MYCHAEL DANNA (1ª parte)  
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Elegir a Mychael Danna para inaugurar esta serie de textos sobre compositores de música para cine no es fruto de la casualidad. Al hacerlo, quiero expresar que para mí es el mejor compositor del panorama actual, por encima popes consagrados cuyos nombres tenemos todos en mente. Si en boca de todos ha estado en los últimos veinte años el manido término «cine de autor», me gustaría reciclarlo para referirme al trabajo de Danna como «música de autor», entendiendo que su universo sonoro es el más peculiar, rico, complejo e inquieto de cuantos podemos disfruta en la actualidad.

Como sucede con otros muchos artistas (1), su obra quedará indisolublemente ligada a la de un autor canadiense cuyas películas han gozado de las partituras de Danna: se trata obviamente de Atom Egoyan. La colaboración entre ambos se prolonga durante dieciséis años, los últimos ocho largometrajes, dos cortometrajes y un trabajo para televisión del cineasta armenio.

La excepcionalidad del trabajo de Danna radica en la univocidad de su discurso con las fábulas narrativas de Egoyan, algo que sorprende más si cabe al escuchar los primeros trabajos de Danna, antes de que el realizador se cruzara en su camino. Las influencias del primer Oldfield, de Glass o del sublime Vollenweider aparecen entre los cortes de sus primeros títulos en solitario y, junto al compositor de Toronto Tim Clement (2), dio un paso adelante en el manoseado lenguaje del new age con sus tres álbumes firmados de manera conjunta a mediados de los ochenta. Su incursión en la música celta junto a su hermano Jeff y sus múltiples aportaciones al cine han sido algunos de sus pasos hacia delante en una trayectoria ecléctica a la vez que personalísima.

La experimentación, la inquietud, la necesidad de explorar nuevos instrumentos, formas de composición, culturas no occidentales, el buceo en tradiciones tan diversas como ajenas, que van desde la tibetana, la persa, la de la Europa medieval o la India hasta la Armenia, son características básicas del trabajo del autor, que pueden ayudar a comprender la complejidad de sus notas.

Aunque pequeña, en comparación a otras ciudades canadienses, Winnipeg, capital de Manitoba, es un hermoso centro urbano en medio de dos ríos, el río Rojo y el río Assiniboine. Se trata de una de las ciudades más gélidas del país, y posiblemente por el frío, ha desarrollado una vibrante comunidad artística con grandes eventos culturales. Para sumarse a esa corriente nació el 20 de septiembre de 1958 Mychael Danna.

Con apenas ocho años, y cuando su hermano Jeff contaba con sólo dos años, Mychael comenzó a tomar clases de piano y a cantar en coros de iglesias de su barrio. a los catorce años su vida cambió al adquirir su primer sintetizador. Con aquella máquina realizó sus primeras composiciones originales descubriendo un nuevo terreno por explorar que desde entonces le ha cautivado y ocupado.

Danna comenzó su carrera como compositor para la industria cinematográfica a los veinte años con su partitura para el largometraje Metal Messiah del realizador canadiense Tibor Takács (3). Ese sería su primer paso en una evolución creativa cuyo origen y causalidad él mismo explica: «Cuando comencé a escribir mis partituras y a estudiar históricamente la evolución de la música a lo largo de los siglos, llegué a la conclusión de que el origen de la mayoría de la música instrumental interesante producida hacia finales del siglo XX era el cine. Creo que ello se debe a que en el cine es donde está el dinero necesario para proveer a los compositores de grandes orquestaciones. a lo largo de la historia parece que el núcleo musical se ha ido formando en torno al lugar donde está el dinero para pagarlo» (4).

Tras realizar sus primeras partituras, se matriculó en la carrera universitaria de composición musical en la Universidad de Toronto, y allí compaginó sus estudios con la publicación de diferentes álbumes en solitario editados en Canadá, como Elements (1979) y The Electronic Orchestra (1980). En sus últimos años universitarios se dio a conocer en su país y en Estados Unidos gracias a sus tres colaboraciones con Tim Clement, en las que exploraban nuevos caminos dentro del new age. De este modo, en 1984 publicaron a Gradual Awakening , un año más tarde Summerland (poco antes de que Danna se graduara en la universidad de Toronto donde fue galardonado con el Premio de Composición Glenn Gould en 1985, durante su último año universitario), y en 1986 cerraría la colaboración con Clement publicando Another Sun .

El reconocimiento del público dejó paso a su contratación como compositor residente del Planetario McLaughlin en Toronto, lugar en el trabajó durante el siguiente lustro. Fruto de esta dedicación verían la luz dos trabajos discográficos: Planets, Stars, & Galaxies (1987), y Mars: The Journey Begins (1988).

