| Dia 01. 27 de Noviembre de 2003 | |
| Al igual que el año pasado Sitges ha abierto sus puertas con una producción catalana, Cámara oscura, de Pau Freixas -recordemos la unánime decepción de la crítica en el anterior festival con el film de Jaume Balagueró Darkness-, un film de género, lo que ya de por sí lo convierte en una auténtica rareza dentro de nuestro panorama cinematográfico, y en todo un outsider al no estar siquiera incluida en las producciones de Fílmax. Las intenciones, sin duda loables del festival, de potenciar la cinematografía nacional, por desgracia, han de pasar por el filtro de la enjuiciable calidad de los productos, y es que ya se sabe que el querer y el poder se parecen tanto como un huevo a una castaña. Esto conlleva a que Cámara oscura haya sido el pistoletazo de salida del festival, sin duda, el mejor de los últimos años en cuanto a cantidad y calidad de films proyectados se refiere, y sin embargo, dicha cinta inaugural, posiblemente pasará por ser uno de los peores títulos (si no el peor) de toda la sección Fantàstic, aunque esto mejor os lo confirmo dentro de diez días. Sin poner en duda ni la ilusión ni el empeño del joven director de TV-movies para TV3 Pau Freixas, que ha contado para la ocasión con un rico reparto en caras jóvenes -Silke, Unax Ugalde, Andrés Gertrudix, Adriá Collado -, que en esta ocasión no rima ni con talentosas ni con esforzadas y, sobretodo, con la presencia impagable del gran actor Lluís Homar (invitado de piedra en una rueda de prensa, donde entre otras lindezas se le ha preguntado a Silke «si es tan valiente en la vida real como en la de ficción» ay, ay, ay ), verdadera pieza de interés de un film torpe y descuidado, con un guión bastante cochambroso e incurable, que parece heredar los peores tics del cine teenager norteamericano -desde la presentación de los personajes a la histriónica relación romántica entre los dos protagonistas principales- junto con el peor uso de la música de las action movies de los ochenta. Todo el efectismo de la cinta pasa fugaz por la sala de cine con la excepción de una escena, la única de real interés de toda la cinta, aquella en la que el capitán Lluís Homar presenta a un aterrorizado Adrià Collado a la tripulación, que acabará por torturar a Collado ante el horror de sus compañeros que están escuchando toda la conversación gracias a unos walkie-talkies. La presencia física de Homar se come al resto de personajes de la pantalla, y consigue, por un momento, hacernos olvidar esta terrible historia de submarinistas torpes y marineros racistas. Hace un par de semanas se estrenó en nuestra cartelera La maldición (The Grudge) una historia terrorífica de fantasmas heredera de la ola de cine de terror nipón que recientemente ha caído por nuestra cartelera -Inugami, The ring, The eye, Dark water -. El film, del cineasta Takashi Shimizu, que contó con la asesoría artística de Kiyoshi Kurosawa para la cinta, dado el éxito artístico y comercial de la cinta, pues pese a la tosquedad de sus efectos especiales, poco más que maquillaje y juegos con sombras, la película conseguía crear un certero miedo en el espectador. Hoy en Sitges hemos asistido, tras la proyección de un más bien espantoso cortometraje a cargo del homenajeado del festival Curtis Harrington, Usher, adaptado del cuento de Edgar Allan Poe El hundimiento de la casa Usher e interpretado por el propio realizador, a la secuela del film de Shimizu Ju-on: The grudge 2, que también ha dirigido. Este cuento de fantasmas en su primera media hora de metraje parece ser más un remake de la primera cinta, variando los personajes principales, que una secuela al uso. Así quedan claras desde un principio las intenciones de Shimizu de repetir el éxito manteniendo la fórmula base. Esto podía haber devenido en un fracaso artístico, si no fuera porque hacia el final de la cinta, se encuentran un par de aciertos estéticos realmente interesantes: (i) La muerte de una joven, cuyo fantasma contempla su cuerpo muerto en el suelo mientras empieza a levitar y (ii) Un terrorífico parto que acaba con la vida de todos los médicos de la sala y que acaba por abrir una curiosa puerta nueva a la cinta (la corporeidad de los fantasmas vía milagro de la concepción), que se cierra con un homenaje a The ring que ha provocado más disgustos que alegrías en la sala. En definitiva, La maldición 2 asusta de nuevo, pero hay que esperar al final para sorprenderse de veras. Decididamente en España se ha fraguado un subgénero más allá de las casposas modas que de vez en cuando saltan en nuestra cinematografía. Sin duda, el subgénero Segura (léase primero Santiago), ya sea como director, productor o actor, aporta a todas sus cintas un humor anclado en lo soez, pero curiosamente cercano a los sectores más jóvenes de la sociedad -quedan excluidas las juventudes del PP, por supuesto-, con quien ha entablado una estrambótica relación humorística, que siempre acaba por obtener pingües beneficios. La presencia de amiguetes del amigo Segura, junto con varias escenas de cutre-acción y algún destape en la tradición Pajares-Esteso (cuando se les conocía estrictamente por los valores cinematográficos) podrían venir a ser un sello, en la que la figura del creador de Torrente, tanto importa el papel que ejecute, se deja notar en los pesos de cada fotograma, en ocasiones para bien, en otras para mal. El último film proyectado hoy, Una de zombis, vendría a ser partícipe de este cachondo subgénero, pues cuenta con la presencia de Segura tanto en la producción como en la interpretación, en el que, por extraño que parezca se consiga un curioso equilibrio entre lo freak y lo escatológico, que acaba por resultar simpático a un espectador preparado para la ocasión. Una mezcla de las películas de Guy Ritchie, Martes y trece, Alex de la Iglesia y Brian Yuzna podrían convertirse en Una de zombis, curioso ejercicio lúdico-cannábico, que mantiene un juego metanarrativo bastante sorprendente, viniendo el film de quien viene -me explico: el film narrado no es más que la narración de uno de sus protagonistas-, vaya, que no es Barton Fink, pero la mezcla resulta atractiva. Desde luego, Segura, se podría haber ahorrado la inútil presencia de Pepe Navarro, Florentino Fernández, Gabino Diego, Juan Ramón Lucas , pero no la de un sorprendente Marianico El Corto, como padre esforzado del protagonista, y la de, por supuesto, el propio Segura haciendo de sí mismo, como rico productor autor de cinco títulos de la saga Torrente Por cierto, que no lo he dicho, el director de todo este tinglado rodado en digital, es Miguel Ángel Lamata, autor del guión junto con el protagonista Miguel Ángel Aijón, y esta historia de zombis, viene a ser un grito cómico lisérgico, que yo creo que se puede disfrutar con toda la tranquilidad de quien sabe lo que está viendo. Eso sí, lo mejor, la canción de Enrique Bunbury. |