Miradas de Cine Resumen 2003: cine español   Resumen 2003
Sumario
Por Carlos Rosal

Cartel de la película


Cartel de la película


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Cartel de la película


Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2003

Una cierta tendencia (1)

Se me encargó desde la dirección de Miradas de Cine que escribiera unas líneas que repasasen las producciones españolas estrenadas en el año 2003 y mi reacción inmediatamente posterior fue hacer un repaso mental de todo lo estrenado bajo bandera española y la primera conclusión que saqué, a medio camino entre la precipitación y la sorpresa, es que este ha sido un buen año para nuestro cine.

Vaya por delante que tengo enormes reparos a hablar de "nuestro cine", "cine español" y cosas por el estilo, no quiero extenderme, pero la síntesis es odiosa pero necesaria igual que lo es otorgar nacionalidad a las películas como si ello por si mismo significara algo, puesto que no creo que una película tenga que ser considerada de modo diferente tan sólo porque se haya hecho aquí o allá. Superada esta manía particular, el hablar de cine hecho en España creo que ya no lleva consigo las etiquetas que todo el mundo sabe, pero bajo mi punto de vista, y por desgracia, ha adquirido otras etiquetas, modos o influencias que minan o anulan en algunos casos aquellos que defienden la particularidad de lo español en el cine de hoy en día. No es este un artículo encaminado a decir si hay o no crisis o a enumerar las buenas y malas películas que a mi subjetivo juicio se han producido en España, mi intención es, como creo que debe ser cuando se habla de "cine hecho en" discernir de donde viene, hacia donde va y que nos ofrece para poder para llegar a una conclusión evidente, el cine no viene jamás determinado por la nacionalidad sino por lo que nos quiere contar y a partir de allí entrar en las particularidades determinadas por la identidad que otorga la nacionalidad.

Las miradas de...

Me gustaría comenzar destacando aquellos films que se han caracterizado por ser una mirada personal, que responden a un modo exclusivo de ver el cine, de plantearse su puesta en escena, su tema o todo aquello que conforma una película bajo la voluntad de querer aportar. Son básicamente lo que debe mostrar el cine que aspira a ser cine. Me refiero a Soldados de Salamina (David Trueba), En la ciudad (Cesc Gay), Mi vida sin mí (Isabel Coixet), Las manos vacías (Marc Recha), La pelota vasca (Julio Medem).

Este puñado de películas, a las que sin duda se le podrían añadir más (pero que creo que responden a otro "grupo"), conforman la vía a seguir. Casualmente son un grupo de cineastas jóvenes –el más veterano, Medem, firma con su documental su sexta película– por lo que creo que puede hablarse de una nueva generación de cineastas que defienden con su cine un modo alternativo a productos estancados y/o encaminados a recaudar de forma maquiavélica. No entro en la calidad de los mismos porque siempre he creído en Truffaut y siempre he creído que me interesa más un mal film de un cineasta autor (olvídense de las connotaciones "artísticas" de la palabra) a un buen film fruto de la casualidad, o lo que es lo mismo, de un buen guión.

En un año donde no han estrenado vacas sagradas como Garci, Almodóvar, León (otro que podría incluirse en la nómina de los anteriormente citados) o Amenábar debe ser motivo de satisfacción para el aficionado saber que hay gente (en este caso española, pero que más da) que se preocupa por el arte del cinematógrafo; que luego acertarán o no (eso lo dejo al juicio de cada uno) pero han luchado por intentarlo y en algunos casos como el de Medem, se han jugado mucho en ello y desde aquí, muy personalmente quiero felicitarle a la vez que quiero instar a los que G. Lefebrve nombró «Los jueces suplentes del valle de Josafat», que dejen de intoxicar.

