Miradas de Cine VÉRTIGO
(Vertigo, 1958. Alfred Hitchcock)
MdC
Por Susanna Farrè
































 

 

 

 

 

 






Miradas de Cine © 2002

La última mirada hacia el pasado

Cuando en 1955 los escritores franceses Pierre Boileau y Thomas Narcejac publicaron su novela D'entre les Morts(1), la Paramount se apresuró a comprar los derechos de adaptación para la pantalla, ya que Alfred Hitchcock, uno de sus directores-estrella había quedado decepcionado al no poder adaptar Celle qui n'était plus (1952), anterior novela de los franceses que había sido llevada al cine por Henri Georges Clouzot con el título de Las diabólicas (Les Diaboliques, 1954).

La adaptación cinematográfica que Alec Coppel y el autor teatral Samuel Taylor escribieron para la realización del film de Hitchcock convertía la novela original en una sobrecogedora historia de pasiones y sentimientos humanos, utilizando la trama policíaca de los franceses como telón de fondo y excelente ejemplo de lo que ha de ser un buen McGuffin.

Scottie Ferguson (James Stewart) es un detective que intenta recuperarse física y psicológicamente de un accidente sufrido mientras perseguía a un ladrón por las azoteas de San Francisco. En aquella persecución, al quedar colgado de la cornisa de un edificio, Scottie había descubierto su acrofobia, la cual le había impedido asir la mano del policía que le acompañaba, cayendo éste al vacío al tratar de ayudarle. Durante su convalecencia, un antiguo compañero de estudios, Gabin Elster, casado ahora con una rica heredera de una empresa de astilleros, le cita para pedirle un favor. Tras explicarle la extraña conducta de su mujer Madeleine (Kim Novak), que cree estar poseída por el espíritu de su bisabuela Carlotta Valdés, le pide que la siga para tratar de evitar que intente suicidarse, como ya hizo su antepasada. Scottie acepta a regañadientes, pero poco a poco va quedando hechizado por la intrigante mujer, de la que acabará enamorándose perdidamente. Ambos iniciarán un tormentoso y pasional romance, pero Scottie, de nuevo por culpa de su vértigo, fracasará en su intento de evitar que ella se suicide tirándose desde lo alto de la torre de la Misión de San Juan Bautista, y tras esto, quedará sumido en la más absoluta desesperación. Pasado un tiempo, Scottie se cruza en la calle con Judy (de nuevo Kim Novak) una chica que se parece asombrosamente a la fallecida Madeleine, y tras conocerla, no resiste a la tentación de intentar transformarla en su amada perdida, sin darse cuenta de que ambas son la misma persona y que él ha sido la coartada perfecta de un siniestro plan de asesinato.

Vértigo, tras la apariencia de un thriller policíaco, es la historia de un hombre desesperado por recuperar a su amada muerta. Independientemente de la trama policial, que actúa como hemos dicho de McGuffin argumental, de excusa para que la verdadera historia pasional pueda desarrollarse, el interés del film de Hitchcock radica en la reflexión sobre la impotencia humana ante la irreversibilidad de la muerte. Ésta está presente a lo largo de todo el film y encuentra una de sus manifestaciones más claras en la bellísima escena del bosque de las sequoias sempervivas, en la cual Madeleine anticipa su funesto destino al afirmar que la longevidad de estos árboles le recuerda que tiene que morir. Es éste uno de los pasajes que más representa el espíritu de tragedia romántica que inunda toda la película. En la escena siguiente, en la que Scottie y Madeleine se besan por primera vez ante un mar embravecido, vuelve a anticiparse la muerte de la mujer, al narrar ésta su extraño y tétrico sueño, anticipo a su vez de la inquietante pesadilla de Scottie tras la muerte de su amada, cuyos dibujos crearía el pintor John Ferren, autor también del retrato de Carlotta.

