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Separaciones y otras |
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Tres pelis tres. Una argenta, otra brasilera, otra coproducida por latinoamericanos y europeos. Tres escritos tres, elaborados por tres personas tres. Dos de ellas noveles colaboradores de la sección: la dama –socióloga ella– Valeria Galván, y el señorito –estudiante de Letras él– Sebastián Hernaiz. El tercero –en eterna discordia– yo, el de siempre, el que mira desde la fotito. Valeria escribió sobre La quimera de los héroes, otra de las películas argentinas premiadas en el exterior (dos premios en Venecia), dirigida por Daniel Rosenfeld y con Edgardo Cozarinsky colaborando en el guión. El señorito Hernaiz sobre El lugar donde estuvo el paraíso, de producción multinacional, con la presencia del sempiterno Federico Luppi. Y quien escribe, sobre Separaciones, una película brasilera que se quedo con el premio a mejor film y a mejor actor en el Festival de Mar del Plata 2003. Tres pelis, tres escritos, tres gustosos del cine dándole a la palabra... que lo disfruten (sino, griten: srusso@miradas.net) Desde el Buenos Aires querido y odiado, en proporciones siempre variables, Sebastián Russo. * * * * * * * La quimera de los héroes (Argentina, 2003). Dirigida por: Daniel Rosenfeld. Escrita por: Eugenia Capizzano, Daniel Rosenfeld Potagonizada por: Eduardo Rossi. Producida por: Ana Laura Bonet, Verónica Cura, Federico Badía. Duración: 70 minutos.Estrenado recientemente en las salas de Buenos Aires, La quimera de los héroes es un film que retrata casi fotográficamente la cruzada personal del héroe posmoderno: aquél que renace de un pasado nefasto y se reivindica ante una sociedad que congratula y, a la vez, refracta sus flamantes y puros (o depurados) ideales. Eduardo Rossi, el protagonista de este desafío que representa la "purgación del alma", es un entrenador de rugby ex - (aunque no del todo) fascista. Su juventud signada por el racismo extremo y la admiración de regímenes autoritarios europeos es interrumpida por la visita al Museo del Holocausto en Francia. A partir de ese momento, según relata Rossi, su vida da un vuelco. Todo lo que parecía justo y correcto (como suele suceder en la transición hacia la adultez) se trastoca. La imagen del horror deja en él una marca imposible de ignorar, que le obliga moralmente a purgar su pasado de joven filofascista. Así nace su misión redentora, la cual materializará en el patronazgo y la tutela de aquellos seres a quienes tanto el sistema político como social de la Argentina actual ha relegado a los anaqueles de los olvidados: los indígenas. De este modo, nuestro protagonista se metamorfosea (casi como una penitencia autoimpuesta) en el fundador/entrenador del primer equipo aborigen de rugby en Latinoamérica, el cual está conformado por jóvenes indios Tobas de la provincia norteña de Formosa. El relato en primera persona de este film documental deja ver cómo, inclusive luego de su mea culpa, el entrenador no puede escapar a ciertos resabios ideológicos de su vida pasada que se entrometen no sólo en su discurso cotidiano sino también en su proyecto reivindicatorio, ocultos tras un manto de amor paternal hacia sus dóciles discípulos. Estos huecos de contradicción en la identidad del héroe, que el mismo Rossi ha intentado cuidadosamente construir en torno a sí mismo, se traducen al discurso fílmico en diversos simbolismos, tales como el sistemático silencio de los coprotagonistas de este documental: los jugadores tobas. A pesar de su carisma y de sus "buenas intenciones", Rossi no deja de repugnar (afortunadamente) al espectador deseoso de encontrar en esta historia un incentivo para volver a creer en el inocente y tranquilizador mundo de héroes y demonios, al que nos tiene acostumbrados la filmografía hollywoodense. Mantener esta ambigüedad del personaje, recordándonos los claroscuros del alma humana es, quizás, uno de los mayores logros de esta película. Valeria Galván. El lugar donde estuvo el paraíso (España / Argentina / Brasil / Alemania, 2001). Dirigida por: Gerardo Herrero. Escrita