Miradas de Cine 10 apuestas para el 2004   Resumen 2003
Sumario
Por Alejandro G. Calvo
Miradas de Cine © 2002-2003

De todo lo visto en festivales este año, es evidente que mucho cine de calidad nos vamos a quedar sin verlo estrenado en cartelera (para ello recomiendo leer el artículo de mi compañero de festivales Manuel Yánez), he hecho una pequeña selección de lo que ya parece tener fecha de estreno a lo largo del año que viene en nuestro país, espero que el lector pueda disfrutar tanto de estas recomendaciones, como tuve yo la ocasión de disfrutar en sus correspondientes visionados. Así, sin demasiado orden ni concierto, paso a recomendar, lo que sin duda serán los platos fuertes del 2004.

Ha tardado casi siete años pero no ha defraudado con su regreso. Quentin Tarantino, uno de las máximos revolucionarios del cine de los años noventa, a raíz de sus tres impresionantes obras Reservoir dogs, Pulp fiction y Jackie Brown, ha vuelto con toda la fuerza y la calidad que se le presuponía: Kill Bill vol.1, visto, tras muchos problemas y una lucha encarnizada del festival con la productora del film, en Sitges, es una pura fiesta cinematográfica. Los amantes tanto del cine de Tarantino, como aquellos que aún pueden quedar de los films tanto de samuráis, los fans de Bruce Lee y las historias de venganza a lo Charles Bronson, podrán descubrir casi un orgasmo cinéfilo, pues la deglución y metamorfosis que ejerce Tarantino sobre toda su glotonería cinefágica, hace de su próximo estreno un ejercicio de estilo que estoy convencido, rendirá a todo el mundo, tanto de público como de crítica (aunque ni los Globos de Oro ni los Oscars lo confirmen). Un festival de sangre kitsch, sentido del humor rallando lo absurdo y, bueno, tantos homenajes cinematográficos que el espectador puede llegarse a ver extasiado. Está claro que Tarantino es, hoy en día, el rey de la explotaition fílmica.

También con muchas catanas y sangre a raudales llega el título de uno de los mejores cineastas en activo del panorama cinematográfico: Takeshi Kitano, que no deja de enlazar una obra maestra con otra, nos trae esta vez un puro divertimento, Zatoichi, una película que recupera un personaje mítico de la picaresca japonesa, el masajista ciego que lleva una catana escondida en el bastón y que posee una especie de sexto sentido que lo convierten en una máquina de cercenar cuerpos de los villanos de la trama. Kitano deja de lado el terreno dramático para dejarse llevar por ese sentido del humor tan pleno suyo, visto ya en obras como El verano de Kikujiro o Brother -Getting any? pertenece a un registro cómico/televisivo de diferente carácter– y un festival violento-musical, realmente insólito, de una belleza lírica asombrosa. El final de la cinta, puro cine musical, puede ser la explosión de alegría más significativa del cine Kitano.

Ya que estoy en Japón, me quedo un momento, puesto que sí parece que va encontrar distribución comercial uno de las últimas películas (uno nunca puede decir última con este realizador) de Takashi Miike, Gozu , todo un experimento que mezcla tanto a David Lynch como a Terry William. De Miike sólo se ha estrenado en nuestro país la impresionante Audition, así que esta es una ocasión única para descubrir de los cineastas más prolífico y con más talento de la actualidad. Gozu no decepcionará ni a los amantes del surrealismo como a los fans del humor más macabro, así como todos los fans de otras impresionantes obras de Miike como Ichi, the killer o la saga Dead or alive, quedarán satisfechos tras haber visto el festín enfermizo que nos ofrece Miike, en un film que se aparta ligeramente de la violencia para caer en terrenos donde el hombre-vaca (gozu) es amo y señor.

De oriente también, pero cambiando Japón por Corea del Sur, también podremos ver la última ganadora de la Concha de Plata en San Sebastián, Memories of murder, segunda película del realizador Bong Jonn-Hoo, que mezcla como solo los surcoreanos parecen dominar, sentido del humor y thriller dramático, que acaba por desconcertar al espectador, hipnotizados por una cinta enfermiza, donde uno no sabe sin espantarse ante lo escabroso de los crímenes o reirse con la extravagante investigación policial. Jonn-Hoo coge un film de corte occidental y lo descuartiza para obtener una película totalmente propia, uno de los pocos aciertos del jurado de Donosti.

