| Dia 10. (12 de Octubre de 2002) | |
| Llevaba desde que empezó el festival pensando por qué el "tycoon" Dino de Laurentiis había ofrecido la precuela de El silencio de los corderos y Hannibal, a un director de comedias tan impersonal cómo podía ser Brett Ratner. El realizador de Hora punta y Family man recoge el testigo de manos de Johnatan Demme y Ridley Scott y, tal cómo era previsible, realiza un film sin firma, en ocasión con buenos detalles, pero altamente impersonal y totalmente entregado al servicio de los actores, que en este caso son muchos y muy buenos, apuntar: Anthony Hopkins, Edward Norton, Harvey Keitel, Ralph Fiennes, Emilly Watson, Phillip Seymour Hoffman y Mary-Louise Parker. Toda esta lista de personajes ya hacía presuponer la menor presencia de Hannibal Lecter en la trama a favor de un desarrollo dramático que va por más caminos y personajes que sus anteriores (¿posteriores?) adaptaciones. Así Red Dragon, que ya se llevó a la pantalla en su día en Hunter, dirigida por el hoy en alza Michael Mann, es de la trilogía, el film en el que Lecter toma menos parte, aunque eso sí, posiblemente las mejores secuencias del film sea en las que aparece él. He comentado que el film resulta impersonal, cierto. Pero no quiero engañaros, Red dragon, me ha parecido una buena película, o mejor dicho, un buen thriller, trepidante en ocasiones, dramático en otras (eso sí, ya no me parece terrorífico, ni mucho menos). La adaptación fidedigna de la novela de Thomas Harris quizás sea la que presente a un Lecter más oscuro y menos simpático que en las realizadas por Demme y Scott. Siendo en el primero un personaje de gran ambigüidad y hasta simpático, y en la segunda, un ser totalmente romántico, que además se enfrenta a unos enemigos antipáticos y deformes. En esta ocasión la cinta narra como el detective William Graham (Norton) debe cazar a un serial killer que se dedica a matar familias numerosas siguiendo un ritual bastante grotesco. Para ello, supongo que ya adivinaréis, que pedirá ayuda al Dr. Lecter, a quien el mismo había capturado años antes. Fijaros si es interesante la cinta, que ni siquiera me paré a pensar en que la estructura era clavada a la de El silencio de los corderos, y es que el film de Ratner, prácticamente no te da respiro, tanto en el desarrollo dramático cómo en la construcción de personajes, Red dragon es un modélico film, que poco importa que no lleve sello de autor y que rompa la taquilla norteamericana, tal como hicieron sus precedentes. Aquí hay que decir eso de que calidad y comercialidad no deben estar necesariamente reñidas. Por eso no sólo no opino que este film no desmerece a ninguno de los anteriores, si no que considero que va a ser del agrado de todo el mundo. Todo el mundo le sonará el nombre de Roger Avary, firmante del film presentado en Sesión Especial esta mañana en el Festival de Sitges. El que fuera colega de Tarantino (aunque todo el mundo comenta que hubo de pagar al realizador de Jackie Brown unos cuantos miles de dólares para aparecer acreditado en Pulp Fiction) y ganador del Oscar por coguionizar Pulp Fiction, que ya debutara en el cine con la excesiva Killing Zoe, una película que parece que le hubieran inyectado heroína al celuloide, ha presentado esta mañana The rules of attraction, en lo que significa una adaptación de la novela homónima de ese destructor de la conciencia norteamericana que es Bret Easton Ellis. El film recorre las andanzas de Sean Bateman (James Van Der Beek, todo un atrevimiento el del protagonista de Dawson crece al representar un personaje que va bastante más lejos que lo que sería la simple antagonía con su Dawson), hermano pequeño de Patrick, el protagonista de American Psycho -si no recuerdo mal, en esta novela había una cena entre los dos hermanos, con la consiguiente incertidumbre de si Patrick mataría a su hermano-, y la dos amigos suyos de una universidad, que tal cómo se retrata en el film, la gente no para de relacionarse sexualmente con compañeros y profesores y no paran de ingerir todo tipo de drogas. The rules of attraction he de reconocer que resulta en ocasiones divertido, pese a una estética modernilla y de perversión de la Generación X que a mí poco me suele agradar. Tiene muy buenas ideas, como el uso de la inversión narrativa para volver atrás y narrar una historia colateral, con lo que el inicio de la cinta es bastante demoledor y significativo. El resto de la historia recorre caminos extraños y no siempre acertados, cómo el intento de suicido de Sean, y otros más acertados cómo la interpretación macarra del Faith de George Michael a cargo de un amigo gay de Sean (Kip Pardue). De alguna manera el film de Avary, del que sinceramente me alegro que vuelva a dirigir, es una película a lo American Pie o Road trip pero con toneladas de mala leche y sin cortarse un pelo a la hora de diseccionar una juventud lisérgica y libidinosa, tan real, cómo el mundo de los yupis de los ochenta en American Psycho o a la gente de la moda y el glamour de los noventa en Glamourama. |