| ACERCA DE MOVIE MUTATIONS |
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Cartas de cine, pasiones críticas, amores mutantesLa publicación de este artículo significa para nosotros una celebración en varios sentidos. Primero, porque supone recibir la colaboración de alguien a quien consideramos un mentor. En muchos aspectos, la publicación argentina El Amante, por su postura resistente, su carácter combativo y su talante inconformista, se ha erigido en parte esencial de la formación de nuestro espíritu crítico. Aquí, gracias a la amabilidad de Eduardo A. Russo, publicamos una reseña del libro Movie Mutations aparecido en el número 121 de El Amante, mayo de 2002, en la cobertura del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. También es una celebración poder rendir tributo a un grupo de críticos de cine, los autores de Movie Mutations, que comparten con nosotros la creencia de que el cine es un arte vivo. Detectar y descubrir dónde se están produciendo las mutaciones que dan forma al cine de nuestros días es una de nuestras obsesiones. It's alive!Debe haber sido Jean-Louis Schéfer en su poco releído y fundamental L'homme ordinaire du cinéma quien primero resaltó la condición del espectador de cine como una especie de mutante. Un sujeto que en contacto con ese dispositivo se convierte en "un hombre más desconocido", como conviene a ese medio que de acuerdo al Godard de las Histoire(s) du cinéma no es ni un arte, ni una técnica, sino un misterio. Movie Mutations es un libro que tiene que ver con presuntas muertes y revitalizaciones, con extrañas mutaciones en ya raros mutantes. Fue, en primer término, un conjunto de cartas iniciado por Jonathan Rosenbaum. La idea era responder a cierto clima apocalíptico muy fin de siglo: la idea de la "muerte del cine", lanzada en forma temprana por Rossellini hacia 1963 y reforzada por una cinefilia que, asistiendo al ocaso del cine clásico, llegó a sancionar también, para el centenario de la invención Lumière, la extinción de esa relación vital, de pasión crítica y razonada con el cine. De la muerte del cine –que obsesionaba a Godard o Wenders– a la muerte de la cinefilia, como lo condensó en un artículo Susan Sontag: "Decadencia del cine: El amor por las películas como forma de arte se ha convertido en un pasatiempo obsoleto (Ay, por los días de Jean-Luc Godard)". Aunque el tono crepuscular de Sontag no descartaba la posibilidad de sostener una revitalización a través de "una nueva clase de amor por el cine", su pesimismo la mantenía en el plano de la más amarga elegía. Ante la sospechosa defunción, Rosenbaum ideó, junto con Adrian Martin, el cruce internacional que inició desde Chicago. Luego siguieron Martin en Melbourne, Kent Jones en Nueva York, Alexander Horwath en Viena y Nicole Brenez en París. La primera serie de las Movie Mutations se publicó hacia 1997 en Trafic, con el aporte final de su editor Raymond Bellour. Además tuvo una vida online breve pero muy influyente, y se tradujo al holandés, al alemán y al italiano. Aquel intercambio fue para cinéfilos e internautas una excepcional corriente de aire fresco, que contribuyó decisivamente a abrir nuevas preguntas sobre el cine, la crítica y los espectadores. Además de desalojar la pátina de cinismo y los nubarrones de pesimismo tan al uso de la crítica mediática y universitaria, daban las mejores razones para pensar que el cine está vivo, si bien en acelerada transformación. Además, las cartas dejaban entrever algo nuevo en la crítica de cine, avistando un futuro en espacios distintos y con una organización inédita. Crónicas, Biografías, confesionesHubo un lejano punto de partida para Movie Mutations en forma de libro. Hacia 1980, Rosenbaum publicó una maravilla titulada Moving Places - A Life at the Movies, mezcla de autobiografía, ensayo histórico, crítica y análisis cinematográfico en un relato que abarcaba desde su infancia durante los 40 en Alabama, hasta el fenómeno neoyorquino del cine de culto en los 70. Pocas veces antes un crítico atendió a tantas determinaciones cruzadas, a la complejidad con que se ligan la estética y lo social, lo artístico y lo político, lo más íntimamente singular y lo colectivo en el hecho de ver y entender el cine. El antecedente más cercano de la perspectiva rosenbaumiana es el mentado por Godard cuando emitió su conocida sentencia: "él es como Bazin". Jocosamente, JR afirma respecto de la "conspiración" lanzada por Movie Mutations que fue precisamente esa función movilizadora de voluntades, esa vocación por abrir el juego propia de Bazin la que lo llevó a promover el proyecto, aunque se lo pueda comparar con un Mabuse generoso. Movie Mutations. Cartas de cine, con su título a dos lenguas y su edición argentina, suma a la original una ronda de cartas escritas este mismo año por algunos de los mutantes de entonces (Martin, Brenez, Rosenbaum) más