La obsesión de Scottie por una mujer que ya está muerta le lleva a intentar resucitar su imagen a través del cuerpo de Judy, haciéndole vestir sus ropas y peinándola como a ella. La culminación de su esfuerzo, y el éxtasis de su deseo sexual por ella se producirá en la escena de la transformación final de Judy en Madeleine, cuando ésta sale del lavabo envuelta en un fantasmal halo verde que expresa su resurrección de entre los muertos. Sólo entonces Scottie accederá a besar a Judy/Madeleine, sólo así podrá quererla por fin, cuando sea lo que no es, lo que nunca ha sido, pues Madeleine es una ficción, una muerta que a su vez es poseída por otra muerta. He aquí la visión necrófila(2) del film, y la explicación de algunas imágenes que muestran a Madeleine como si fuera un cadáver, como en la escena del larguísimo beso giratorio, uno de los más eróticos de la historia del cine, en el que Madeleine /Judy se entrega a Scottie cayendo en sus brazos como sin fuerzas, colgando de él como si estuviera muerta, mientras Scottie revive el último beso que le dio la supuesta verdadera Madeleine, en las cuadras de la Misión de San Juan Bautista y antes de ejecutar su suicidio.

Madeleine es un fraude, es una ficción, un personaje inventado por otro personaje, por el guionista del film que hay dentro del film, Gabin Elster(3). Madeleine es como la representación del cuadro de Carlotta, un cuadro dentro de un cuadro, por eso las diferentes escenas del seguimiento de Madeleine la suelen mostrar dentro de un marco, o reflejada en un espejo, como al salir del restaurante Ernie's o en el maravilloso plano de la floristería, a un lado del cual se muestra a Madeleine reflejada y al otro la puerta entreabierta por donde asoma Scottie observándola, ejemplo genial del juego de ralidades entre el campo y el fuera de campo. No es casual tampoco que Scottie descubra la trama de la que ha sido víctima a través de una imagen de Judy / Madeleine reflejada en un espejo, como si una vez revivida su amada, aquella que no es real, ésta descubriese a la impostora que ahora ocupa su puesto. Judy es un ser real, que sufre y se atormenta por el debate entre sus sentimientos hacia Scottie y la ejecución del plan que había ideado con Elster. Judy lucha contra sí misma, contra una poderosa fuerza interior que la empuja hacia el abismo, contra el espíritu del mismo personaje que ha representado, y del que le es imposible huir. Scottie anula a Judy, la sustituye por su amada y ficticia Madeleine, y ella acepta resignada el triunfo de su rival, de la imagen que ella creó y que ahora la condena a vivir su misma suerte, su mismo destino final. Scottie actúa como Pigmalión con su Galatea, creando una mujer a su gusto, según sus deseos. Judy parece temer el recuerdo de Madeleine, o quizás sea Carlotta la que la atormenta, personaje que en realidad sí existió, aunque sirva de simple inspiración a la historia de Elster. Esta extraña segunda posesión de Judy por Madeleine /Carlotta sólo es insinuada en la versión original, cuando desesperada en la torre suplica a Scottie que la proteja(4) (¿de qué?, ¿de quién?) antes de caer de nuevo al abismo.

El vértigo es una sensación que conjuga extrañamente atracción y repulsión, como la combinación entre travelling out y zoom in que Hitchcock ideó para intentar emular el efecto real. Scottie padece físicamente ese vértigo, pero también lo vive emocionalmente, al igual que Judy, sintiendo una extraña sensación de atracción y repulsión hacia el objeto de sus deseos, hacia la tumba abierta que les llama desde sus pesadillas. Nada más expresivo que el plano final del film, con Scottie enfrentándose a un abismo en el cual se ha perdido para siempre su amor. Su vértigo desaparece, pero en su lugar quedará la más absoluta desolación. Como al principio, colgando del canalón del edificio, su vida queda suspendida en el vacío, congelada eternamente sin que se dé al espectador la respuesta a la resolución de la situación. En el primer caso, algunas magulladuras y lesiones parecen querer indicar sin demasiada molestia que Scottie debió caer al vacío. En el segundo, el film concluye con este plano, dejando a la imaginación del espectador la suerte del desdichado detective. (5)

