Miradas de Cine Centenario Yasujiro Ozu: Buenos días (1959)   Especial Yasujiro Ozu
Por José David Cáceres





















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Arquitectura cinematográfica única

Uno de los mayores placeres para el cinéfilo es encontrarse por primera con un cineasta de gran valor, hecho que ya señalara el compañero Jorge-Mauro de Pedro en relación a Jacques Tati (1). Este es el año de Yasujiro Ozu (1903 - 1963). El descubrimiento de tres de sus películas ha sido, indudablemente, una de las experiencias más intensas, fascinantes e inolvidables que recuerdo. Ozu es, con toda probabilidad, uno de los directores más relevantes de la historia de este arte, que a pesar de su juventud continúa desvelando secretos y misterios entre tantos metros de celuloide desconocido o de alcance reducido (como es el caso en nuestro país). Sorprendente, al menos, porque uno de los largometrajes de Ozu, Cuentos de Tokyo / El viaje a Tokyo (Tokyo monogatari, 1953), lleva ocupando las listas de los mejores films de la historia desde hace bastante tiempo (cfr. la encuesta que cada diez años elabora el BFI).

DeAPlaneta –la misma firma que durante el pasado verano realizara una recuperación similar, precisamente de Jacques Tati (2)– se ha unido en España al centenario del nacimiento del cineasta japonés, estrenando comercialmente en España dos de sus obras, Cuentos de Tokyo y Buenos días (Oharu, 1959). Dos films que junto con Las hermanas Munakata (Munekata kyodai, 1950) (3) revelan una apasionante arquitectura cinematográfica, extremadamente personal, construida sobre unos pilares firmes a pesar de la sencillez de sus estructuras, consiguiendo sobredimensionar las propuestas hasta un estado mayestático, en donde la imagen se funde con el significado de forma modélica, admirable.

Escribía Jean-Luc Godard, ese visionario genial (y engreído), muy dado a escupir sentencias rimbombantes, que Alain Resnais era el segundo mejor montador del mundo (después de Eisenstein) pues el director de Je t'aime, je t'aime (1968) –según Godard– entiende que montar es organizar cinematográficamente, planificar dramáticamente, componer musicalmente, esto es, hacer cine. Espléndida síntesis de lo que supone el cine de Yasujiro Ozu, un cine caracterizado por planos fijos (medios o generales), posición de la cámara baja (que altera los ángulos clásicos, y en especial, la convención de realizar las tomas a la altura de la mirada), ausencia casi total de movimientos de cámara, eliminación del recurso clásico de la continuidad de miradas en el plano/contraplano, inclusión de planos de naturalezas muertas o espacios vacíos (pillow-shots, en expresión de Noël Burch –4–); un cine puro cuya mencionada arquitectura cinematográfica es en esencia, como expresa muy bien Carlos Rosal en el articulo que acompaña a este especial, una puesta en escena matemática, edificada en la preclara construcción de los planos y en su asociación, en cómo están montadas, en su organización cinematográfica.

Buenos días es una comedia, aparentemente ligera y, en un principio, alejada de las turbulentas historias relatadas en Cuentos de Tokyo y en Las hermanas Munekata. Y en efecto es una –extraordinaria– comedia, modélica en su construcción narrativa y ejemplar en sus sorprendentes e inolvidables "golpes" de humor. Empero, no es sólamente eso, como no lo es tampoco otra referencia capital del género, El hombre tranquilo (The Quiet Man. John Ford, 1952), una pieza maestra de múltiples recovecos, férreamente relacionada con la personalidad cinematográfica de su autor. Buenos días se acerca a este modelo de representación, sellado unívocamente por el trabajo de puesta en escena –elemento indisociable de la marca del autor, en esta ocasión, sustentada en ese desafío formal antes enumerado en el que destaca su magistral planificación, la ausencia total de movimientos de cámara (5) y el soberbio montaje por corte–, alcanzando sorprendentemente un estadio superior y constituyendo lo que podría denominarse, sin pudor, cine puro.

Buenos días, sin embargo, logra ir más allá en el perfecto vínculo que se establece entre la brillante historia narrada y la pronunciada reflexión –recurrente en estos tres films de Yasujiro Ozu–, que subyace en su interior, entre sus múltiples capas, acerca de las relaciones afectivas, la evolución de la sociedad (y la familia como grupo imperante de ésta) y el irreversible fluir del tiempo que actúa inexorablemente sobre ellas. La conjunción de elementos eminentemente cómicos con detalles sutilmente dramáticos, incrustados en la rutina de lo cotidiano (que parten del "buenos días" del título, el convencional saludo entre vecinos y conocidos), profundiza admirablemente en esa reflexión: la decisión de los hermanos protagonistas de mantenerse mudos durante varios días debido a la negativa de sus padres a comprar un televisor y los malentendidos, momentos hilarantes que origina, así como el trasfondo melodramático de la situación, que alcanza el cenit en la escapada ingenua de los muchachos; la relación entre los miembros de la comunidad de vecinos, el divertido tema a raíz de las cuotas y una lavadora, la inofensiva pero cruel actitud de unos con respecto a otros (por ser diferentes y no atenerse a las normas tradicionales de convivencia); el padre con gases (coyuntura que da lugar a un par de sketchs antológicos) que pierde su trabajo y debe buscar la manera de seguir subsistiendo; la delicada sutileza y magistral contención en la descripción de la relación entre el profesor de inglés y la tía de los jóvenes rebeldes, que parecen incapaces de pasar de su relación profesional o del temible "buenos días" como desvela el portentoso plano que cierra el film...

Buenos días, una de las obras más divertidas, conmovedoras y valiosas que el cine nos ha regalado, se interroga, como Cuentos de Tokyo y Las hermanas Munakata, sobre su presente, sin obviar las deudas del pasado, para exponer un retablo universal e intemporal sobre la vida, entendida como un devenir por lo cotidiano, en el que los pequeños detalles revelan de forma irreprochable el paso del tiempo. Obras maestras, obras totales sobre las que deberemos volver en algún momento. Mientras tanto, celebramos con emoción el centenario del nacimiento de uno de los artistas mas personales y fascinantes del siglo XX. ¡Gracias sr. Ozu dónde quiera que esté!

(1) Texto disponible en el menú de actualidad-articulos.
(2) Se estrenaron durante los meses estivales en salas comerciales Las vacaciones de M. Hulot (Les vacances de M. Hulot, 1953) y Mi tío (Mon oncle, 1958). Posteriormente DeAPlaneta ha editado en DVD estos dos títulos y algunos otros del cineasta francés. Es el mismo procedimiento que la distribuidora barcelonesa llevará a cabo con Yasujiro Ozu.
(3) Film pasado durante 2003 en la televisión estatal española dentro del espacio dirigido y presentado por José Luis Garci. En este mismo programa se emitió hace un par de años Cuentos de Tokyo.
(4) Citado en: Zunzunegi, Santos. "Cine japonés. El perfume del zen", Nosferatu, nº 11, p. 21. San Sebastián/Donostia, 1993.
(5) En este sentido puede considerarse que Buenos días es la depuración absoluta de ese estilo radical y sobrio a un tiempo. También se puede entender que la ausencia de movimientos de cámara se debe a que la historia dada su ligereza no lo reclamaba: en Cuentos de Tokyo la panorámica que encuadra a los dos abuelos y el breve y lento travelling posterior (sobre todo éste, que posee una fuerza expresiva impresionante) es sin duda el punto de inflexión de un relato que camina sereno, pero temeroso hacia un desenlace insalvable...