Miradas de Cine Dia 09. 10 de diciembre de 2004

La 37ª edición del Festival de Sitges cerró sus puertas con la proyección del último film presente en la Sección Oficial Fantastic –que a estas horas ya se sabe que ganó la magnífica Old boy, un premio tan merecido como previsible, en la línea de la ganadora del año anterior, el Zatoichi de Takeshi Kitano–, la película colectiva, Three. extremes de Fruit Chan, Takashi Miike y Park Chan-Wook, y con la ceremonia de clausura: Creep del realizador británico Chris Smith. A última hora del último día se cerró también la Seven Chances con la muy esperada, al menos para los redactores de Miradas de Cine que asistimos, Tropical Malady del cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul. Premio del Jurado en el último festival de Cannes, donde dicen los corresponsales, se produjo un abandono masivo de público durante la proyección del film. Antes de entrar en análisis, un apunte: también pude ver en un pase con siete personas más la que me ha parecido mejor película del festival, Werckmeister Harmonies de Béla Tarr, film dentro de la sección Europa Imaginària, y la horrorosa nueva película de Albacete y Menkes Entre vivir y soñar , sin embargo, y por ello pido disculpas al lector, no pienso hablar ni de la primera –pues su comentario se me hace muy complejo de explicar en una simple crónica, así que remito al lector al excelente artículo de David Flórez para "Tren de sombras" (1)–, ni de la segunda, por irrelevante, y eso que en la misma está uno de los actores más en forma del cine español: Alex Brendemühl.

Así que empecemos con el nuevo Miike+Chan+Chan-Wook. casi nada. El film colectivo Three, del que Three. extremes es una especie de secuela, fue el resultado de la unión de tres cortometrajes de los realizadores Peter Chan, Kim Jee-Woon y Nonzee Nimibutr, que funcionaba como un conjunto de episodios realmente terroríficos, del que sobresalía por méritos propios Memories del realizador de Dos hermanas. Dado el tirón de taquilla del film, decidieron realizar otra nueva película, la vista hoy en Sitges y proyectada en el pasado festival de Venecia, juntando a tres de los directores más interesantes del panorama asiático actual: El kamikaze del exceso Takashi Miike, el apologista de la venganza Chan-Wook y el inclasificable chino Fruit Chan, autor de una película tan interesante como bizarra: Public Toilet. Three... extremes, evidentemente, es una película memorable, aunque claramente ajustada con unos objetivos comerciales. Un Miike muy calmado y bastante esteta, buscando más el horror interior que su habituales excesos formales; un Chan macabro, donde el principal objeto de perturbación son unos raviolis de fetos humanos que se come la protagonista para rejuvenecer, de una crueldad sombría y desmesurada; y finalmente, un Chan-Wook memorable, lo mejor de toda la película, una historia brutal cargada de ironía –de hecho la cinta se hace visible gracias al sentido del humor del realizador, si no, sería extremadamente cruel–, donde Chan-Wook mueve la cámara como un David Fincher surcoreano. Film que pese a ser episódico funciona con un entendimiento común bastante encomiable, sorprende tanto por su sobriedad estilística, como por la contención ajustada a ciertos criterios semánticos.

Mucho menos interesante resultó la gala de clausura con Creep, ópera prima del realizador Chris Smith. El film cuenta la pesadilla vivida por Franka Potente al quedarse atrapada en un metro de Londres, donde se haya un ser perturbado deforme, que igual se come a sus víctimas como les realiza abortos con un serrucho. Film convencional, cuya premisa se agota en los primeros planos por lo consabido de lo representado, únicamente planea dos ideas acertadas: (i) La confusión que tienen los protagonistas al dejar atrás a alguien a quien creían vivo y acaba padeciendo la peor de las torturas de la película, y (ii) el plano en que vemos por primera vez al hombre-monstruo, en un primer plano resultante de conseguir algo de luz en la oscuridad. El resto se mueve dentro de los parámetros del cine de género más comercial –por algo Fílmax distribuirá la película en nuestro país–, haciendo que 85 minutos de metraje incluso parezcan excesivos dado lo poco recurrente de la trama, donde Corre Lola Corre parece un simple entrenamiento para la actriz germana, para las continuas huidas –¿sólo a mi me recordó a Benny Hill?– huyendo del monstruo.

El último film visto en Sitges acabó resultando el más impactante del certamen. Weerasethakul, del que no he visto ninguno de sus films anteriores -Mysterious Object at Noon (2000) y Blissfully Yours (2002)–, y del que dicen, Tropical Malady es una variación estilizada, pero más concreta, del film precedente. Narrada en dos partes diferenciadas por los propios títulos de crédito, el realizador tailandés se descubre como un personaje interesado por la renovación formal de la sintaxis cinematográfica. Film exabrupto, cuyas dos historias persiguen una misma plástica introspectiva, que deambula entre lo físico y lo etéreo, lo real y lo puramente fantástico, aunque de corte legendario. De la historia de amor de la primera parte, –sensible, cuidada, romántica, homosexual–, narrada con un uso de la elipsis marcada, centrándose en lo costumbrista con ecos fantasmáticos, pasa a una segunda historia bastante más desquiciada, pero de una belleza intrínseca que mantiene equilibrada la forma –exasperada, con un tempo narrativo muy sosegado– y la dureza de la representación dramática. Los dos amantes se acaban encontrando entre la transfiguración demoníaca y la reencarnación bestiaria, todo movido por la sinrazón de los sentimientos. Tropical Malady es un film extremo en muchos aspectos, y desde luego, altamente desconcertante para el espectador. El peso de sus imágenes merecen de un estudio de la filmografía de Weerasethakul, hay que adivinar si las pretensiones del autor responden a su encuentro con la belleza artística o responde a una pura voluntad de experimentación. Fin de festival.

(1) http://www.trendesombras.com/num2/critica_werckmeister.asp