En el caso de Trueba, por escoger otro ejemplo al azar y contradecirme –¿había dicho que no entraría en listas ni a juzgar?–, ha realizado un magistral ejercicio de cine, jugando con realidad y ficción, combinando estilos de puesta en escena, llevándonos a territorios que muy pocos han recorrido de forma tan brillante, ha realizado un film portentoso y extremadamente más complejo de lo que pueda parecer a simple vista, pero no ha hecho, como muchos parecen creer, un film sobre la Guerra Civil.

En definitiva pocos han sido los que se han acercado al cine de un modo personal y exclusivo, pero ha eso por desgracia ya estamos acostumbrados, que no resignados.

Prénom: Carmen

Si alguno de ustedes ha leído lo que un servidor dijo del último film de Vicente Aranda ya sabrá por donde va lo que sigue a continuación, a los que no lo hicieran, les invito a reflexionar sobre lo maniqueo y maquiavélico que han realizado nuestros cineastas.

Es una lástima que cada año tengamos que sufrir cierto tipo de films, diseñados de antemano con fines repugnantes, obviando que el público no es tonto cuando se le ofrece todo aquello que se odia del cine norteamericano pero camuflado peligrosamente bajo el manto de ser cine español. Así nos encontramos que en el año 2003 se han estrenado una serie de films muy distintos entre ellos pero que tienen en común el ser películas no-necesarias además de tener que soportar como los cineastas que las han perpetrado se pasean por televisiones, fiestas y demás intentando defender un producto nacido de la necedad, con sus camisetas publicitarias y una simpática sonrisa que oculta lo estúpido de sus propuestas, en definitiva Torrente hizo gracia, pero con uno bastaba.

No creo que debamos asumir, ni ahora ni nunca, que cada año deban producirse entre 3 y 5 (o incluso más) películas destinadas a dar el gran pelotazo en taquilla a toda costa. El discurso en defensa de «prefiero eso a tragarme lo mismo hecho por americanos» que muchos hacen es de un masoquismo y un conformismo que, a mi por lo menos, no me cabe en la cabeza. Películas como Días de fútbol (David Serrano), El oro de Moscú (Jesús Bonila), Atraco a las 3...y media (Raul Marchand), La fiesta (Manuel Sanabria y Carlos Villaverde) y las que se me deben escapar representan son el ejemplo claro sobre como puede llegar a prostituirse el nombre de ser Director de cine, pero lo que es más grave es que las películas van firmadas y eso dura siempre, por eso es denunciable el escaso interés por hacer un producto digno que llevara el nombre se uno...claro que eso poco importa, ¡poderoso caballero es don dinero!

Decía Bazin que le gustaba volver sobre sus propios textos para ver si su opinión con el paso del tiempo variaba, lo mismo le ocurrió a Jose Luis Borau respecto sus impresiones sobre Los sobornados de Lang. Me declaro culpable de haberme dejado llevar por la indignación cuando escribí sobre el último film de Vicente Aranda cuando jamás debí hacerlo. Pasado el tiempo y recogiendo la oportunidad que se me ha brindado, diré sencillamente que Carmen, un producto más respetable que los anteriormente citados, pero cuyo fracaso es mayor porque sus aspiraciones y pretensiones también lo son, es una gran mentira. Esas enormes mentiras que se disfrazan de película cuando en realidad no lo son pues menosprecian el lenguaje del propio cine, limitándose a repetir convencionalismos, jugando con, una vez más, la inteligencia del espectador al querer engañarle y venderle aire camuflado bajo una gran producción. Me viene a la memoria la referencia que hizo Truffaut en su explosiva crítica en Cahiers a Aurent y Bosch, porque es más o menos lo que ha hecho Aranda con Carmen. Todo lo contrario de la obra de Trueba, que constituye un verdadero manual sobre como debe llevarse una novela al cine. 

El término medio. Un poco más y un poco menos.

Siempre he defendido que para que una industria funcione debe haber films comerciales, destinados al entretenimiento (no confundir con tontería y engaño que otros proponen), productos de artesanía que junten a un buen grupo de cineastas que sepan desempeñar su oficio con soltura y respeto al medio en el que trabajan. Películas que se muevan bajo un género (pre)determinado y dentro de él, propongan. No es que sean los films que personalmente más me interesen, pero creo que son estos los que nos permiten valorar la justa medida de lo que hay.

