| WONG KAR-WAI: 2046 |
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El poder de lo efímeroComo lector de críticas, crónicas y comentarios cinematográficos, sé que el relato personal o el diario íntimo como forma de análisis cinematográfico conlleva un alto riesgo de fabricación de textos autocomplacientes y carentes de todo interés. En adelante les presento un diario de mi relación con 2046, esperando que cada fase de este viaje personal pueda servir para completar la visión de una de las obras más complejas, calidoscópicas y valientes de los últimos tiempos. Consta ya en los anales de las extravagancias cannoise el sonado retraso con el que se proyectó 2046 allí. Era sin duda la película del festival. Su disposición en la parrilla de programación, en el penúltimo día del certamen, y los rumores acerca de los problemas de WKW para terminar la película ya hacían intuir el desastre, que se materializó de diferentes maneras: retraso de la proyección y la constancia de que la copia que iba a exhibirse era un montaje provisional de la película. Todo esto ni hizo más que aumentar la expectación ante una película que veía incrementada su dimensión mítica. Encontramos aquí, la primera paradoja entorno a la figura del director de Hong Kong: su extraña relación con todos los estamentos de la industria. Para un productor, WKW, una de las marcas registradas más cotizadas del mercado de autores, es un arma de doble filo. Por una parte, es bien conocido el peculiar método de trabajo del realizador asiático. Su trabajo sin un guión cerrado, junto a su concepción de obra fílmica como un cuerpo informe abierto a la digresión y la improvisación (no es nada nuevo comparar su cine con la música jazz), hacen del método WKW un potencial quebradero de cabeza constante para un productor. En varios apartados, desde su definición de creación artística, el manifiesto estético que representa y sus condiciones temporales de realización, 2046 es la obra más radical de su autor. Sin embargo, para comprender por completo desde el punto de vista industrial la figura del WKW, hay que atender a su dimensión mediática. Desde la confección de una imagen pública misteriosa y hermética, siempre resguardado por los cristales oscuros de sus gafas de sol, hasta una cierta obsesión por mantener en secreto sus movimientos, algo que únicamente sirve para generar multitud de rumores en cuanto a sus proyectos presentes y futuros, WKW es un foco de atención continua. Una clara demostración de su poder mediático se vivió en el mismo festival de Cannes, donde muchos medios prefirieron abrir una de sus coberturas diarias con el anuncio del retraso de la proyección de 2046 por encima del análisis de las películas vistas en competencia. Cuatro años han pasado desde que se estreno In The Mood for Love, obra cumbre de su director. Y sin embargo, lejos de una perspectiva matemática, no podemos decir que WKW se haya pasado cuatro años fabricando 2046, ya que el proyecto empezó a tomar forma durante el rodaje de la anterior. El solapamiento de sus proyectos es otra de las excentricidades del director. La espera ha estado plagada de rumores. La película llevaba tres años figurando entre las quinielas de posibles competidoras en el festival más importante del mundo. Esta atención por parte de los festivales de cine hacia la figura de WKW podría ser más relevante de lo que parece. El idilio de WKW con los grandes festivales empezó desde su primera película, Ashes of Time, con la que participó en la Semana de la Crítica de Cannes de 1989, después vinieron Venecia o Toronto, hasta que se produjo el feliz reencuentro, en el que Cannes le recibió en el corazón de su oficialidad en 1997 con Happy Toghether, con la que ganó el premio al mejor director. Su siguiente película ya permitía avecinar lo que acabaría sucediendo con 2046, In The Mood... fue presentada en Cannes sin un título confirmado y, al parecer, sin títulos de crédito. WKW y Cannes viven una historia de amor simbiótica: Cannes cede todo lo que puede ante los caprichos de su niño mimado y a cambio consigue que éste baje de vez en cuando de su olimpo creativo para mostrar sus obras en la casa del padre. Hay quien afirma que sin festivales de cine WKW no acabaría nunca sus películas. Jueves 20 de Mayo. Sala Debussy. La proyección de 2046 me dejó en un estado de incómoda perplejidad. Turbado por la decepción, listo para lanzar el juicio apresurado con el que fabricamos nuestros argumentos los que decidimos cubrir un festival con crónicas diarias, me posicioné en el bando de los críticos. Entonces me pareció que con 2046 WKW se limitaba a efectuar una repetición de una propuesta formal de comprobada eficacia. Planteada como una secuela de In The Mood..., 2046 llevaba al extremo todos los tics que formaban el imaginario estético de su realizador. Saturando el metraje hasta la constricción mediante sus estilizadas cámaras lentas, rápidas y otras manipulaciones de la imagen, WKW confeccionaba un cuerpo fílmico ahogado por sus propios ingredientes formales. La cargante artificiosidad de la puesta en escena se encontraba acompañada por una apuesta narrativa no menos enrevesada. Confeccionada como un puzzle de diferentes historias de desamor que deambulan entre presente, pasado y futuro, realidad y ficción, resultaba complicado llegar a capturar la esencia de lo que el director intentaba transmitir. Entonces 2046 me pareció una película sintomática de una cierta intensificación del manierismo de algunos de los realizadores más importantes del momento. Un ejercicio de vaciamiento del contenido en favor de una preponderancia del continente, de la forma. Encontraba esa misma tendencia en otras películas presentadas en el mismo festival, como Kill Bill de Tarantino, La Mala Educación de Pedro Almodovar o Life is a Miracle de Emir