| OLVÍDATE DE MÍ (Eternal Sunshine of the... M. Gondry, 2004) |
|
|
|||||||||||||||
La desintegración de la persistencia de la memoriaI. ¿Quién o qué es Charlie Kaufman?Si existe en la actualidad alguien que examine todos y cada uno de los perfiles que conforman algo tan complejo como el ser humano, para bien o para mal, ese alguien es Charlie Kaufman. Retratista imisericorde del tiempo que le (nos) ha tocado vivir, su escritura queda fija en un aparente surrealismo argumental y estructural que no hace más que potenciar una mirada cínica, desencantada, oscilante entre un romanticismo extremo y una íntegra aceptación de la innata estupidez humana. Más que en ningún otro caso, al hablar de Kaufman se debe hablar de un demiurgo que basa su estilo personal en una serie de contradicciones internas de las que ni él mismo es capaz de escapar: sus personajes se debaten entre asumir una identidad social, común, que los integre en el colectivo que forma la masa o asumir su condición individual, condición que, inexorablemente, los relegará a la incomprensión y a la marginación general (Cómo ser John Malkovich); asimismo, el eje de sus vidas puede estar condicionado por una relación (auto)destructiva de la que ansian, a la par que temen, librarse totalmente y que les conduce a un constante eterno retorno, prueba fehaciente de la extrema incoherencia de esto que llamamos vida (¡Olvídate de mí!); de igual manera, la propia personalidad de Kaufman ha quedado expuesta a éstas mismas disquisiciones con el desdoblamiento (profesional y particular) al que quedó sometido en Adaptation, es decir, el desdoblamiento creativo y el constante dilema entre la composición íntima y las exigencias comerciales, así como una similar segmentación, de raíces esquizoides, entre dos personalidades tan escindidas como, en el fondo, interdependientes. Por todo ello, el cosmos de Kaufman deviene un insondable carnaval en el que la realidad y el delirio se dan cita sin que ninguno prevalezca claramente. Un exponente escalofriantemente verídico del desquiciamiento de la sociedad contemporánea. II. ¡Olvídate de mí! El olvido como efugio existencial¡Olvídate de mí! es una pieza radicalizada en todos y cada uno de los sentidos. Más allá de su organización literaria y de su supuesta desestructuración en el devenir narrativo, el film se erige en un espeluznante grito de angustia vital, sin duda el más sincero que se ha podido ver en el cine contemporáneo. La sublimación del olvido como el último recurso para la plena estabilidad emocional y, por extensión, para la plena armonía social, plantea la declaración de intenciones tanto de Kaufman como de Gondry. El primero edifica la superficie de una topiquera historia de amor para acabar dinamitando los recursos propios de este tipo de cine y acercarlo al terreno de la pesadilla kafkiana. En efecto el personaje de Joel Barish se ve inmerso (al igual que Joseph K. o Gregorio Samsa) en una situación incontrolable, amenazado por unos elementos que no llega a entender plenamente pero de los que ha sido (consciente o inconscientemente) parte importante en su activación. No obstante, uno de los principios que diferencian la posición del escritor checo de la de Kaufman es que mientras los personajes de Kafka afrontan su situación, sea cual sea su consecuencia, movidos por un insondable sentimiento de culpa, Joel no acepta las circunstancias en las que se ve inmerso y que él mismo ha provocado, intentando encontrar un resguardo en lo más recóndito de su memoria donde permanecer. Es decir, la escisión de la personalidad vuelve a quedar patente (al igual que en Adaptation ) y, en este caso, extremizada. Joel se rebela contra una decisión por él tomada, consecuentemente, la insurrección es contra sí mismo haciendo evidente (con la inestimable ayuda del contenido rostro de un espléndido Jim Carrey) la fragilidad de la condición humana, sus constantes dudas, su insignificancia, su vagar constante en el intrincado laberinto de titubeos y temores en que ha quedado convertida su consciencia. Gondry, por su parte, concibe una puesta en escena dolorosamente catártica. Sostenida en la gélida fotografía de Ellen Kuras, el autor de Human Nature no realiza ni la más mínima concesión aportando una base formal que fusiona, admirablemente, fantasía y realidad sin que entre ellos se halle la menor diferencia. Ateniéndonos al prisma otorgado por la construcción de Gondry, el mundo de los recuerdos de Joel no se encuentra sólo en su mente si no en cada centímetro del universo que lo envuelve, ambos se cruzan en cada color, en cada forma o en cada mecanismo pictórico o de construcción del plano (los encuentros entre Carrey y Winslet) de una dirección que potencia el elemento del fatum que se encontraba únicamente esbozado en el guión de Kaufman. ¡Olvídate de mí! no es una película fácil de visionar. Lo exacerbado de su propuesta puede provocar el mismo rechazo que (como bien apuntó mi compañero Manuel Ortega en su crítica) incitó El año pasado en Marienbad de Resnais en 1961. Eso sí, todo aquél que acepte sus premisas y entre en ella sin rechistar se acaba dando de bruces con una obra absolutamente maestra. |