Propuestas de este tipo las ha habido muchas, Palabras encadenadas (Laura Maña), Dos tipos duros (Juan Martínez Molero), La vida mancha (Enrique Urbizu), Platillos volantes (Oscar Aibar), Planta cuarta (Antonio Mercero) y Te doy mis ojos (Iciar Bollaín) creo que responden a esos parámetros. He nombrado los films de Mercero y Bollaín los últimos ya me gustaría entrar en ellos un poco más a fondo. Ambos, aunque con matices, no dejan de ser films de género, asumiendo que la propuesta de Bollaín por el tema que trata, sea quizás menospreciarlo si lo llamo film de género.

Te doy mis ojos es para mi una película enorme -la he votado como una de las mejores producciones del año, así que poco cabe añadir– más allá de ser un film que retrata un problema bajo la mirada única de su directora, creo que se trata de un film de género en cuanto nos lo muestra de un modo claramente convencional igual que lo hace la fallida Planta cuarta. ¿Donde reside la diferencia? En el tratamiento que le dispensan los directores al material con el que tratan.

Mientras Bollaín se plantea la película de un modo profundo, intentando buscar todos los rincones del problema, tocando con su cámara todos los vértices, Mercero se queda en la más absoluta de las superficialidades, ya no sólo su planificación es claramente inoperante pues entra rápidamente en un callejón sin salida sino que el tratamiento que le dispensa a lo niños es totalmente tópico y hueco, no profundiza jamás y se ha quedado con una visión ñoña (que no romántica) de la infancia, ¡hasta parece que los niños estén contentos por estar enfermos! Por no hablar de lo diálogos – ¿recuerdan la secuencia de la pizza?– o del final con el grupo Estopa.

De todos modos creo sinceramente que esto es sano para el cine. Que haya cierto interés por parte de cineastas en hacer un cine de género sin excesivas pretensiones (esto no va por Bollaín) y de factura correcta, porque es así como evoluciona el medio y los que lo hacen, repasen filmografías de los grandes y verán como ese ha sido el camino seguido por la inmensa mayoría. Otra cosa es que dejemos de criticar a aquellos que bajo nuestro punto de vista, en la búsqueda no han logrado el objetivo, que son muchos. De intenciones no se puede vivir nunca.

Conclusiones a un año....

Permítanme que no haya entrado con los cineastas que han debutado este año 2003, por razones puramente personales no quiero entrar a valorar en el contexto de un año de cine las numerosas óperas primas que se han producido en este año (de las que en esta revista ha destacado muy notablemente Las horas del día de Jaime Rosales), así que no queda más remedio que hacer un balance general.

He comenzado diciendo que mi primera impresión fue que el 2003 ha sido un buen año, ahora mismo no estoy tan seguro. Mientras escribía estas líneas me han surgido numerosas películas que ciertamente son olvidables. Ocurre un poco lo de siempre, se habla de Ford y no se habla de las innumerables malas películas (que son infinitamente más que las buenas) que se hicieron en el Hollywood de la época igual que se habla de Medem y no se habla de...

Pero lo que es de cajón es que el cine, sea mundial o español, debe dejar de producir películas que no son más que objetos estúpidos e intrascendentes para el comercio, y bascular entre un cine de género que estimule y no se ampare en él para mostrar obviedades y un cine personal que sea el reflejo de la voluntad de los que lo hacen por hacer progresar las propuestas y las reflexiones que el mundo de hoy en día plantea. Y en el 2003, aunque parece que esa vía haya asomado, ni mucho menos es la que se ha seguido.

(1) Pido comprensión al lector por dos motivos, el título de mi artículo, sin duda producto del fanatismo y la pretenciosidad y por el posible malestar que pueda suscitar la omisión de films que no he visto he olvidado.