Kusturica. Un camino hacia la plenitud o la crisis de una postmodernidad radical. Todas estas apreciaciones resultaban especialmente sorprendentes cuando 2046 era una clara continuación de In The Mood... (obra en la que el equilibrio entre forma y fondo me parece ejemplar). Aunque más que secuela o continuación, podría hablarse de reverso. Porque mientras en la primera todo era contención amorosa arropando una pasión desmesurada, su continuación nos proponía una materialización exuberante y lasciva de las pasiones de sus personajes, sin ninguna posibilidad de empatizar con sus pesares y sufrimientos. En 2046 los cuerpos insondables de In The Mood... se desnudan ante la cámara, pero sin embargo se convierten en espectros muertos bajo un ejercicio de cálculo formal. También contrapuestos son los armazones narrativos de ambas películas. Mientras In the Mood... se plantea como un único y sublime deseo que no puede materializarse, como una relación sexual llevada al infinito por una sobrehumana capacidad de contención; 2046 pone en escena un deseo atomizado, escindido en mil historias sucesivas y paralelas, una relación multiorgásmica de coitos interrumpidos por el desamor. La primera impresión que me causó 2046 fue la de un paso adelante y hacia el abismo dentro de la carrera de su director, la forma más extrema y arriesgada de un sistema creativo guiado más por la intuición que por la previsión. Esta consideración fue cambiando considerablemente a medida que fui descubriendo la obra previa del realizador. En los meses siguientes a aquel primer encuentro con 2046 tuve la oportunidad de ir conociendo casi toda la filmografía de su director. Y descubrí que 2046 no sólo funcionaba a partir de su referente más cercano (In the Mood...), sino que también encontraba puntos de apoyo en obras anteriores de su director. El más obvio era Days of Being Wild, primera parte de una trilogía en la que podrían englobarse las tres obras mencionadas. 2046 comparte con Days of Being Wild su fisonomía descentralizada, en la que la narración no gira entorno a un único hilo conductor, sino que va saltando de una personaje a otro, bifurcándose, adoptando distintos puntos de vista (con varias voces en off), configurando una obra en la que el todo narrativo y formal apuntan a una idea abstracta de la soledad, del poder de lo efímero, de la brevedad del deseo y de la eternidad del recuerdo. Es esa voluntad por reflejar un estado del alma mediante un cuerpo narrativo desmembrado el que persigue WKW en 2046. Aunque la gran diferencia es que ahora existe el precedente del deseo pleno, el que sintió Tony Leung por Maggie Cheung. Y más allá de la posibilidad del amor, ahora WKW sólo puede hablar de la constatación de la imposibilidad de su duración. En 2046, WKW recupera también otros elementos característicos de su cine anterior a In the Mood... . Desde las referencias explícitas que conectan Days of Being Wild con 2046 (el personaje interpretado por Carina Lau o el uso de la pieza musical que acompañaba el epílogo de la primera, la presentación del personaje de Tony Leung) hasta el uso reiterado de referentes temporales que intensifican la fugacidad de los momentos vividos y la durabilidad de sus reminiscencias. Algo con lo que WKW jugaba en As Tears Goes Bye, Chunking Express o Fallen Angels y que en 2046 alcanza su máxima expresión en la descripción del dolor infinito vivido por la androide Wjw 1967 (Faye Wong) cuando la vemos sufrir mientras se intercalan rótulos que nos indican que han pasado 10, 100 y 1000 horas. También el día de navidad se convierte en un referente continuo en 2046. Otro elemento recuperado de Chunking Express es la existencia de personajes que en pleno trastorno afectivo deciden dialogar solos. En Chuncking..., Tony Leung le hablaba de su desamor a los más variados objetos que encontraba en su habitación, mientras en 2046, Wang Jing Wen (Faye Wong) habla sola cuando su amante japonés la abandona empujado por el rechazo del padre de ella. Hace pocos días pude asistir a la proyección de la película que se estrenará en España bajo el título de 2046. Tras su pase en Cannes, WKW decidió volver a la mesa de montaje para terminar de retocar la versión final de la cinta. La diferencia más clara entre la versión presentada en Cannes y la versión comercial es que la segunda es bastante más clara que la primera. En la versión comercial la voz en off del señor Chow (Tony Leung) es un soporte más importante para la comprensión de la película. Mediante el relato en off se nos sugieren importantes pistas acerca de la relación entre los sucesos que vive el personaje y las recreaciones de las fantasías futuristas que escribe. También se percibe una ligera reordenación de la película, tendiendo más a una estructura por bloques, en las que cada romance truncado tiene su espacio independiente, cuando en la versión cannoise la estructura era más deslavazada, en la que unas historias tendían a solaparse casi arbitrariamente con otras. Tras esta segunda proyección tomé conciencia de la osadía de WKW al atreverse a realizar una película cuyo núcleo dramático se haya fuera de la propia obra. En un radical ejercicio de fuera de campo, todo lo que sucede en 2046 tiene como eje traumático la historia de amor que sucedía en In the Mood.... Todos los comportamientos del señor Chow (Tony Leung) sólo pueden comprenderse si se conoce la herida que guarda en su corazón. 2046 tiene la consistencia de un castillo de naipes. Deforme, desequilibrada y excesiva, es una película que reniega de lecturas precipitadas. Su solemnidad, maestría técnica y virtuosismo escénico parecen esconder un grave estado de fragilidad. Puede que el tiempo nos ayude a comprender sus debilidades o puede que quede en nuestro recuerdo inmóvil y perpetua como los amores fugaces del cine de su director. |