Miradas de Cine EL CINE DE QUENTIN TARANTINO  
Por Carlos Rosal































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Las reglas del juego

El cine de Quentin Tarantino tiene dos factores que son bajo mi punto de vista los que han llevado a cabo que este cineasta sea un referente para muchos y se quiera o no, una figura imprescindible para explicar el cine norteamericano surgido a partir de la década de los 90. Las raíces absolutamente populares de su cine y su aceptación en muchos sectores de la crítica –de la verdadera crítica que es capaz de orientar y generar debate– son a mi entender las dos principales bazas con las que juega su cine; derivando de estos dos hechos encontramos todo lo demás. El gran público ha encontrado por fin a una figura que colma sus deseos de cine de entretenimiento y que tiene el respaldo de los creadores de opinión. Encontraremos pocos casos a lo largo de la historia donde la aceptación por parte de ese binomio sea tan unánime.

Los films de Tarantino, y con excepcional significancia su ultima obra, jamás tratan de grandes temas, en todo caso no están expuestos de modo fundamental e incluso no hablan de nada que a priori pueda suscitar interés, paradójicamente, sus películas atrapan como pocas, a veces simplemente gustan, pero eso es mucho. Sin embargo nos encontramos ante un auteur más que ante un metteur en scéne que sin trazar una línea temática coherente o clara, se ha caracterizado por concebir el cine de un modo absolutamente personal, el cine de Tarantino se nutre de una cinefilia cultivada en Video Archives, el famoso videoclub donde trabajó durante años y entabló relaciones capitales para progresar en el difícil mundo del cine. A raíz de la cantidad industrial de películas que Tarantino ha podido visionar, las referencias que podemos encontrar en cualquiera de sus obras son innumerables, pero más allá de eso, el director de Kill Bill construye sus films a base de modificar ese imaginario colectivo al que todos tienen acceso moldeándolo bajo su punto de vista. Así, los gángsters de sus películas o los diálogos propios de "tipos duros" no son más que el esquema de lo que fueron en otros films y que procesados bajo la óptica del cineasta surgen como si fueran completamente nuevos y frescos; a través de su cine, los referentes clásicos alcanzan la contemporaneidad. Los films de Tarantino son en definitiva una puesta al día de todo aquello que antes otros desarrollaron y cuya validez se sustenta en la adecuación del modelo a los tiempos audiovisuales que corren. Tarantino, quizá junto a Joel Coen, es un cineasta revisionista.

La adecuación de ese modelo es claramente visible en el conjunto de su obra, con excepción del episodio de Four Rooms, hay en sus films una voluntad por modernizar el patrón a todos los niveles, definición de personajes (y su indivisibilidad de los diálogos), narratividad (fragmentación y situaciones) y por último puesta en escena (siempre marcada por la violencia).

Sobre esto último, la puesta en escena, es sobre lo que más pasa desapercibido su cine. Pero dejando a un lado manías y fobias e intentando analizar las propuestas visuales de Tarantino no hay más remedio que reconocer las muchas virtudes que posee. En una época donde el lenguaje televisivo (epíteto que de por si no tendría que ser despectivo) pues su progresiva banalización lo ha convertido en una palabra peyorativa, es lo que impera, Tarantino sin conseguir escaparse de él y aún cuando otra de sus claras y reconocidas influencias es el cine made in Hong-Kong, se nos revela como un cineasta contenido en última instancia. Lo demostró sobradamente en Reservoir Dogs, otorgándole el ritmo necesario al film sin que se resintiera de constar de una sola localización principal, y lo confirmó con Pulp Fiction, que a grandes rasgos posee la gran virtud de templar la acción con tomas largas y combinándolas con ritmo frenético sin caer en el patetismo videoclipero o sin que se note en exceso su mano detrás de cada una de las elecciones. Combina de algún modo algo sobre lo que Bázin hace ya mucho tiempo escribió, la utilización de la profundidad de campo más wellesiana donde la acción se globaliza mediante la desaparición de cortes que fragmentan la realidad mostrada con formas propias de Renoir o Ford, donde a golpe de montaje la narración se fragmenta para dividir la realidad fílmica y llevar al espectador a centrarse a un elemento concreto.

Baste el ejemplo de las secuencias correspondientes a Vincent Vega y Mia Wallace, que contiene unas variaciones abrumadoras que a mi juicio resumen en gran medida la riqueza de su puesta en escena y que a la postre contiene un brillante uso de las transparencias (sí, Hitchcock otra vez) para reforzar la sensación de artificialidad después del chute. Más a su favor en este aspecto si nos centraramos en el episodio de Four Rooms, sin duda el mejor de los cuatro por su brillante ritmo narrativo o en la para mi fallida por otros motivos, Jackie Brown, un film que huye en todo momento de las anteriores opciones formales del cineasta para descubrir al Tarantino más narrador que formalista.

Kill Bill, como podrán comprobar si no lo han hecho ya, es un capítulo a parte.

