Miradas de Cine Dia 08. 24 de Septiembre de 2004

San SeAcabó

Llegó el final del certamen, pero aún no es el momento de hacer balance. Toca acabar comentar lo visto en las diferentes secciones del festival, y ya cuando me halle de regreso en Barcelona, tendré tiempo de echar la vista atrás, y de paso, comentar el Palmarés que el jurado presidido por Mario Vargas Llosa nos ofrecerá hoy a la tarde. Hace ocho días empezó el festival de San Sebastián –este año han acortado un día la duración del mismo–, y para entonces, con los films de Allen, Leigh y Godard, dijimos que el festival prometía bastante, pues bien, el cierre del mismo, ha vuelto a ser igual de brillante, al menos con los dos films de clausura oficiales: The house of flying daggers (Z) de Zhang Yimou y The door on the floor (SO) de Tod Williams. También hemos visto hoy dos films intrascendentes como Evilenko (Z) de David Grieco y Jiang Hu (Z) de Wong Ching Po. Vamos con la última…

Tras el estreno de Hero, presentada también en San Sebastián el año pasado, el prestigioso realizador chino Zhang Yimou, tomaba un giro inesperado en su carrera, pasando de sus brillantes películas dramáticas –Qiu Ju, una mujer china, Ni uno menos, El camino a casa…– a una obra más cercana al espíritu del film del taiwanés Ang Lee Tigre y dragón. El resultado fue un film excesivo en todos los sentidos: estéticos, narrativos y dramáticos. Además tenía el handicap de ser una obra mutilada para su estreno en occidente, con lo que los baches narrativos se acentuaron en la misma, repito, por más deslumbrante que sean sus imágenes. Su nuevo film, The house of the flying daggers, sigue en el territorio del “wuxia”, pero esta vez Yimou ha conseguido un film mucho más completo. Se trata de una obra de gran belleza plástica, con estilizadas (y poéticas) escenas de lucha y, sobretodo, con un fondo dramático que no tiene mucho que envidiar de obras anteriores de Yimou. En el fondo, The house… se puede considerar como una historia romántica de hálito trágico, pues la fuerza que poseen los personajes de Yimou –interpretados de nuevo por estrellas del cine asiático: Andy Lau (Hong Kong), Takeshi Kaneshiro (Taiwán-Japón) y Zhang Ziyi (China)– al término del film, se descubren como mucho más significativas que las elaboradas escenas de lucha. Con una fotografía impecable de Zhao Xiadding, The house… es un viaje hacia el onirismo de las sombras chinescas, un espectáculo dramático, con golpes de efecto incluidos (se nota, en ese aspecto, que el film está destinado a occidente, al menos, en la misma medida que Hero), en que por encima de todo, predominan los sentimientos de los protagonistas. De hecho, al final del film, en vez de mostrarnos la definitiva batalla entre las tropas del emperador y la de los seguidores de “las dagas voladoras”, Yimou sólo nos enseña la batalla a tres final entre los protagonistas, una vez ya ha quedado claro que da igual a que bando pertenece cada uno. Sin duda un film magnífico, una verdadera sorpresa, pues desde su pase en Cannes sólo se habían oído malas palabras sobre esta imprescindible película.

Presentada por el último premio Donostia, el actor norteamericano Jeff Bridges, se presentó el film The door in the floor , dirigida por el debutante Tod Williams, basada en la popular novela de John Irving Una mujer difícil –este será el nombre del film cuando se distribuya en nuestro país–. La película fue recibida con frialdad por un público entregado al placer plástico del Yimou precedente, lo que realmente es una injusticia, pues The door in the floor, al margen de ser una buena-correcta-mala adaptación de la novela de Irving, es un film muy sobrio, más que solvente, con unas grandes interpretaciones y un aroma clásico que debería hacer disfrutar a todos los amantes del buen cine. Film de personajes marcados por una tragedia –la muerte de sus hijos–, Williams hace fluir la narración con un ritmo pausado, alejado de cualquier tipo de estridencia narrativa; película de las que gustan a los académicos hollywoodienses, resulta especialmente atractiva por la composición que de los desolados padres hacen Jeff Bridges y Kim Basinger, ambos entregados tanto psicológica como físicamente a sus personajes. Siendo una película como es, tan equilibrada, nos sorprende que al final del mismo Williams decida poner un flash-back en imágenes sobre el accidente de los hijos, en nuestra opinión, una reiteración bastante torpe y, también, bastante típica del cine comercial norteamericano. Pero todo queda compensado con la secuencia final del film, donde un detalle casi surrealista, acaba por dar a todo el conjunto un tono alegórico más que atractivo.

Ya en su día se hizo un film sobre el “carnicero de Rostov” bastante interesante, una TV movie si no recuerdo mal, dirigida por Chris Gerolmo y protagonizada por Stephen Rea. Ahora, el autor de la novela El comunista que comía niños , en que se basaba dicho film, David Grieco, adapta su propia novela con la complicidad del actor Malcolm McDowell, interpretando al pervertido violador-asesino-caníbal de niños que aterrorizó a la antigua Unión Soviética. Film tan estridente como excesivo, sólo nos resulta notoria por los detalles extremadamente bizarros de su puesta en escena –ese plano del lavabo del tren con las paredes llenas de sangre, mientras Evilenko acaba de descuartizar a un niño–, desde luego, no apta para todos los públicos. Film tedioso y de nula intriga, nos ha dejado confundidos especialmente por la interpretación que McDowell nos hace del carnicero, caricaturizado como un clown, no entendemos que maldita la gracia nos tiene que hacer.

Y cierro: Jiang Hu ha sido el último fracaso del cine asiático en este festival –quema de la que sale airosa, como he dado a entender al principio, el último Yimou–, en este caso, proveniente de Hong Kong. Producida y protagonizada por Andy Lau, Jiang Hu es un catálogo de cómo hacer cine moderno heredado de la estética de la MTV. Film, de nuevo, torpe, excesivo y confuso, se halla a años luz de los interesantes thrillers que en los noventa dirigía John Woo, o que en los últimos años nos han dado realizadores como Way Keung Lau o Peter Ho-Sun Chan. Con un guiño final llamativo, esto no justifica el hecho de que esta haya sido la última película que he visto en este festival. Hasta el año que viene.