| AGUA TIBIA BAJO UN PUENTE ROJO, de S. Imamura |
|
|
||||||||||||||||
Fantasía surrealista orientalTras narrarnos en su anterior película la cruzada contra la hepatitis del excéntrico Doctor Akagi llega a nuestras pantallas el nuevo film del veterano cineasta japonés Shohei Imamura, que aunque lleva dirigiendo desde 1951, no llegó a conocérsele fuera de Japón hasta 1983 con La balada de Narayama. En los siguientes diecinueve años ha dirigido Zegen el señor de los burdeles, Lluvia negra, La anguila, y la ya citada Doctor Akagi. Agua tibia bajo un puente rojo, curioso título, pero que tiene su explicación, nos narra la historia de Yosuke (Koji Yakusho), que al perder su trabajo, decide salir en busca de un valioso buda de oro que un viejo vagabundo amigo suyo ocultó años atrás en otra ciudad, más concretamente en una casa al lado de un puente rojo. Allí encontrará a Saeko (Misa Shimizu, que al igual que el protagonista, trabajó anteriormente con Imamura en La anguila, y además en Doctor Akagi), una enigmática mujer que en lugar de expulsar sus flujos vaginales en cantidades normales, tiene orgasmos de litros y litros...de agua, ni fría ni caliente, que resbala por las paredes de la casa hasta caer al río que cruza por debajo del puente, para gozo de los pescadores locales, pues este agua atrae a los peces del mar. También hay un pasado, cuyo peso va creciendo dentro de la historia, a medida que Yosuke va descubriendo las cosas. La película está narrada con un genial sentido del humor, por ejemplo en las escenas de "inundación", como no, pero sobre todo cada vez que aparecen los personajes secundarios: Shintaro (que ofrece un trabajo a Yosuke) y su novia, los pescadores de la ribera del río o los africanos de la escuela de atletismo, eternamente perseguidos por la bicicleta de su entrenador (japonés), con un par de momentos dignos de cualquier antología de la comedia. La mejor definición que podría dársele a la película sería algo así como una fantasía surrealista con toques de comedia, drama e intriga. Y lo de surrealista no es sólo por las extrañas corridas de Saeko; es que a ratos la película es más rara que un perro verde. Vamos que si no es por los actores orientales, en algunas escenas te dicen que es de David Lynch y te lo crees. Agua tibia bajo un puente rojo es muchas cosas, un interesante y misterioso sueño, algunos recuerdos, un apasionante viaje a través del mundo de los neutrinos, preciosas vistas, como la de las montañas cuando Yosuke abre la ventana para masturbarse o el arco iris que provoca Saeko al correrse, la excelente música de Shinichiro Ikebe (que prueba una vez más que muchas veces lo más sencillo -que no simple- es lo más bonito). También es la lucha de una mujer contra el destino, que le niega el amor verdadero, o la lucha de un hombre contra la vida, que le va cerrando puertas. Pero por encima de todo, es una bella historia, y además muy bien contada. |