Entre ambas composiciones, irrumpió en la carrera de Danna el hombre que iba a marcar su trayectoria profesional: en 1987, el realizador Atom Egoyan le contrata para poner música a su segundo largometraje: Family viewing . «Mis propias obsesiones personales parece que son la mejor inspiración para mi música, y Atom siempre ha tenido la habilidad necesaria para canalizar esas obsesiones mías en sus películas» (5), explica Danna.

Personajes asfixiados, atmósferas opresivas, incomunicación en plena era tecnológica, soledades excluyentes, identidades perdidas y reencontradas, pornografía, ruptura y reestructuración de la unidad familiar. Si hay una palabra que pueda resumir la obra de Atom Egoyan en general y Family viewing en particular esa será «compleja». Danna utiliza la contraposición de elementos tradicionales y vanguardistas para conseguir recrear la atmósfera necesaria para dotar de vida al universo del cineasta, una atmósfera que en adelante tendrá tanto o más peso que los propios personajes. Tambores africanos conviven con samplers y arreglos electrónicos reiterativos y funcionales en temas como North wing , mientras la cuerda y el viento más tradicionales protagonizan piezas épicas y melodramáticas como Family reunion .

Los mismos instrumentos básicos se repiten en su siguiente trabajo, Guiones cambiados (Speaking parts, Atom Egoyan, 1989), cuya oscuridad remite a las posteriores colaboraciones de Howard Shore con David Cronenberg, mientras ese mismo año colabora por primera vez con su hermano Jeff para elaborar la música de Cold comfort (Vic Sarin), «una partitura minimalista para piano y guitarras eléctricas» (6). La banda sonora de El liquidador (The adjuster) marca un punto y aparte en la carrera de Danna; excepcionales temas barrocos como Flashlight conviven con otros de corte clásico y limpio como Dinner at home, en los que apenas se cuela el oboe que preside la melodía que vertebra la partitura. Una pieza sobresaliente e innovadora que con el paso de los años no ha hecho sino ganar densidad y belleza. El último tema, Fire , será el punto de partida para trabajos tan trascendentes e importantes en su trayectoria como Exótica (Exotica, 1994) o El dulce porvenir (Sweet hereafter, 1997).

En 1991 y 1992 Danna grabó dos álbumes bajo el título respectivo de Sirens y Skys. Sirens podría considerarse un delicioso paso previo a los dos discos de raíces celtas que grabó a mediados de los noventa junto a su hermano Jeff, en el que conjuga el espíritu New age de sus colaboraciones con Tim Clement con la música tradicional nórdica, y Skys continúa explorando esa senda si bien el origen de este proyecto es muy preciso. « Skys surgió de una serie de fotografías que tomé en un viaje por Canadá que hice en la primavera de 1986. La lluvia implacable y envuelta en niebla por encima de húmedas dunas de arena me provocaron una fuerte impresión. Estaba siendo testigo de algo de una enorme complejidad aparente cuyos elementos básicos eran muy simples: aire, agua y sol, en lento pero constante cambio» (7). El resultado son diez evocadores cortes titulados sencillamente desde Sky one hasta Sky ten , que recorren diferentes estados de ánimo que van desde la agresividad hasta la calma más absoluta o la emotividad más intensa conseguida a partir de escasos instrumentos de cuerda y viento junto a las minimalistas notas de un piano.

CONTINUARÁ

(1) a vuelapluma me vienen a la mente Angelo Badalamenti con David Lynch, Danny Elman con Tim Burton, Patrick Doyle con Kenneth Brannagh, John Ottman con Bryan Singer, , John Williams con Steven Spielberg, Nino Rota con Federico Fellini, Georges Deleure con Françoise Truffaut, .
(2) En toda la obra de Clement ha sido central la idea de utilizar la música como parte del ambiente. «Su principal creencia es que la música que rodea nuestros actos cotidianos es un agente condicionante en nuestras vidas, que tiene profundos efectos en nuestra vida física, emocional y espiritual». Extraído de la web oficial del sello discográfico de Clement, Chacra Alternative Music, en www.chacramusic.com/clement.htm
(3) Con quien volvería a colaborar en el episodio dirigido por Takács en la serie de televisión Tropical heat (1991).
(4) Mychael Danna a Doug Adams, en Film Score Monthly, Enero de 1998, en http://home.cogeco.ca/~mdanna/fsm1.html
(5) Mychael Danna en http://home.cogeco.ca/~mdanna/Film.html
(6) Así aparece definido este trabajo en la web oficial de Mychael Danna, en http://home.cogeco.ca/~mdanna/Film.html
(7) Mychael Danna en http://www.hos.com/onesheet.lasso?shortcatno=032