La violencia de su cine, otro de los grandes pilares y sobre lo que mayoritariamente suelen llamar la atención sus films, es una violencia naturalizada, ese es quizá el rasgo que más le acerca a la contemporaneidad. Si el cine clásico mostraba esa misma violencia de modo sutil, a veces por la obligatoriedad que suponían los férreos controles de censura, a partir de Tarantino esa opción de mostrar la violencia se generaliza, ya no es reducto de cineastas de serie B o de películas infames. La violencia al estilo de Peckinpah o Scorsese, más latente en forma que en representación explícita se desvanece para pasar a un nuevo status. Además, y sobretodo en Reservoir Dogs y Pulp Fiction, Tarantino es capaz de mezclar situaciones explicitas con situaciones sugeridas mediante una progresión que, cuando debe alcanzar el clímax, se nos revela tan sutil como extrema. La violencia del corte de una oreja que no vemos produce una reacción y sensación violenta porque antes ha sido capaz de construir una progresión encaminada a dar verosimilitud y otorgar un carácter sumamente explicito a un acto que no vemos.

Pero por encima de la violencia, lo que a un servidor más le interesa de su cine es esa obsesión por la fragmentación de la narrativa clásica. Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Kill Bill están construidas a base de fragmentos que no responden a una lógica temporal; en Jackie Brown no es tan acusada y responde a verdaderos puntos de vista diferentes más que a fragmentación del relato pura y dura. No creo que sea necesario defender a estas alturas que esa fragmentación no es en absoluto gratuita, lo que si llama la atención a raíz de estas estructuras narrativas, y ahí es donde se resiente mucho Jackie Brown, es en la definición de los personajes. Esa fragmentación del discurso narrativo permite a Tarantino apuntar a sus personajes mediante tópicos revisados, ninguno de sus dos primeros films se sustenta sobre un personaje protagonista que deba desarrollarse a lo largo del metraje, por tanto la partición favorece al esquematismo y eso, en un film como Jackie Brown, es poco más que un lastre. Los tópicos utilizados por Tarantino, a veces utilizados a modo de parodia, aguantan bien si no están machaconamente expuestos como ocurre en sus dos primeras películas, incluso puede que no importe ante el espectáculo visual que desarrolla como es el caso de Kill Bill, no así en una película relativamente convencional como Jackie Brown que centra su importancia en el elenco de personajes y situaciones, convirtiendo ambas cosas en meras caricaturas.

A nivel de escritura, el cineasta de Tenesse ha dado un vuelco a la cinefília, otro signo de su contemporaneidad. A partir de sus films, muchos olvidaron ya el «si me necesitas silba"» o «"tócala otra vez Sam"» por «no comencemos a chuparnos las pollas», también algunos (espero que no muchos) pasarán de largo ante «Yo creo en América, América hizo mi fortuna. Le he dado a mi hija una educación americana: le di libertad pero también la enseñe a no deshonrar a la familia» para saberse de memoria cierto pasaje bíblico que Tarantino sacó de uno de esos films de Hong-Kong o incluso encontrarán más enigmático al sr. Lobo que a Luca Brassi. Lo que quiero exponer es que la reconocida capacidad para construir diálogos brillantes, a parte de frases geniales y rimbombantes, es igual que con el uso de la violencia, Tarantino alcanza la modernidad. La modernidad de su lenguaje no es por si mismo, sino por el papel que juega por primera vez en un film, además de definir, constata que el cineasta ha recogido los parámetros actuales y los ha insertado en sus films, igual que con su puesta en escena.

También es destacable su minuciosa selección de la música que emplea en sus films, digno heredero de Scorsese en este campo, Tarantino utiliza por encima de todo música popular y construye secuencias realmente portentosas en lo que se refiere a combinar ritmo musical con ritmo narrativo para expresar múltiples sensaciones, pero sobretodo un empleo desdramatizador de la música que juega a su favor cuando debe mostrar acciones violentas o desagradables, el baile de Michael Madsen (Sr. Rubio) en Reservoir Dogs previo a la tortura es quizá el ejemplo más claro al respecto.

Quentin Tarantino es un cineasta capaz de combinar films como Pelham 1,2,3 (The Taking of Pelham One Two Three, 1974. Joseph Sargent) y Atraco Perfecto (The Killing, 1956.Stanley Kubrick), La novia vestía de negro (La mariée était en noir, 1968. François Truffaut) con cualquier film de acción realizado por Ringo Lam, así que si tuviera que definir su cine en unas breves líneas diría que sus films son uno de esos juegos de mesa que tanto le gustan, donde es el y nadie más quien pone las reglas, dónde todo el mundo sin prejuicio intelectual de ningún tipo está invitado a participar, puede gustar o no gustar, pero la honestidad esta fuera de toda duda. Bueno, no todo el mundo esta invitado, pueden abstenerse aquellos que no amen el cine.