Miradas de Cine CAPTURING THE FRIEDMANS  
Por Alejandro G. Calvo

















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De ratones y de niños

Cuando aún los pocos afortunados que han podido visionar De nens de Joaquim Jordà –film únicamente estrenado en Girona y Barcelona tras su pase por el último festival de San Sebastián– continúan con la imagen indeleble de un film-documental que pone en entredicho cualquier tipo de fiabilidad en lo estamentos judiciales, el periodismo o la histérica voz pública, cuando el tema a tratar/juzgar es algo tan escabroso y espinoso como es la pederastia y la pornografía infantil, llega ahora una obra tan terrorífica como es Capturing the Friedmans, una radiografía sobre la descomposición de una familia judía neoyorquina, medianamente acomodada, que en 1988 se vio acusada de diversos casos de sodomía y agresión sexual por parte del padre de familia, Arnold Friedman, y del menor de los tres hermanos, Jesse Friedman. Como comenta Hilario J.Rodríguez en su artículo sobre el film en el Nº333 de la revista Dirigido por: «Basta, por ejemplo, con que se pronuncie la palabra "pederastia" para convertir a alguien en culpable de forma inexorable; basta con hacer uso del término "maltrato" y un hombre se convierte de inmediato en una bestia». Esta afirmación no implica en ningún caso ni la inocencia ni la culpabilidad de los Friedman, puesto que a diferencia del film de Jordà, este no se centra tanto en la falsa ecuanimidad de jueces y periodistas, aunque haya algo latente en diversas partes de la cinta, si no en el particular descenso al horror, merecido o no, de una familia con innumerable material fílmico rodado por ellos mismos, tanto de las situaciones felices antes de que se destapara el caso, como de la destrucción de la estabilidad familiar durante y después del proceso.

Andrew Jarecki compone un film-documental cuya principal vía de narración son las diversas imágenes filmadas en video casero tanto por parte del mayor de los hermanos, David Friedman, como del propio padre, un reputado profesor que impartía clases de piano e informática privadas, durante las cuales, supuestamente, se dieron parte diferentes violaciones a los alumnos que participaban en ellas; dichas imágenes de archivo se mezclan con diferentes entrevistas a gente relacionada con el caso, ya sean familiares, vecinos, algunos de los jóvenes maltratados, y funcionarios relacionados con la investigación y el juicio. El resultado es una película de auténtico terror, donde son mostrados en primer plano, y llevando el concepto de documental a su máxima expresión, a los integrantes de esta familia, cuyo máximo responsable a la vez que reconocía ser un pedófilo, insistía en su inocencia en los cargos imputados: 107 contra él, 245 contra su hijo menor. Sin embargo Capturing the Friedmans está lejos de ser una obra que haya de servir como vía de enjuiciamiento, en absoluto, la culpabilidad o inocencia de los acusados se haya siempre por detrás del retrato de un asalto y derribo contra la estabilidad familiar, tanto por gente exterior a la familia, como la de sus propios integrantes. El poder contemplar, cómo máximo ejercicio voyeurístico -algo evidentemente inherente en la contemplación de todo film, lo vivido por esta perturbada familia en contraposición con su imagen externa, tanto antes como después del descubrimiento de tan execrables actos, es uno de los ejercicios estéticos, en los caudales de lo pornográfico, más impactantes que se pueden contemplar hoy en día en cualquier sala de cine. Su visceralidad y su crudeza asaltan al espectador con la mirada clínica que le impone su realizador, no existe en ningún momento de la obra ningún tipo de indicio que lleve a la manipulación, más allá, de la veracidad de los comentarios que realizan los retratados, aunque la información que se va desgranando a medida que avanza el film es gradual, logrando picos de auténtico desgarro, confiriendo así a la obra un tempo de ficción, muy diferente de lo que hubiera sido si se explica todo en los primeros minutos de la cinta. Esto hace que, por poner un paralelismo fácil, Capturing the Friedmans sea una obra de contenido y no de forma, Jarecki no trata de explorar los caminos de la ficción y lo real como sí realizaban las recientes Ser y tener o Los espigadores y la espigadora, si no que centra su fuerza en lo inherente en las imágenes del film, lo que la convierte en una obra semejante a Bowling for Columbine o La pelota vasca, la piel contra la piedra, películas mucho más interesantes por lo que cuentan que por como lo cuentan que nadie me entienda mal, a mi los cuatro documentales me parecen muy interesantes, pero cada uno por los valores que se me merece.

Mediante esta deconstrucción del material recogido e investigado, Capturing the Friedmans, pone de manifiesto un esqueleto de arquitectura dramática, los escalofriantes testimonios especialmente el del diario filmado de David Friedman en una suerte de confesión consigo mismo, cómo he dicho antes, rozando lo pornográfico que van relevando, entre muchos significativos detalles, la extraña figura de un padre respetable al que se le descubre un pasado incestuoso, así como la marginación de Elaine, la madre de la familia, un extraño personaje que da la sensación de no haberse integrado nunca en el devenir de la misma, y que cuando estalla el escándalo, se ve definitivamente apartada de marido e hijos. El comportamiento bizarro, medianamente reconocido por la familia, acaba por convertirse en un retrato del comportamiento humano más oscuro, una puesta en escena de lo que la enajenación mental puede hacer con la vida de un hombre, una especie de obituario anímico que machaca al espectador, casi tanto como la salvajada retratada en otro escalofriante documental filmado por Rithy Pan: S21, La machine de mort Khemer Rouge, visto en Cannes y Valladolid, sobre las torturas y asesinatos ocurridas en Camboya por parte de las milicias de los Khemeres Rojos, una obra tan descarnada, como posiblemente, ausente de toda ética. Al final de Capturing the Friedmans se nos ofrece incluso un epílogo, lo que acaba por conferir al film un estilo de narración clásica, que se contrapone con su aspecto transparente y poco manipulable, pero que le da forma de un cuento de horror sin capacidad de moraleja alguna. Ver desnudo la obra de Jarecki acaba por hacer dudar de todo estamento ético y jurídico establecido en cualquier sociedad del bienestar, si alguien se haya interesado en intentar profundizar en las raíces del horror, tiene en Capturing the Friedmans un documento que puede aproximarle a un principio básico de la humanidad: la maldad innata en los hombres es difícilmente explicable y/o asumible. Si los mecanismos del bien parecen reforzados por unos mínimos éticos y morales, religiones a parte, la presencia del mal sigue siendo un misterio, y como todo misterio, cuando se destapa, sólo queda al descubierto imágenes y conceptos fragmentados del más puro horror, no hay explicación lógica ni sentido común, por no haber, no hay ni principio ni final, sólo existe la contemplación de lo inenarrable, productos básicos que el subconsciente se ha de encargar de eliminar u ocultar, para poder seguir creyendo que se puede vivir en felicidad.