Miradas de Cine KILL BILL VOL. 2, de Quentin Tarantino   Interculturalidad II
sumario
Por Alejandro G. Calvo
Cartel de la película
Miradas de Cine © 2002-2004

El día de la muerte de Bill

Tras todo lo escrito y leído sobre la primera entrega de este particular díptico que ha significado el regreso de Quentin Tarantino a la primera plana cinematográfica, casi me quedo con la aseveración que realizó Nando Cruz para el programa "Días de cine" en el que aseguraba, que Kill Bill Vol.1, más que ser un film de personajes tarantinianos, era una película que les hubiera encantado ir a ver a los protagonistas de Reservoir dogs, Pulp fiction y Jackie Brown, para luego charlar sobre ella entre cafés, cigarros y, por que no, apuntándose unos a otros con sus respectivas armas a la cabeza. La escasez de diálogos rocambolescos en contraposición con el exceso de una violencia exclusivamente estilizada, hacían de la contemplación del primer volumen como una experiencia estética con la erótica puesta en la imagen, en un combinado de referencias fílmicas y metafílmicas que entraban de lleno en territorio de la serie B norteamericana, los films de artes marciales de Hong Kong y ciertos aromas a los eurowesterns de Corbuccio y Leone. Repudiada por su consciente vacuidad dramática o alabada por sus abusos visuales y sus exabruptos violentos, los que ya creían poseer un juicio definitivo tras ver el primer volumen, prácticamente pueden borrar y hacer cuenta nueva, sobre sus prejuicios o filias hacia el cine de Tarantino, pues si bien Kill Bill Vol.2 rompe, a pies juntillas, la coherencia dramática de una obra completa, acaba ofreciendo una renovada reflexión artística, con una mayor complejidad en la definición de personajes, y una consecuente relajación en el contenido estrictamente violento, para convertirse en una obra que acaba mezclando lo mejor del Tarantino pre y post- Kill Bill Vol.1 .

El volumen 2, con un doble salto mortal de lo kitsch a lo camp, rompe tanto la estructura narrativa como la dramática del espíritu global de la historia. A nivel narrativo, la estructura fragmentada pasa por desarrollarse bajo una trama prácticamente lineal, de la que se escapan dos flash-backs estrictamente explicativos: (1) El de la matanza en El Paso que abre la película, rodado en un fascinante blanco y negro, y que ya sirve para marcar diferencias respecto al anterior film, predominando el diálogo como arma de expresión estilística desde el primer momento. (2) El entrenamiento de La Novia bajo la tutela de Pai Mei –una perfecta ocasión para que Tarantino trabaje con uno de sus ídolos, el actor Gordon Liu–, rodado siguiendo la estética de la serie Kung Fu, con colores apagados, cámara vibrante y zooms dislocados. A nivel dramático, se podría hacer una analogía sencilla, diciendo que el primero de los volúmenes narraba la historia de La novia, mientras que el segundo, cuenta la historia de sus enemigos, verdaderos ejes principales de la cinta.

Mientras en Kill Bill Vol.1 ni Vernita Green, eliminada demasiado rápido para confiarle cierta entereza dramática, ni O-Ren Ishii, que es más un icono que un personaje trabajado, ya desde el mismo instante en que se narra su juventud en clave anime, poseían más máscaras que las que les propinaba el hecho de ser los malos del film, los objetivos de la novia, en Kill Bill Vol.2, Budd, Elle Driver y Bill, aportan, antes de someterse a La Novia , sus pedazos de historia, con mucha más tristeza que grandeza, algo a lo que ayuda tanto, el guión de Tarantino como las excelentes interpretaciones de Michael Madsen, Daryl Hannah y David Carradine. En este volumen, Tarantino deja hablar a sus personajes, así, Budd, el hermano de Bill, aparece como un perdedor que trabaja como gorila en un strip-tease de tres al cuarto, el único del escuadrón que parece poseer un cierto sentimiento de culpabilidad, aunque, también parece ser el único capaz de detener a La Novia (o por lo menos, el que más cerca está de lograrlo), quizás por ello, no es La Novia la encargada de acabar con él.

El segundo, o el quinto, según se mire volumen a volumen o como un único film, de los objetivos, pasa por ser la antagonista de La Novia , la otra rubia del escuadrón, Elle Driver, que se confiesa como enemiga por pura celosía, ella debía haber ocupado su puesto, y el hecho de llegar a creer que haya muerto a manos de Budd, le crea un fuerte resentimiento con este. El duelo entre ambas rubias dentro de la decrépita caravana de Budd, pasa por ser el mejor mano a mano de todo Kill Bill , donde la violencia aparece en primer plano y sin fisuras, Tarantino deja las citas para caer en el territorio que mejor conoce: el del juego macarrónico de los diálogos y los estallidos de violencia absurda. Este progresivo avance en las formas del film, acaba por encontrarse definitivamente con el Tarantino seguramente más esperado, en su encuentro final con Bill, el discurso de este sobre la dualidad de Superman-Clark Kent, resulta el momento dramático más intenso del film, donde por fin, quizás innecesariamente, se cierran todas las preguntas con respuestas más o menos previsibles. Por fin en Kill Bill , algo de lo que yo soy el primer sorprendido, aparece una escena netamente dramática, casi elegíaca, en la que Bill y La Novia se sinceran, para posteriormente, dar pie al título de la obra completa.

Una buena aseveración sobre el cómputo global de esta magnífica obra, la ofrece Àngel Quintana en su artículo para el film publicado en Dirigido por N°335, en la que asegura que «Kill Bill Vol.1 apunta hacia lo nuevo mediante lo viejo, mientras que Kill Bill Vol.2 apunta desde lo nuevo hacia el cine anterior de Tarantino», lo que nos confirma que la grandeza de Kill Bill no lo es tanto por el resultado final si no por la suma de las partes. Puede cada uno quedarse con el volumen que más lo guste, aunque eso no haga más que limitar su propio territorio de disfrute como espectador, por que nadie se ha de llevar a engaños, Kill Bill es, ya lo dije en su día, un puro disfrute cinematográfico, como pocas veces el cine consigue actualmente.