por: Jorge Goldemberg. Protagonizada por: Federico Luppi, Elena Ballesteros, Paulina Galvez, Gaston Pauls.Los colimbas se diviertenNo recuerdo el título. Miento, o engaño, o simulo. Puro ademán. Es decir, no recuerdo, pero reponer, lo que se dice reponer, que es lo que uno hace cuando utiliza el recurso del recuerdo en estos casos, puedo reponer. En fin, no recuerdo, pero el título, que es lo que quiero recordar, lo consigo de otra forma. Chequeo mails. Encuentro. Repongo: El lugar donde estuvo el paraíso, ese es el título. Era, debería decir, el título, pues hablo ahora de una película que pasó, en el pasado, en un pretérito pasado hace una semana, en una de las salas-espacio INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, para más datos), ante mis ojos. Y sí, pongo mis ojos en pasiva -en un procedimiento que cualquier buen lector rápidamente capturará- porque no fue más que eso. Mis ojos vieron desfilar frente a ellos esa película cuyo título reponer ya tanto trabajo me dio. Como decía -bah, no sé si ya lo dije-, me piden que escriba sobre esta película. Un film -sí, merece el sustantivo "film" para referirlo- con una importante disputa generacional entre dos actrices que rondan alrededor de Federico Luppi: el personaje de la hija que usa más que seguido musculosas sin corpiño -y para quien guste saber, sí, fui a la avant premiére y no la encontré a la salida, aún usando también los ojos de la chica con la que fui a ver la película, o film, como prefieran- y la que hace de nueva pareja del padre de la chica-sin-corpiño y que tampoco frecuenta, en su caso, los sostenes. Varios planos aprovechables en este sentido, perdidos en tantos otros, de idas y vueltas entre frente y espalda del personaje que tiene la palabra, permiten apreciar espalda y pecho de los respectivos personajes -no se pierdan este juego de cámara, toda una apuesta de la filmación. En fin, una dura pelea entre tetas al aire -sí, se ven las tetas en algún momento por si a alguien eso lo anda inquietando- en la que sale la jovenzuela ganando claramente, aunque no por tanto tanto. No por tanto, decía, y cuenta en eso que la otra tenga un acento españolito que me tienta; usted sabe, el otro, la diferencia, esas cosas que a uno, joven progre, consumista y libidinoso, no pueden dejar de atraerlo. Claro, hablo del acentito latinoamericanizado de impronta ibérica for export. ¿Qué más? Bueno, también está Gastón Pauls, que cruza grandes tradiciones latinoamericanas que no excluyen al Sub Marcos, Galimberti, el Rufián Melancólico y Tito Cossa. Digamos que el muchacho retoma su etapa poco vertiginosa de telenovelas adolescentas, se revela nuevamente sexsimbolito reo de consumo adolescente dejándose crecer la barba y aprovechando que ahora las chicas que tienen la edad que tenía Nancy Dupla (su coequiper telenovelesca) hace 10 años están mucho mejor preparadas para el clima caribeño. Ah, sí, sépanlo, lo del clima caribeño no es al azar: la película transcurre toda en algún lugar -no recuerdo cuál, entiéndanme, la chica a la que le pedí luego de la función que busque a la hija de Luppi mientras yo iba al baño no paraba de insistir para que nos vayamos del cine-, en algún lugar, decía, transcurre la película, plagado de arbolitos, ríos y mosquitos ahí por el noroeste de Latinoamérica -Latinoamérica, Latinoamérica, creo haber repetido, hasta ahora, demasiadas veces "Latinoamérica". No se presuponga nada, no es relacionado con la película más que por circunstanciales detalles. Bien podría ser alguna película sobre el cartel de drogas colombiano made in las afueras de Hollywood pero que en lugar de gastar mucho en efectos especiales de explosiones y tener personajes cual Herrera, Laiseca o Gamerro, contrataran por un séptimo del presupuesto a un guionista segunda línea argentino pagado en pesos y baratito por el tres a uno. A lo que voy: película de argumento que se nota muy pensado en algunas pocas horas, con mínima inclinación a aprovecharse de los discursos sobre la política exterior argentina desde la dictadura del ´76 y del descrédito de la representación y de los políticos