| Crónica 13 de mayo 2004 | |
AterrizajeAterrizamos en Cannes sobre las ocho de la mañana y no tardamos en percibir el neurótico ajetreo que marca el ritmo del festival. La primera tarea es conseguir la acreditación que nos dará entrada a las proyecciones. La apertura de puertas desata carreras, empujones y ansiedades. Consigo capturar mi acreditación. Luego me entero que he tenido suerte, el color rosa de mi credencial me da prioridad de entrada a las salas. Primera experiencia como acreditado: atravesar el control de seguridad que da entrada al Palais du Festival. En poco más de dos metros atravieso más controles que en todo el viaje de Barcelona a Cannes. 1- Credencial. 2- Registro de bolsos. 3- Control de metales. Por fin dentro, tardo unos veinte minutos en hacer algo útil. Me paseo, alucinado, por los cinco pisos del palacio. Recepción, el Grand Théâtre Lumiere y la Salle Debussy, casilleros, sala de prensa, sala de ruedas de prensa, sala Buñuel, sala Bazin, etc. Descubro el mercado del filme, gigantesco espacio lleno de stands donde productoras de todo el mundo promocionan sus productos. Mientras paseo anonadado me choco contra una patrulla de Klingons, los malos de Star Trek, no me lo puedo creer. Recojo los programas oficiales y vacío el casillero, grave error, me convierto en un burro de carga por el resto del día. En una de las revistas que se publican a diario en el festival, Le film frençais, organizan un tablero de puntuaciones en el que están representadosla mayorparte de medios franceses. Ya aparecen las notas para La nala educación, ha gustado muchísimo. Del 0 al 4, la media es de 3 estrellas. Llega la tristeza. Me he perdido Nobody Knows de Kore-Eda Hirozaku, tenía muchas ganas de verla y, si nada lo remedia, también he llegado tarde para 10 on Ten , la clase maestra de Kiarostami sobre la realización de su última penúltima película, Ten. Empiezo a mentalizarme de que me voy a perder muchas perlas, me propongo no deprimirme por ello. No alojar en Cannes resulta fatal, la salida en tren o bus termina temprano y hay pases de prensa de sección oficial por la noche. Empieza lo importante, las películas. Descarto ver Troy de Wolfgang Petersen y me estreno con Salvador Allende de Patricio Guzmán. Soy chileno y la figura de Salvador Allende forma parte mi memoria personal. Referencia constante en las conversaciones familiares, figura central de banderas y fotografías colgadas en las paredes. El documental de Guzmán sigue la trayectoria de Allende desde su infancia hasta su muerte el 11 de Septiembre de 1993. Recorremos junto a él la larga y angosta geografía chilena de campaña en campaña electoral, explicando casa por casa que la revolución socialista es posible, que Chile será el primer país del mundo en alcanzar la utopía socialista de una forma democrática. A través de voces de amigos, vamos construyendo el perfil humano de Allende: entregado en su labor política, defensor tenaz de la democracia, amante de los discursos y seductor experimentado, «capaz de convencer hasta a sus enemigos», claman los que pudieron tratarle personalmente. Pero la película no es únicamente Salvador Allende. Guzmán utiliza la figura del presidente chileno para hablar del movimiento colectivo que significó la Unidad Popular y del recuerdo que hoy día queda en Chile de esa monumental utopía hecha realidad y luego golpeada por la fuerza militar. Ya en sus últimos documentales, la memoria se instituía en el eje del discurso del director chileno. Los documentales de Patricio Guzmán mantienen siempre dos características: aún cuando hablan sobre el pasado, el presente está siempre en el centro de la mirada, y están siempre narrados en primera persona. Esa narración personal, íntima, se haya marcada por el recuerdo de un Chile vivo y en movimiento. La mirada presente transmite tristeza e indignación. Guzmán mira un Chile en el que el dinero ha sido el único valor que impuso y dejó en pie la dictadura, un Chile adormecido que no podrá despertar hasta que el recuerdo de su pasado no sea asimilado. Porqué como se repite varias veces en el documental, «el pasado no pasa» si no hay un esfuerzo por recordar, admitir y aceptar. Abandonando