales. Mumford (id. 1999) es un film menor y modesto, pero que no reúne ninguna de las características estimables de anteriores trabajos del director. Desganada y pusilánime, se queda a mitad de camino de casi todas las direcciones posibles en las que enfocar la historia de este regenerado delincuente metido a psiquiatra aficionado de pueblo perdido. Un nuevo fracaso, que ha vuelto a retrasar un nuevo film de este director.

Ahora llega El cazador de sueños (Dreamcatcher, 2003), cine de terror de género, según he leído, trasnochado y pasado de caducidad, recibido pésimamente por crítica y público americano, dicen que previsible y caduco. Broma y sombra del cine de uno, que fue soplo de aire fresco, y que hoy por hoy, ha perdido su identidad en el devenir de su obra. Es una lástima ver que, como parece ser, a este director no le quede ya más cine que mostrar.

En cierto modo, Kasdan me recuerda a aquel actor de Desmontando a Harry (Deconstructing Harry, de Woody Allen. 1997) que interpretaba Robin Williams. Un buen día tuvo que dejar de hacer películas, porque se convirtió... en un hombre desenfocado.