| Dia 02. 18 de Septiembre de 2004 | |
Looking for WinterbottomComo dice mi subalterno Jorge-Mauro de Pedro que empiezo a escribir como Carlos Boyero, e incluso a compartir sus gustos –que dudo, porque no me creo que a Boyero le gustara el Godard–, he empezado a pensar que realmente la fiebre me está causando estragos, y es que aunque hoy me encuentro algo mejor, la realidad es que este festival en Tortillalandia está acabando con las pocas fuerzas que me quedaban. Buena culpa de ello lo tiene el hecho de que (a) Esté disfrutando de lo lindo con las películas que estoy viendo, hoy: Looking for Fidel de Oliver Stone y Comme una image de Agnès Jaoui, (b) Que el film de François Dupeyron Inguélézi me haya provocado un derrame cerebral por lo nefasta de su fotografía y (c) Que aún ahora estoy dudando de si 9 songs de Michael Winterbottom es una buena, regular o pésima película. Sea como sea, ahora entro en detalle, pero antes me gustaría citar que se ha estrenado también hoy aquí El bosque de M.Night Shyamalan, un a mi juicio excelente film, que no voy a entrar a comentar porque se estrena este mismo viernes y ya le dedicamos un artículo en portada de nuestra revista. El día se abrió con Looking for Fidel, para que se me entienda claro y rápido, una especie de extras para el DVD de Comandante del mismo Stone, lo que implica que satisfará (como es mi caso) a los que ya les gustó el film primigenio, pues sigue exactamente la misma tónica que este, y no interesará a sus detractores. Inicialmente el realizador con Comandante, a mi juicio un documento histórico de singular interés, quería iniciar una trilogía de documentales en las que quería entrevistar a líderes mundiales conflictivos: Castro, Gadafi y un tercero por confirmar. Así tras el rodaje de Persona non grata en el que no llegó a conseguir hablar con el líder palestino, en vez de continuar con su proyecto, decidió volver a Cuba con la razón de preguntar al Comandante Castro sobre las ejecuciones de unos disidentes que secuestraron un barco. El film, de una escasa hora de duración, vuelve a mostrar a Stone bromeando e increpando a Castro hábilmente, para que este, con su consabida demagogia diga mucho sin decir nada. Con un montaje adrenalínico, quizás excesivo para una simple conversación, el film es un nuevo viaje a Cuba de la mano de su máximo tirano y mandatario, una visita fugaz y algo epidérmica sobre las mentiras, los abusos de poder y los asesinatos, mientras vemos en primerísimo primer plano como Castro miente una y otra vez... pero con mucho encanto. El gran film de la jornada fue Comme une image, segundo film de la realizadora Agnès Jaoui tras la interesante Para todos los gustos, cuyo guión viene firmado tanto por la directora y actriz como por Jean-Pierre Bacri, con quien ya había escrito los guiones de dos películas tan brillantes como son Smoking/No Smoking y On connait la chanson, ambas del gran Alain Resnais. Premiada este año en Cannes con el premio a mejor guión, la película es una avalancha de diálogos inteligentes marcados con una fuerte comicidad, que prácticamente no decae en toda la primera hora del film –algo, desde luego, muy difícil de lograr en una comedia romántica–. Jaoui y Bacri dibujan un retrato de la intelectualidad francesa lleno de momentos brillantes y de réplicas dignas del Woody Allen de los setenta. El film, además, tiene un marcado ejercicio de elipsis, donde todo lo innecesario se deja fuera de la obra, sin que esto repercuta en absoluto en la fluidez de un relato que nos ha parecido sorprendente. Hacía tiempo que no nos divertíamos tanto con una comedia francesa, porque sinceramente, ni Francis Veber, ni Jean Becker, ni Alain Chabat, ni Lucas Belvaux, ni Jean-Marié Poiré, ni Claude Zidi, nos hacen mucha gracia, así que es una alegría ver que el cerebro se usa para algo, después de tanta película simplona tragada. Y seguimos con Winterbottom... a ver, tengo que decir que yo, de entrada, al realizador de Wonderland ya le daría un aprobado sin ni siquiera haber su visto film. Y más considerando que el realizador británico está en una forma envidiable, desde digamos... ¿hace cuatro años?, pues tanto El perdón, como 24 hour party people, In this world y Code 46 nos parecen películas magníficas, cuyos logros estéticos y artísticos trascienden géneros, formas y vías de narración. Es evidente que 9 songs sigue en la línea de experimentación del británico, pero la perplejidad que el film nos ha provocado, nos crea dudas de si esta obra no es más que un juguete del realizador o realmente es una nueva propuesta del mismo calado artístico que los films citados. La obra posee nueve capítulos divididos con nueve actuaciones en concierto (entre los que se encuentran entre otros The Dandy Warhols y Franz Ferdinand) en los que básicamente Winterbottom pone su mirada sobre la relación amorosa centrada únicamente en el sexo de una pareja formada por un británico y una norteamericana. He de explicar que el desconcierto no me lo crea tanto por el hecho de mostrar sin tabúes el sexo explícito, sino del uso que este tiene para Winterbottom. Me explico: no creo que ni las ganas de provocar de Ken Park, ni el exhibicionismo gratuito de Fóllame (Baise-moi), ni la fuerza dramática de Intimidad, ni los fakes de Lucía y el sexo, ni la crítica social y mental de Los idiotas tengan mucho que ver con 9 songs. Hay una cosa que sí me interesa creer y es el hecho de que Winterbottom retrate sin tapujos como es una relación amorosa en su absoluta intimidad, aunque entonces habría que entender que la normalidad para el realizador pasa por ir a conciertos de rock (bien), meterse cocaína (puede), llevar las relaciones sexuales un poco al límite del bondage-soft (ummm...) y confiar en la bisexualidad de la mujer (¡ay!). Un suelo peligroso, que se nos antoja aún más confuso con las metáforas que el realizador nos ofrece sobre la Antártida, y no por que sean complejas, sino precisamente por todo lo contrario. En definitiva, sin duda una propuesta atractiva, pero algo en mi interior me dice que si este film lo hubiera dirigido un desconocido, puede que opinara de diferente manera (o simplemente no me esforzaría tanto en buscarle un significado). Eso sí, tener en cuenta que la crítica más antigua (léase periodística, obviando El Periódico y La razón) no van a tener pudor en arremeter contra ella, lo que implicaría una subcorriente crítica que la encumbrará como obra clave, así que ¡vale ya de poses y prejuicios, coño!. Nunca me ha interesado en demasía el cine del realizador francés François Dupeyron, desconozco el film ¿Qué es la vida? ganadora de la Concha de Oro en 1999, pero ni El pabellón de los oficiales ni El señor Ibrahim y las flores del Corán nos ofrecieron nada especialmente interesante como para tener más en cuenta a este realizador. Pero tras la visión de la horrible Inguélézi podemos asegurar sin ningún pudor que Dupeyron no tiene ni idea de lo que va esto del cine. Film pretencioso hasta la saciedad, rodada con cámara en mano afectada de parkinson, con viajes oníricos que pretenden emular a Bergman y acaban recordando a un sketch de Los Morancos y con un final en el que el propio realizador se atreve a filmar su sombra como si se tratara de un realizador iraní... lo único positivo que obtenemos de la cinta es el hecho de pensar que ya no veremos ningún film peor en este festival. Os prometo que en más de una ocasión he tenido que apartar la vista de la pantalla porque me estaba mareando; ha sido una experiencia realmente traumática. Mañana más, entre ello: Adolfo Aristaráin, Ulrich Seidl y Ousmane Sembene. |