| Nuevo Cine Argentino Independiente | |
| Al intentar dar cuenta de un fenómeno social, se acostumbra a recurrir, en pos de una pretendida objetividad (o verdad, en términos aun más anacrónicos), a enumerar una multiplicidad de factores, que en conjunto (siempre alguno con mayor preponderancia que otro, aunque nunca se debe explicitar esta tendencia para no ser tildado de determinista) posibilitaron que aquel fenómeno tuviera lugar, aconteciera. Como no es mi intención rebatir esta metodología analítica, la voy a adoptar aspirando a comprender qué es esto del "Nuevo cine argentino independiente". Se podrían argumentar decenas de factores que asociativamente condujeron a producir este fenómeno. Algunos lejanos, otros cercanos, otros circunstanciales, otros estructurales. Algunos obvios, en su mayoría temerarios. Dentro de estos últimos (los que más me atraen, por cierto) se podría ubicar el llamado derrumbe de los grandes relatos políticos-sociales, o fin del relato bífido (simbolizado en la caída del muro del Berlín), y la consiguiente homogeneización discursiva neoliberal. Esto habría hecho surgir la necesidad (o habría otorgado la posibilidad) de que nuevos relatos confronten (diversifiquen, expliquen) con el triunfante discurso globalizado. Así, pensando desde la producción de cine, una explosión de nuevos relatos habría invadido la escena, dando cuenta de una diversidad de puntos de vistas, de formas de ver, entender, vivir la realidad, complejizándola, transformándola, enriqueciéndola (aunque más de un romántico modernista, desapruebe esta fragmentación –posmo–, aduciendo que no es más que un viraje pseudo democratizador del mismo poder por eternizarse) En Argentina este proceso se daría, pero particularizado (¿potenciado?). Encontrándonos (pos caída del muro) en el decenio más alocado que pueda imaginarse: el decenio del menemato. En ese contexto, y volviendo a la temeridad argumentativa, podría pensarse el surgimiento de este "nuevo cine ", más allá del entramado pos moderno en el que surge, como una necesidad casi catártica de mantener la cordura (tanto desde los productores de este cine, como de sus espectadores) Ya que Yuyito Gonzalez no era lo mismo que Catherine Deneuve, ni Guillermo Francella lo mismo que Gerard Depardieu, y que había otras realidades vivibles (e imaginables) más allá de la mostrada por la televisión privatizada. Las nuevas producciones habrían actuado como bálsamos ante la angustiante frivolidad mediatizada, y como pócimas ante paraísos dolarizados encandilables. Aunque no habría que olvidar, continuando en la búsqueda de factores que argumenten sobre la aparición y auge del movimiento artístico que nos ocupa, que a pesar de lo quimérica que resultó la abundancia económica del periodo menemista, las posibilidades de adquisición de equipamientos tecnológicos estuvo a una cercanía pocas veces vista para ciertos sectores sociales, entre ellos los nuevos directores de cine, que bien de forma individual o colectiva, pudieron acceder a tecnología impensable años anteriores. Y esto estaría relacionado a nuevas formas de producción cinematográfica, que tienen que ver con el uso de cámaras digitales, que relativamente democratizaron la posibilidad de la realización de una película, aunque manteniendo las distancias obviamente en cuanto a la distribución y comercialización de las mismas. A esta altura resulta vana la intención de saber cuál de estos (u otros) factores influyó de manera más decisiva para la conformación del concepto (porque no es mucho más que eso, un conjunto de palabras que pretende unificar una diversidad) de "Nuevo cine argentino Independiente". Quizás habría que detenerse en la necesidad de enunciación, que este grupo de películas generó. Y toda enunciación es un acto creativo y único, más aun la nominación primera, originaria, generadora de un nuevo concepto (y hablamos de un concepto que tuvo y tiene adhesión, legitimada por su uso). El acto nominativo es un acto de fuerza, que delata una lucha, la lucha por la palabra, por el discurso. El "Nuevo cine argentino independiente", así enunciado, busca pelearse, y lo hace, dejando entrever, en una primera y grosera mirada, que habría un "viejo cine argentino dependiente", del cuál se desea despegarse. Un viejo cine hecho por gente vieja (lo nuevo convengamos que siempre es más joven que lo viejo, y no hablo solo de edades). Gente vieja, parecería, en sus concepciones estéticas, en sus formas de contar historias, en la elección de estas historias, en sus maneras de conseguir financiación (ligado esto a estar o no –mucho o poco– condicionado en la producción misma). Esta nominación, como cualquier otra, produce (quiere producir, anhela producir) rupturas. Ahora, si esas intenciones de ruptura, se transforman en leves rajaduras sin que los cimientos se mosqueen, en la demolición del edificio en pos de otro nuevecito, en el estirpamiento del inmnueble pa' dejar crecer el