Fue también en San Sebastián donde se presentó la que fue portada del último número de Cahiers du Cinema: Histoire de Marie et Julien, realizada por el veterano realizador Jacques Rivette, que como Rohmer, Oliveira, Imamura y tantos otros "abuelos" del cine, sigue en un estado de forma totalmente envidiable (más de un realizador ya clásico español podría tomar nota). Una historia romántica con toques fantásticos que durante dos horas y media nos seduce con su cadencia narrativa a través de un espacio onírico que en su concepción dramática acaba por ser una genialidad cinematográfica poco agraciada cuando se intenta describir sólo con palabras.

De producción francesa pero definida como "un film helvético" por su director Raoul Ruiz, una de las sorpresas del último festival de Sitges, fue Ce jour-là , otra genialidad del autor de Tres vidas y una sola muerte y La comedia de la inocencia. Un film extrañamente cómico, que narra la historia de amor entre una mujer mermada psicológicamente y un asesino psicótico que han contratado para asesinarla. El encuentro de ambos personajes va poco a poco desembocando en una carnicería, todo, filmado por Ruiz como una extraña comedia surreal, donde la puesta en escena acaba por ser totalmente clarificadora: una composición visual que va de Visconti a Buñuel.

Más desasosegante resulta, como es habitual en él, el último film de Michael Haneke, que tras la durísima La pianista (de la que recupera para el nuevo film a la siempre perfecta Isabelle Huppert), nos ofrece otro retrato de la maldad humana en El tiempo de los lobos, premio de la crítica en Sitges, en la línea de sus últimos trabajos. Posiblemente un film algo más abierto que las historias cerradas de El video de Benny y Funny games, lo que le de una textura enfermiza, como un conglomerado de miedos apiñados en un espacio claustrofóbico, pese a que se trata del cielo y las montañas. Una historia apocalíptica que le sirve a Haneke para un retrato íntimo del miedo más puro. El film se cierra con un plano antológico, difícil de expresar mejor el dolor humano.

A aquellos a los que convenciera Alejandro González Iñárritu con su anterior film Amores perros, disfrutarán como neófitos cinéfilos en su próxima obra, 21 gramos , un drama que funciona a la perfección hasta que los trucos de montaje se hacen patentes. Interpretado de manera magnífica por un trío de actores envidiables: Sean Penn, Benicio del Toro y Naomi Watts, González Iñárritu lleva con ritmo y una fotografía apaga, la desidia vital de estos tres personajes que cruzan sus vidas en un fatal accidente. Un buen film, al que se le escapa algún histrionismo, y con un corolario aclarador: el título del film hace referencia a lo que pesa el alma humana...

En su trayectoria filmográfica envidiable, saltando de un género a otro ofreciendo como mínimo el aprobado de calidad, Michael Wintterbotom ha tratado esta vez la ciencia-ficción para ofrecernos la interesante Code 46, una nueva apuesta estilística por el talentoso realizador, que nos lleva a un futuro heredero de Gattaca, Blade Runner y Cypher (el aún por estrenar último film de Vincenzo Natali), con Tim Robbins y Samantha Morton como protagonistas. La historia gira alrededor de una trama romántica envuelta en formato de thriller en la que se prohíbe el contacto sexual entre parejas con el mismo código genético (algo posible debido a la clonación). Un interesante película con una etérea puesta en escena.

Cerramos este pequeño avance de la temporada con una de las piezas claves de los próximos premios de la academia: Lost in translation, o lo que es lo mismo, una magnífica película de Sofia Coppola, su segundo film tras la interesante Las vírgenes suicidas. Una historia de amor y soledad conducida por Coppola utilizando de vehículos a sus intérpretes principales: magníficos Bill Murray y Scarlett Johanson, en un Tokio que se erige como isla hermética, donde estética y modo de vida se fusiona hasta crear un paraje donde las posibilidades pueden tener cabida.