| Dia 01. 2 de diciembre de 2004 | |
Al asalto del GorilaEste tiene que ser nuestro festival. Ese debería ser el lema que todos los desplazados, de una manera o de otra, por Miradas de Cine a Sitges debemos tener en la cabeza. En parte por proximidad, en parte por apetencias cinematográficas, pues Sitges es un festival nada ajeno al mundo freak, que por otro lado tanto me seduce, pero también con sus consecuentes perlas cinematográficas (bastante más bellas que las de San Sebastián), gustosas del rasposo paladar del cinéfilo combativo, la 37ª edición del Festival Internacional de Cinema de Catalunya ha de servir a nuestra revista para ejercer la crítica más combativa y exhaustiva, ofreciendo la mejor cobertura posible del mismo. Es por ello que un certamen que acoge desde El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo a Tropical malady acaba por venirse definiendo con un eclecticismo bastante parejo al presentado por el festival de Venecia estos últimos años. La cita a Venecia no es en absoluto gratuita, de hecho, el presidente del certamen donde este año se impuso la envejecida antes de estrenada Vera Drake de Mike Leigh, este año se halla dentro del jurado de la sección oficial, donde para nuestro regocijo más freak, también se haya Ken Foree, el actor afroamericano de cults como Zombie o Re-Sonator. Dicha diversidad temática no se ha notado tanto en la apertura de este festival, tan gustosamente entregado a lo irreverente y a lo políticamente incorrecto, lo que nos encanta, donde sí ha premiado por encima de todo la calidad de las obras expuestas: Howl's Moving Castle de Hayao Miyazaki, Sky Captain and the World of Tomorrow de Ferry Conran y CSA: Confederated States of America de Kevin Willmott. La sensación general tras el pase del último Miyazaki, reconocido por todo el mundo ya como uno de los grandes maestros de la historia del cine de animación, o por lo menos la que yo he recibido del más bien despistado público, era de cierta decepción. Desde luego es fácil que después de una película tan brillante como El viaje de Chihiro cualquier pieza magistral pueda saber a poco, eso es problema de cada uno, pues Howl's Moving Castle es otra muestra inapelable del desbordado talento del autor de Porco Rosso, un hombre con una imaginería que se antoja inacabable a medida que nos va ofreciendo nuevas obras. El particular viaje que nos ofrece Miyazaki a través de una joven que mediante un hechizo se convierte en una anciana, nos devuelve por los parajes de la fantasía tan habituales de su filmografía. Con unos personajes profundos en matices y una deslumbrante "puesta en escena", Miyazaki parece decir que el ser humano no es malvado de por sí, que lo son sus inconscientes actos y los motivos por los que se producen. Llegamos con Howl's Moving Castle al interior de personajes desclasados, todos cargando con un maleficio a su pesar, y sin embargo el único absurdo que les contraviene es la presencia de una guerra global donde poco importa quienes son los amigos o los enemigos, pues el mal, como en Porco Rosso, se halla en la propia guerra, desgraciadamente, tan común en nuestros días. No se puede negar que de los ciento veinte minutos que dura el film, en los últimos cinco, este se cierra de manera algo apresurada, o de una manera algo trillada, como mejor prefiera verlo el espectador, pero tras tal derroche de placer al ver una película de estas características, no voy a ser yo el que crucifique a Miyazaki como medio planeta hace con Steven Spielberg. Sky Captain and the World of Tomorrow , film de inminente estreno en nuestra cartelera, del debutante Kerry Conran, autor absoluto de la obra, ha resultado una película de singular atractivo para aquellos que aún disfrutan con un film basado básicamente en la fuerza de sus imágenes. Este film-cómic de estética entre pulp y retro, pero sin la depuración artística de un Guy Maddin, ha añadido buenas dosis de fantasía al imaginario global al público asistente, por si no hubiera habido suficiente con Miyazaki. De una narrativa anecdótica, pero no por ello menos llamativa -su coherencia argumental ya es otro cantar-, Conran filma en soporte digital una obra creada en su mente a partir de referencias tan dispares como el fantástico de corte apocalíptico, el cine negro o los films bélicos de los años treinta y cuarenta, todo ello narrado en forma de viñetas en movimiento con unos logros estéticos bastante disfrutables. Mezcla de formatos y de géneros para una historia algo atropellada y/o acelerada -qué se le va a hacer, al fin y al cabo es cine de consumo- que convence mucho más por la fuerza de sus imágenes que por su entramado dramático o por la definición de sus personajes, meros títeres de lo visual. Con todas las pegas que se le pueda poner, y no son pocas, Sky Captain. posee la belleza de lo imperfecto, el talento de un director con ganas de contar con imágenes un film de un singular atractivo, pero de un indudable interés. Lástima que el proyeccionista de la sala andara tan estresado como el resto de los organizadores del festival y decidiera intercambiar los rollos del film, ofreciendo unas elipsis y unas posteriores reconstrucciones narrativas, que para colmo, jugaban en contra de la película (pues lo obvio se hacía latente en los momentos de relleno argumental), aunque esto, evidentemente, no fuera culpa de ella. Mucho más ácida y divertida se ha presentado el fake (o falso documental) CSA: Confederated Status of America, donde el realizador Kevin Willmott ofrece un retrato de la historia moderna de Norteamérica partiendo de la base que la guerra de secesión la ganaran los confederados, permitiendo así la esclavitud como un monopolio capitalista hasta nuestros días -una de las escenas más hilarantes del film es cuando se ofrece una familia de esclavos (entera o dividida) por Internet-. Film socarrón, cínico y, por momentos, tremendamente amargo, clava su peculiar ironía en ofrecer un reflejo de unos Estados Unidos desalmados y lobotomizados, que curiosamente, no se hallan tan lejos de lo que hoy representa el país gobernado por George W.Bush Jr. Lincoln exiliado en Canadá, Hitler como aliado, Canadá como enemigo acérrimo. Willmott resulta por momentos más sutil que colegas suyos como Michael Moore o Trey Parker, pero con un cierto toque de desesperación, donde queda reflejado dentro del fake momentos reales de la crudeza de Norteamérica -la ayuda a los golpes de estado en Sudamérica, la vanidad de un país orgulloso de haber ganado todas sus guerras, el capitalismo como verdadero dictador latente tras una aparente democracia.-. Con unas ideas mejor expuestas y/o resueltas que otras, la calidad del film se haya más en las ganas de una protesta inteligente, que por lo logrado de algunos de sus chistes. |