La muerte es el gran tema de Vértigo y es también una de las constantes temáticas del cine del director, muy presente en otras de sus obras como Rebeca (Rebecca, 1940), Psicosis (Psycho, 1960) o Los Pájaros (The Birds, 1963). Hitchcock no escribía los guiones de sus películas, pero en muchas de ellas se repiten una serie de elementos(6) que permiten afirmar que el director controlaba todos y cada uno de los procesos de elaboración de sus films. Así, el voyerismo, cuya máxima ejemplificación se encuentra en La Ventana Indiscreta (The Rear Window, 1954), y que también aparecería con fuerza en Psicosis, tiene un papel fundamental en Vértigo. La larga secuencia en la cual Scottie sigue a la misteriosa Madeleine, es mostrada desde el punto de vista del detective, sin apenas ninguna línea de diálogo, tan sólo observando desde lejos la figura de la extraña mujer. El talento de Hitchcock por comunicar a través de las imágenes encuentra en estas escenas uno de los ejemplos más bellos de toda su filmografía. Durante más de un cuarto de hora de film el espectador es llevado a observar cada movimiento de la enigmática Madeleine, descubriéndola primero en el restaurante Ernie's y siguiéndola después por diversas localizaciones de San Francisco. Esta primera persecución dejará en la mente de Scottie, e irremediablemente en la del espectador una serie de imágenes inolvidables que se erigen en verdaderos tableaux vivants de una fuerza visual y expresiva inigualable. Es imposible olvidar el perfil de Madeleine cuando se detiene ante Scottie en el restaurante Ernie's, con el color rojo de la moqueta de la pared acentuándose como indicador subjetivo del encendimiento de la pasión amorosa en Scottie. El perfil de Madeleine encontrará su réplica en otra imagen que volverá a aparecer durante la segunda parte del film: la figura fantasmal de Judy en contraluz, ante la ventana de su habitación de hotel iluminada tan sólo por el neón de un cartel luminoso. El perfil de Madeleine y el de Judy son las dos caras de un mismo rostro, el rostro de una mujer que ha engañado al detective y ha confesado su traición ante un anonadado espectador que no acaba de creerse lo que ve. Al igual que en Psicosis, la protagonista femenina de Vértigo muere violentamente a medio metraje. Una terrible sensación de desolación, decepción y enfado recorre la mente del espectador cuando todas sus expectativas son aniquiladas de un plumazo con la muerte de Madeleine y de Marion. En ambos films existen dos partes claramente diferenciadas, y en ambas la historia se ve obligada a comenzar de nuevo desde cero a medio film. El inesperado revés dramático provoca sorpresa y decepción, pero en Vértigo se da además una segunda frustración aún quizás más sorprendente. Apenas haber hecho aparición Judy, y empezar a sentir el espectador que el suspense de la trama se reaviva, Hitchcock vuelve a abofetearle con el desvelamiento por parte de la chica de toda la trama argumental que explica los hechos vistos hasta entonces. Judy confiesa en off su participación en el crimen de la mujer verdadera de Elster, la complicidad en un maquiavélico plan de asesinato en el cual Scottie y su vértigo constituían la coartada perfecta para asistir de testigo a un suicidio falso. La confesión de Judy viene además acompañada de un flashback visual que aún aporta más información al espectador de la que ya le han proporcionado, dejándole boquiabierto ante un film que ya no sabe por dónde puede continuar. Hitchcock decide informar al espectador, pues el verdadero suspense no ha de recaer para él en el relato, sino en las relaciones que se establecen entre los personajes. A partir de ahora, el suspense se centrará en intentar adivinar cómo descubrirá Scottie la verdad, y lo que es más importante, cómo reaccionará ante ella. Hitchcock decidió destapar los entresijos de la trama argumental, en clara alusión despectiva hacia un plan de asesinato que para él no se aguantaba por ningún lado. Pero el descubrimiento de la verdad no debió satisfacer demasiado a los espectadores y a la crítica del momento, poco receptivos a un cine tan psicológico y más acostumbrados a que los films de Hitchcock fueran historias de misterios por resolver o relatos de crímenes perfectos que tenían respuesta… pero al final de la película y no en pleno desarrollo.

El vouyerismo de Hitchcock tiene un icono representativo que se repite a lo largo de muchos de sus films y que se relaciona con otras de sus constantes temáticas: el ojo. Éste motivo iconográfico es el punto de arranque de Vértigo con el acercamiento de la cámara hacia el interior del ojo derecho de una mujer, en la secuencia de los magníficos créditos iniciales de Saúl Bass. De este ojo emerge una espiral que tendrá equivalentes formales en los ramilletes de Carlotta y de Madeleine, en el moño de ambas o en la escalera de caracol que sube en espiral hacia la torre del campanario, donde la muerte espera a la heroína. En espiral se pierde también el agua por el desagüe de la ducha en Psicosis, o la vida desaparece en movimiento espiral desde el ojo aterrado de Marion Crane. Este ojo es el de Norman Bates mirando por la mirilla de la habitación contigua, o el de la calavera del cadáver momificado de su madre, con las cuencas vacías como las de los ojos vaciados por los pájaros de Bodega Bay o su moño recogido casualmente como el de Madeleine, situada como la Sra. Bates, de espaldas al espectador.