pasto, o en la construcción de una nueva habitación para los nenes en el viejo edificio, eso la historia nos lo revelará. Y rupturas sí que hay (hubo), sí que existen (se ven). Hasta los rastreadores metodológicos de la verdad pueden enumerar los efectos concretos que ese nuevo concepto produjo (se podría –y debería– dudar de la existencia de un género cinematográfico –con cierta homogeneidad– tal como "nuevo cine argentino ", pero absurdo sería obviar el tendal de palpables signos de ruptura que produjo) Tanto las novísimas escuelas de cine, que junto a las ya existentes, desbordaron de proto directores cinematográficos, como el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (surgido en 1999), un fenómeno descomunal de espectadores y cinéfilos, surgen como estas huellas ineludibles y representativas en la escena de las artes visuales argentinas hoy, generadas explícitamente por esta operación de ruptura, por esta construcción conceptual. Brevario leve y arbitrarioHaciendo un básico relevamiento de las películas que conforman el "Nuevo cine argentino independiente", se suele ubicar a la película de Martin Rejtman, Rapado, de 1991, como la que origina el movimiento, aunque también se suele decir que la parición mediática del mismo fue con Pizza, Birra, Faso (de Stagnaro y Caetano) en 1997. No podría obviarse el conjunto de cortos que bajo el nombre de Historias breves (1995), elaboraron un grupo de nuevos realizadores (entre ellos Caetano, Stagnaro, Gugliotta, Martel y Rosell, los cuales en el devenir de los años entregarían títulos fundamentales para el emergente movimiento), ganadores de un concurso del INCAA (Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales). La diversidad de temáticas abordadas, de concepciones formales esgrimidas, de géneros visitados (y forzados, a veces resignificados), de estéticas elegidas, hacen imposible el agrupamiento clasificatorio de los filmes que formarían parte del Nuevo cine argentino independiente (un signo más de la complejidad del asunto). Por lo que solo me dignaré a listar aquellas que fueron las producciones más representativas. Así podriamos citar a la ópera prima de Mariano Galperín, 1000 boomerangs (1994), en la que actúa Vicentico, líder de una banda rock latino/antes ska, y que da cuenta de una cuestión no poco relevante, como es la de la recurrente presencia de actores no profesionales en muchas de las películas del "Nuevo cine ". A Daniel Burman con su ópera prima Un crisantemo estalla en Cincoesquinas (1997). A Pablo Trapero con su múltiple premiada Mundo grúa (1999), protagonizada por Luis Margani, un maquinista devenido en actor (interpretando a un maquinista), el cuál ganó el premio a mejor actor en el Festival de cine independiente de Bs As, y a su última y corrosiva obra El bonaerense (2001) con la cual se entremete de forma despojada y con cierto lirismo con una temática compleja, como es el mundo de la policía bonaerense. A Bonanza (2001, Ulises Rosell), un original falso documental sobre una familia "no tan normal" con música original de Manu Chao. Al minimalismo extremo en La libertad (2001, Lisandro Alonso), producida por Pablo Trapero, y que ¿sólo? relata el día en la vida de un hachero. A Bolivia (Adrián Caetano, 2001), que mantiene la línea de realismo marginal abordado en Pizza, birra , enfocado en este caso en la xenofobia. Y del mismo director el genial western urbano llamado El oso Rojo (2001). Es destacable la presencia femenina en el "Nuevo cine argentino ", no solo desde la actuación sino desde la dirección. En este sentido aparecen La ciénaga (2001) debut de Lucrecia Martel, actualmente trabajando bajo producción de Almodóvar. Verónica Chen, con Vagon fumador (2001), Herencia (2001) de Paula Hernández, y la recientemente estrenada Tan de repente (2002, Diego Lerman), que relata en blanco y negro la relación de tres chicas de veintipico. El cine de Raúl Perrone, con sus costumbristas historias, filmadas con escasos recursos, es también un referente ineludible. Al igual que la maravillosa y perversa Buenos Aires Viceversa de Alejandro Agresti. La lista se hace extensa, aunque no se podría dejar de nombrar títulos como El descanso, Silvia Prieto, Sábado, 76 89 03, Esperando al Mesías, Caja negra, NS/NC, Solo por hoy, Nadar solo, ¿Sabes nadar?, Picado Fino, Prohibido, Mala epoca, Mercano el marciano, Balnearios * * * * * * * * * * ¿Construcción mediática? ¿Nouvelle vague argentina? ¿Estrategia comercial? ¿Nuevo cine argentino? Poco importa, lo cierto es que hay nuevas películas producidas por nuevos directores argentinos que generan sensaciones, cuestionamientos, modos de comprender la realidad, a veces, novedosos. Si esto es absolutamente original y cambiará la historia del cine argentino, una mera operación de reciclaje, o una maniobra comercial escondedora de vacío conceptual y estético, se verá. Mientras tanto disfrutemos este veranito. Póngase las gafas señora, acomódese y goce. |