Miradas de Cine Dia 07. 23 de Septiembre de 2004

Big Mac & Whisky 

Escribo, mientras son las 2:36h de la mañana –cada día más tarde y más desnutrido–, intentando encontrar las palabras justas para definir la que nos parece la mejor película del festival hasta ahora (y dudo mucho que otro film pueda superarla). De hecho, el film nos ha gustado tanto, que hemos casi olvidado el resto de proyecciones del día, y hemos conseguido obtener una entrevista con los artífices de la obra, que espero en breve podamos publicar íntegramente. El film en cuestión es Whisky (Z) de los uruguayos Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, premio FIPRESCI y premio “Regard Original” en el último festival de Cannes. Pero no temáis, hemos visto más cosas y os las vamos a contar: Por un lado la muy cachonda Super Size Me (Z) de Morgan Spurlock, donde el artífice del programa de la MTV I bet you will se somete a una dieta exhaustiva durante un mes a base de menús del McDonald's, con sus correspondiente deterioro físico y psicológico; y la nueva “historia mínima” de Carlos Sorín, Bombón (El perro) (SO), cuyo título de la obra ya da a entender la clase de producto que hemos tenido que visionar. Vaya, peor que comerse un menú Big Mac.

Pero empecemos por el principio: Whisky. Seguramente al espectador experto, ya curtido en el ámbito festivalero, no le parecerá el film de Rebella y Stoll muy novedoso, pues la vía estética tomada por estos dos jóvenes genios, es la derivada de “videar” horas y horas del cine de Jim Jarmusch (y Aki Kaurismaki), pero no nos confundamos, seguros de Jarmusch hay a miles, y buenos, prácticamente ninguno. Rebella y Stoll componen todo el film a base de planos fijos, con un montaje fluido con gran predominio de las elipsis, poniendo su atención, como Jarmusch, en la “escritura de en medio”, es decir, fijándose en las pausas de los personajes, en sus costumbres cotidianas, más que en los momentos narrativos o dramáticos propios del guión cinematográfico. Los realizadores filma los detalles más nimios y mecánicos de su vida: abrir la puerta, encender las máquinas, ponerse el pijama, fumar, dormir, evadirse… y así van construyendo una especie de fábula protagonizada por personajes solitarios, tirando a viejos, extremadamente melancólicos y con una gran necesidad de un contacto que nunca parece darse. Estos seres, son figuras de un cuadro patético, un decorado febril y, en ocasiones, molesto, un mundo gris no muy alejado del de Strangers than paradise o el de La chica de la fábrica de cerillas . De hecho, la fábula triste aunque con toques de una finísima ironía, aunque acontece en Montevideo, podría ser perfectamente Nueva York o Helsinki, por que tanto el absurdo como la tristeza que lo conlleva son patrimonio universal, y Rebella y Stoll no pierden el tiempo en ser localistas, lo que les importa a estos realizadores son sus personajes y su capacidad para seguir existiendo. No me gustaría dar la sensación de que Whisky es un film trágico, en absoluto, todo el film posee ese sentido del humor que nace del ridículo, la vida es drama y la vida es humor, pero Whisky es el camino marciano del que mira la vida tanta amargura que no puede hacer otra cosa que tomársela a broma.

Es evidente que la opción estética elegida por los realizadores (y llevada hasta el final con todas sus consecuencias) es algo brillante, muy raro de ver en una cinematografía –no me refiero exclusivamente a la uruguaya- en la que lo fácil es coger la cámara y ponerse a dar vueltas. Pero juzgar Whisky por ser una tataranieta de los films de Yasujiro Ozu, al menos en la misma medida que lo es la magnífica Las horas del día , es algo injusto, por que lo realmente grandioso de este film, que es a la solución tomada con la puesta en escena, le acompaña una historia impagable: un retrato a tres bandas, que casi se podría considerar como dos historias de amor conjugadas. Además, el film al término del mismo, deja todas las puertas abiertas al espectador, una vez más sólo se nos cuenta parte de lo que vendría a ser una resolución dramática. Haciendo bueno aquello del poder de la sugerencia, confiando en la inteligencia del espectador para hacerse suya también la película. Algo realmente difícil de ver y de lograr.

Y ahora vamos con las risas: Morgan Spurlock, aprovechando una demanda interpuesta por dos jóvenes obesas contra las compañías de “fase foods” decidió realizar el documental Super Size Me , en el que se grabaría su deterioro físico durante un mes, mientras hace tres comidas al día en establecimientos McDonald's. Como se pueden imaginar el resultado es casi terrorífico, de hecho, el film se abre con un tono muy cómico, muy propio de la MTV, y acaba convirtiéndose casi en algo dramático, cuando el propio Spurlock confiesa a la cámara lo mal que se está encontrando. Sin embargo si Super Size Me solo reflejara esta peculiar locura de su realizador, casi sería una mera anécdota, lo que nos ha interesado de la obra es su carácter de tesis. Spurlock, como haría Moore en su día con la brillante Bowling for Columbine –me da a mi que este va a ser el ejemplo más repetido en todas las crónicas-, plantea la duda no sólo de si es saludable el McDonald's, si no si es directamente perjudicable, y para ello entrevista a especialistas, visitas colegios, indaga en los mecanismos de la salud pública norteamericana –los que en su día leyeron Estúpidos hombres blancos de Michael Moore ya estaban avisados-, para acabar descubriendo el habitual juego de cartas marcadas por las grandes empresas, más peligrosas que los gobiernos totalitarios, para obligar a la gente a consumir a sus productos valga el precio que valga. Desde luego, si algo queda claro en Super Size Me , es que el que menos importa de todo este entramado, es lo que le pueda pasar al consumidor: ¡Mientras coma, todo vale!. La verdad es que ha sido una sorpresa ver a un gamberro como Spurlock tomarse un trabajo tan en serio y ser consecuente hasta el final, no sólo es un trabajo valiente, si no que, como se suele decir, es un trabajo necesario. Por su puesto muchos la atacaran diciendo que es simplemente una arenga contra McDonald's y yo creo que si con esta obra se consigue que la gente deje de comer basura… bienvenida sea. Por cierto, desde que el film ganó el premio a Mejor Documental en Sundance, McDonald's ha reactivado su política de ensaladas.

Y bueno, cerramos este largo día, que hemos vuelto a compartir con nuestros amigos de la prensa cinematográfica, hablando del nuevo film del autor de la comedida Historias mínimas –una de esas películas “bonitas” que siempre tienden a sobrevalorarse–, Carlos Sorín, que ha presentado en Sección Oficial la apasionante historia de amor entre un hombre y su perro Bombón, el título, por si se creían que antes era un broma, es: Bombón (El Perro) . Film Disney, pero rodado por debajo del ecuador, la película de Sorín nos parece la peor de sus “historias mínimas” (repito chiste, se nota que estoy cansado). Una película que si en vez de estar protagonizada por Juan Villegas, de lo mejor de toda la función, lo fuera por Tom Hanks, toda la crítica la estaría machacando, pero como viene con firma argentina, pues… habrá que aceptarlo. No es que el film de Sorín sea fallido, por que es que no tienen ningún tipo de pretensión. Es una historia infantil que habla sobre la impotencia de los caninos y posee unas bromas dignas de telecomedia. Como digo, no es un fracaso, es lo esperado. En este aspecto, al que le gusta la película se lo pasará en grande, por que en su manufactura no tiene fallos. Pero otra cosa es que a nosotros nos interese, y otra más, es que hace un film como este compitiendo en un festival.