y diplomáticos en general, girando todo alrededor del motor narrativo del par de historias de amor y de familia burdamente urdidas entre las chicas de las tetas-libres-de-corpiño -¿acaso por el calor de la zona? No sé, no soy viajado-, Pauls y Luppi, y un final que no cuento porque no soy tan garca como para arruinarles el cierre de la trama a los pobretones que tengan o quieran o terminen cayendo a ver esta película. Hernaiz Separaciones (Brasil, 2002). Dirigida por: Domingos de Oliveira. Escrita por: Domingos de Oliveira, Priscilla Rozenbaum, sobre la pieza teatral de Domingos de Oliveira. Protagonizada por: Domingos de Oliveira, Priscilla Rozenbaum, Nanda Rocha, María Ribeiro, Ricardo Kosovski, Suzana Saldaña, Fabio Junqueira. Montaje: Natara Ney, Paulo Costa. Sonido: Silvio da Rin, Paulo Costa. Dirección artística y vestuario: Ronald Teixeira. Producción: Clélia Bessa, Luiz Leitao. Compañía productora: Cara de Caõ Filmes, Raccord Produções. Duración: 91 minutos.Obtuvo el Ombú de oro a mejor largometraje, y el mismo Domingos de Oliveira el premio a mejor actor, en el 18° Festival de Mar del Plata (2003) De ardores brasileros y dogmas vapuleados"La vida merece ser vivida": esta estúpida frase surge(me) ni bien traspongo la puerta de salida de la sala. Camino algunas cuadras y el ardor vitalista que derramó Separaciones desde la pantalla continúa invadiendo mi cuerpo. Y es que la película de Oliveira es una obra eminentemente sanguínea, carnal, emocional, y recién desde allí se edifica "intelectual", filosófica (ya que existe una pretensión conceptual, de descomponer analíticamente los problemas de pareja: evidencia explicitada en la nominación de las supuestas fases que incluye una "separación") Un "la vida merece ser vivida" que, desde su resonancia trivial y frívola (para todo sentencioso filósofo-de-bar porteño, trágico y pesimista), se engarza con el estereotipo que pesa sobre el espíritu brasilero. Ya que si uno creía que era prejuicioso y simplista catalogando al brasileño de apasionado, entusiasta, poco moderado: esta película cristalizará aquellos supuestos dogmas. "La alegría no es solo brasilera", canturreaba Charly García, deseando ver en Buenos Aires "muchos mas delirantes por ahí". Pero si el bueno de García se arrimara al film de Oliveira, comprobaría tristemente que ese espíritu se muestra inigualable y de lejana aprehensión, al menos para nosotros, nostalgiosos tangueriles. Sentencio: vitalismo brasileño. Y es que en Separaciones la pasión lo abarca todo. Desde los problemas de pareja, hasta la esfera laboral. En un Río de Janeiro siempre desmedido, lo apocalíptico y orgásmico se van alternando, representando existencias borders, en donde el deseo suicida, o el sentimiento de excelsa plenitud, parecen ser las únicas formas de estar en el mundo. Para ello, el melodrama, cercano a un tono telenovelero, parece ser una elección de "género" adecuada. Con actuaciones a priori exageradas, afectadas, pero que terminan acoplándose pertinentemente a la lógica propuesta. El relato da cuenta de un entrecruce de parejas de intelectuales y artistas. Y versa sobre la imbricación de las esferas amorosas y artísticas, en un grupo de gente, que como brasileros que son, no dejan de disfrutar gozosamente (o sufrientes, pero siempre al mango) de la vida. Cierta exploración por aspectos formales no convencionales otorga al film un plus significativo. La obra de Oliveira se ubica dentro de ese grupo de films que tras un intento de romper moldes arquetípicos de la representación, se dedican a mostrar el detrás de escena, las condiciones de producción, desmontar la fantasía de la representación fílmica. Lo hace sin embargo sin pretensión vanguardista, sino con pequeños signos, huellas, guiños, que actúan remedando el febril melodrama, soslayando el barroco amontone de sensaciones. Filmada en digital, cierta cuidada desprolijidad la emparenta (remotamente) al Dogma de Von Trier, aunque sepultándose la comparación al entrar en escena el (ya reiteradamente comentado, en sintonía en lo excesivo y exagerado) ardoroso ímpetu brasilero. Sebastián Russo |