La muerte aparece de nuevo en Vértigo a través de la constante alusión al pasado: al que vivió San Francisco en aquellos tiempos envidiados por Elster, en los que los hombres, como el marido de Carlotta, disponían del poder y la libertad para hacer lo que querían. También el pasado es aludido mediante las localizaciones elegidas de la ciudad de San Francisco y de sus alrededores, de manera más obvia en Las Puertas del Pasado, del Parque del Golden Gate, y también de manera implícita en la Misión Dolores y su cementerio, o en las más alejadas Misión de San Juan Bautista y sobre todo el Big Basin Redwoods State National Park, algunos de ellos, ejemplos del colonialismo español de una ciudad, San Francisco que también murió y renació literalmente de entre las cenizas. Scottie intenta revivir su pasado con Madeleine. Pero su última mirada al pasado, aquella con la que pretende conseguir la purgación de su culpa con la confesión de Judy, será lo que condene finalmente a Scottie a una más que probable locura, pues con su empeño en reconstruir la muerte de su amada, la perderá definitivamente, y tal y como Orfeo con Eurídice, su mirada atrás precipitará a Madeleine de nuevo al abismo, devolviéndola al infierno de donde nunca debió regresar.

Hitchcock contó para la realización de Vértigo con un extraordinario elenco de colaboradores, entre los que hay que destacar, a parte de los ya nombrados, la increíble aportación de Bernard Herrmann con una de las bandas sonoras más sobrecogedoras y bellas que ha dado la historia del cine. Inspirada en obras de Mozart o en el Tristán e Isolda de Wagner, con la que mantiene muchas correspondencias no sólo musicales sino también dramáticas, la música acompaña en todo momento las situaciones mostradas, pero lejos de suponer por su insistencia una molestia para el espectador, se convierte para él en otro elemento expresivo que añade fuerza dramática y significado propio a las imágenes. Cualquier pasaje sirve como ejemplo, pero de entre ellos se ha mantenido en la memoria de todos la música de los créditos iniciales de Saúl Bass, quizás la pieza más recordada de todo el film.

Junto a Herrmann, no hay que olvidar la labor de Robert Burks, director de fotografía y responsable de las numerosas imágenes que quedan para el recuerdo, como la de Madeleine en el cementerio, rodeada por una bruma fantasmagórica, o la de ella también en fort Point, bajo el Golden Gate, a punto de lanzarse hacia la recreación del suicidio de Ofelia. Destacan por último la diseñadora de vestuario Edith Head, con los trajes que catapultaron la imagen de Kim Novak y por último, Hal Pereira y Henry Bumstead en la dirección artística, trabajo por el cual obtuvieron, junto a Harold Lewis y Winston Leverett en el sonido (al menos ellos), una merecida nominación al Óscar.

Mención final merecen los intérpretes protagonistas, James Stewart y Kim Novak, en la encarnación de los mejores personajes de sus carreras interpretativas. Kim Novak es en Vértigo la mejor Madeleine y Judy imaginable. Quizás si Hitchcock hubiera conseguido que su admirada Vera Miles interpretara el papel la película no hubiera alcanzado el nivel que posee. Kim Novak realizó una interpretación perfecta que, si bien no convenció a Hitchcock, cautiva por su naturalidad y sencillez. "Si hubiéramos tenido a una brillante actriz que hubiera creado realmente a dos personas claramente diferenciadas, el resultado no hubiera sido tan bueno. Parecía tan ingenua en su papel, y eso fue lo mejor. Siempre resultaba creíble. No había "arte" en su actuación, y es por eso precisamente por lo que todo funcionó tan bien"(8) . Stewart, considerado su personaje por muchos como el alter ego de Hitchcock, pues éste también estaba enamorado de un prototipo de mujer que tiene tanto de bello como de fría e inalcanzable, consigue que Scottie parezca ser el hombre más desgraciado, desesperado y patéticamente obsesionado por una mujer que existe, configurando un ejemplo magistral de lo que el alma humana puede llegar a esconder. Acompañando al dúo protagonista, la encantadora amiga maternal Midge, interpretada por Barbara-Bel Geddes, actriz de teatro más conocida en España por su labor en la serie Dallas que por su trayectoria en otros medios, cumple bien las estrictas indicaciones que de todos es sabido que Hitchcock imponía a sus actores. Y por último, Tom Helmore en su breve papel de Elster, hace lo propio con su personaje