otros en cuya formación han intervenido ideas y el espíritu de aquellos textos: Mark Peranson y Fiona Villella. Aportes decisivos, no sólo porque pertenecen a la joven crítica (justo o casi 30 años, respectivamente) sino porque están desarrollando un excepcional trabajo como editores de las publicaciones Cinema Scope (Canadá) y la australiana Senses of Cinema. Esta vez el instigador fue Quintín, que en el Bafici 2001 reunió en Buenos Aires a tres mutantes (JR, AM, NB) para una mesa redonda. La serie cierra de modo provisorio, ya que el libro es, en su estructura abierta, el informe de un proceso en marcha. En 2003, el British Film Institute publicará un volumen sobre el tema, editado por Rosenbaum y Martin, en el que intervendrán más voces y se discutirán más ideas extendiendo la red ya tendida. El estilo de estas cartas de cine es rico en contaminaciones entre lo "alto" y lo "bajo", entre las consideraciones de extrema gravedad y la acotación traviesa, los conceptos teóricos y las anécdotas autobiográficas. Sus interlocutores abarcan un amplio arco, desde el impulso inconfundible de JR y las acotaciones de Jones y su reflexión sobre lo pop, pasando por Martin y Villella, en su lucha por generar un espacio de discusión seria y no necesariamente de claustros en relación con el cine en el ámbito australiano, las peripecias como críticos y programadores de Horwath y Peranson, la brecha increíble abierta por Brenez en la universidad y la Cinemateca Francesa, las puntuaciones y hasta las reservas de Bellour y la aguda incitación de Quintín. Atraviesan a este librito, en menos de 100 páginas, algunas de las más brillantes ideas esbozadas sobre lo que estamos viviendo en el cine durante estos últimos años. Es tarea de cada lector conectarla con su propia experiencia y estimular sus propias conclusiones, ya que está precisamente escrito para eso. Mutantes del mundoSi hay un programa para Movie Mutations es el de crecer en red. No obedece a la lógica de grupúsculo liderado por una cabeza, sino que es un intercambio desde el inicio orientado a atender razones y modalidades de contacto con el cine que acaso mejor percibidas por otros. La confluencia nació internacional: cuatro lenguas, seis países, con ganas de sumar más (los cinéfilos han tenido desde siempre fenomenales anticuerpos contra los virus nacionales: nunca hubo cinefilias nacionalistas, y de allí el germen de su aspiración -y temprana explosión- global). Rosenbaum y Martin, atentos al desequilibrio inicial, están trabajando para incorporar voces frecuentemente silenciadas por una globalización unidireccional, escriban en griego, en coreano o en farsi, es preciso discutir también con quienes en Atenas, Seúl o Teherán intentan hoy capturar con palabras eso que se piensa en el cine. Traducción mediante, todos tienen en común una confianza en los poderes de la imagen, la impresión de que está casi todo por aprender, y que el cine no es sólo una reserva de material ilustrativo de problemas generados en otros ámbitos, o de elementos probatorios en una querella en marcha. Se trata de pensar qué hacemos buena parte de nuestra vida pegados a una pantalla, y por qué eso es parte de lo que somos. Qué lugar ocupa en nuestra experiencia esta maquinaria que se hace inseparable de nuestro mundo y sin la cual seríamos muy diferentes. La crítica como intervención sobre un cine en el mundo. En la serie 2002 insisten traumáticamente dos temas: los atentados del 11 de septiembre y la crisis argentina. Lejos de las caricaturas de sus detractores –tanto desde el mercado mediático como desde la academia– la recurrencia demuestra cómo la cinefilia es una militancia que responde a la verdad de su deseo y a una dinámica de resistencia, no a los imperativos de un poder. Se trata de entender a la crítica no como un discurso sobre el cine, sino del cine, lo que implica una forma concreta de intervención. Y es esa fuerza la que le da chances de ampliar la mirada aun en contextos opuestos o hasta funestos, sin subordinarse a la lógica de la mercancía, sin ceder a la tentación de la ironía, regodearse en las penumbras de un pesimismo terminal o explicarlo todo desde alguna disciplina. Siempre se insiste, y es cierto, en la condición solitaria de los cinéfilos. Estas cartas de cine se afirman en algo no menos verdadero: esa dimensión social que los hace curiosos seres gregarios con posibilidades de cambiar, si no el mundo, al menos unas cuantas formas de ver y mejor pensar el cine como parte decisiva del mundo que habitamos. En el presente artículo se habla de la edición argentina de Movie Mutations, convertida ya en objeto de culto por lo límitado de su tirada. Ante la práctica imposibilidad de adquirir esa edición, adjuntamos las indicaciones para poder adquirir la editada por el British Film Institute: Movie Mutations a la venta en Amazon Enlaces de interés |