el carácter subjetivo de las anteriores apreciaciones, cabría preguntarse acerca de la necesidad de un documental como Salvador Allende. En realidad, la película parece un compendio, resumido, de las tres anteriores miradas de Guzmán hacia el conflicto chileno. No termina de apreciarse una aportación nueva a la reflexión que proponían (la trilogía La batalla de Chile, La bemoria obstinada y El caso Pinochet). Incluso, si no me equivoco, hay imágenes del nuevo documental que ya aparecían en La batalla de Chile. La siguiente estación se titula À Tout de Suite de Benoit Jacquot, presentada en la sección paralela Un Certain Regard. Filmada en blanco y negro, la película retrata las desventuras de una joven de unos veinte años que se enamora de un joven atracador de bancos. Tras un golpe fallido, ambos, en compañía de otra pareja, iniciarán una larga escapada que los conducirá por Francia, España, Marruecos y, finalmente, Grecia. Jacquot filma la juventud alocada de sus protagonistas con agilidad y nervio, intentando capturar la inocencia y ligereza que tiñe el comportamiento de sus protagonistas. La cámara se identifica principalmente con la protagonista femenina, para la cual sus aventuras a lo Bonnie and Clyde resultan poco más que un juego inconsciente. El trabajo de la protagonista, Isild le Besco, es digno de elogio. Jacquot plantea una situación inicial interesante, pero no consigue equilibrar su película. Toda la parte final, en la que la desaparición del chico deja sola a la protagonista (nunca conoceremos sus nombres), se pierde en la búsqueda de la materialización del sentimiento de pérdida. Por otra parte, cabe destacar la interesante exposición del contexto histórico que propone el filme. Ambientado en 1975, la llegada a cada nueva ciudad (Paris, Madrid, Tánger, Casablanca, Atenas) va acompañada de imágenes de archivo que muestran el paisaje urbano de la época. El día me tenía preparada una sorpresa final. Monica Donati, la simpática agente de prensa de Abbas Kiarostami, me consiguió una invitación para el último pase de 10 on Ten. Esta clase maestra del director iraní será estrenada comercialmente en Francia el 26 de Mayo, a la vez que aparecerá editada en DVD como extra de la película Ten . 10 on Ten es un largo monólogo mediante el cual Kiarostami (en adelante, K) reflexiona sobre su cine mientras conduce por los paisajes que servían de decorado en El sabor de las cerezas . La cámara se haya situada de la misma manera que en la película Ten. K cuenta cómo el descubrimiento del video digital ha significado una herramienta tremendamente útil en su búsqueda por capturar una realidad despojada de la mentira que acarrea implícito el artificio cinematográfico. El video digital significa además, en palabras del director iraní, «el final de la censura del capital». El video digital permite trabajar con mayor intimidad y conseguir reacciones más espontáneas por parte de los actores. Luego, K nos habla de lo cómodo que se siente trabajando con guiones abiertos, sólo esbozados, algo que puede permitirse desde que no tiene que buscar financiación para sus películas. Un guión abierto supone una experiencia más estimulante. Para él, es preferible la obra en construcción que el texto cerrado. K se refiere continuamente a la amenaza que supone la expansión del imperio cinematográfico de Hollywood a nivel mundial. Habla de la pobreza de un cine que no respeta al espectador. En este sentido, K cita a Ermanno Olmi cuando dice que «los directores de la primera generación utilizaron la realidad. Los de la segunda generación utilizaron el cine de los de la primera y la realidad. Los de la tercera generación utilizaron el cine de las dos primeras y se olvidaron de la realidad. Y ahora, los de la cuarta generación ya no piensan ni en el cine ni en la realidad y acuden a los catálogos de herramientas técnicas para hacer sus películas». 10 on Ten son: 1. Introduction. 2. Camera. 3. Topic. 4. Screenplay. 5. Locations. 6. Music. 7. The Actor. 8. The accesories. 9. The film director. 10. The last lesson. Me despido por hoy pidiendo disculpas por el excesivo aspecto de diario de esta primera crónica. En las próximas, prometo más cine. |