Vértigo fue recibida con frialdad por la crítica y el público de su época, al igual que pasaría con otras obras maestras del director que rompían con los esquemas comerciales que se esperaban de un film de intriga y asesinatos. Pero los críticos de la Nouvelle Vague francesa, entre ellos François Truffaut(8) y Jean-Luc Godard, se encargaron de rescatar el talento de Hitchcock de las oficinas de las grandes productoras de Hollywood, para catapultarlo como el genial director que ahora se reconoce que es. El maestro del suspense realizó con Vértigo su mejor obra, o cuanto menos, la más personal y reflexiva.

El genio de Hitchcock tuvo que esperar a que la crítica francesa lo descubriese, pero el tiempo, que siempre acaba por dar la razón al talento, ha catapultado a Vértigo al escalafón de las obras maestras, aquellas que se erigen en verdaderos iconos de la cultura de nuestro tiempo.

1 El título inicial fue Amongst the Death, pero Hitchcock ya preveía que una frase tan siniestra no iba a casar demasiado bien con los intereses comerciales de la Paramount, así que después de infinitud de opciones, se decidió por Vértigo, título que pese a no satisfacer a los magnates, Hitchcock consiguió imponer. En España este film se estrenó con la traducción De entre los muertos.

2 Es curiosa la substitución en el doblaje de la versión española de algunas líneas de diálogo que aludían directamente a la necrofilia de Scottie. En la secuencia del hospital, última en la que aparece Midge, ésta se dirige al doctor afirmándole que Scottie no se recuperará, pues aún está enamorado de la ya muerta Madeleine. En la versión española, esto se elude, diciendo simplemente que Scottie no se podrá recuperar mientras se sienta culpable de la muerte de Madeleine.

3 Eugenio Trías, autor de “El abismo que sube y se desborda”, genial reflexión estético-filosófica del film Vértigo dentro del ensayo Lo Bello y lo siniestro Ed. Ariel, Barcelona, 1992, desarrolla esta idea de la representación dentro de la representación en su otro ensayo Vértigo y pasión, Ed. Taurus, Madrid 1998, imprescindible obra de referencia para el estudio del film que nos ocupa (pp.49 y ss.)

4 Hay aquí otra variación en la versión española de los diálogos reales en la original. En ésta versión, Judy suplica aterrada en la escena final del film en lo alto de la torre abrazándose a Scottie desesperadamente que la proteja (“Keep me safe”), frase que coincide con un fragmento censurado en la escena de las cuadras en la que Scottie le dice a Madeleine, abrazándola también: “No one possesses you, You’re safe with me”.

5 Hitchcock, por exigencias de los distribuidores, quienes no sin razón estimaban que este final era demasiado agresivo y ambiguo para le éspoca, rodó una escena adicional que concluía el film con una charla relajada entre Scottie y Midge. Esta fue la versión que llegó a España en su estreno, y con la que el film se llevó la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián de 1958, pero tras este estreno, Hitchcock decidió eliminarla del film para siempre.

6 Sobre la repetición temática en Hitchcock, existe una curiosa comparación de Vértigo con una narración escrita por Hitchcock en su juventud Gas (1918) recogida en el magnífico libro de Dan Aulier Vértigo, the Making of a Hitchcock Classic, St. Martin’s Press, 1998.

7 Vera Miles renunció en el último momento (aunque luego el film se retrasaría por otras cuestiones) debido a quedar en estado de su tercer hijo. Esto supuso un durísimo golpe para Hitchcock, quien pensaba haber encontrado en ella a la sustituta ideal de su más preciada rubia de hielo: Grace Kelly.

8 Declaraciones de Samuel taylor recogidas en la biografía de Donald Spoto, p.351.

9 Es necesario recordar que uno de los mejores libros sobre Hitchcock es El cine según Hitchcock, extracto de las entrevistas realizadas por Truffaut a mediados de los años sesenta y editado aquí por Alianza Editorial, Barcelona, 1996.