Miradas de Cine ATANDO CABOS, de Lasse Hallström   MdC
Cartel de la película
Por José Luis Hurtado
USA, 2001. T.O.: The Shipping News. Director: Lasse Hallström. Productores: Rob Cowan, Stephen P.Dunn, Linda Goldstein Konwlton, Irwin Winkler. Guión: Robert Nelson Jacobs, según la novela de E. Annie Proulx. Fotografía: Oliver Stapleton, en color. Diseño de producción: David Gropman. Música: Christopher Young. Montaje: Andrew Mondshein. Duración: 111 minutos. Intérpretes: Kevin Spacey (Quoyle), Julianne Moore (Wavey Prowse), Judi Dench (Agnis Hamm), Cate Blanchett (Petal Bear), Pete Postlethwaite (Tert X. Card), Rhys Ifans (Beaufield Nutbeem), Gordon Pinset (Billy Pretty), Scott Glenn (Jack Buggit), Jason Behr (Dennies Buggit).
Miradas de Cine © 2002

Frío glaciar, cine polar

Viendo esta The Shipping News, titulada aquí Atando cabos, uno llega a comprender plenamente la cantidad de limitaciones de Lasse Hallström como director, y que lleva poniendo de manifiesto de forma constante a traves de toda su carrera cinematográfica, y especialmente en sus últimos films para Miramax.

De hecho Hallström, se ha convertido en los últimos años, en un satélite de Miramax, con una precisa y preprogramada misión: Ganar el Oscar para la filial de Disney. Para ello, el realizador sueco, ha insistido una y otra vez en una suerte de material de la misma naturaleza, que sus jefes y él han considerado adecuado para tales fines: La comedia-drama-melodrama amable, en paisajes sugerentes con sólido reparto y edulcorada factura.

Los productos obtenidos, sin duda con cierta calidad o incluso simpatía, sin embargo no han obviado la trampa, el prefabricado, el gusto a vino de laboratorio, y lo que es peor, una cierta empalagosería pro-académica y estilísticamente academiscista.

La alarma saltó al ver el tratamiento extremadamente blandito de la excelente novela de Irving en la que se basaba Las normas de la casa de la sidra, convirtiendo el drama rural en anécdota campestre, y la metáfora abortista, en anécdota. Con Chocolat no ocurrió esto, porque de partida la historia era un cuento amable con sólo buenas intenciones, y poco lugar para la oscuridad y la reflexión, un bomboncito de caja roja hecho para agradar el paladar del espectador y arañar de nuevo estatuillas en lo posible. Con Atando cabos, la operación se ha repetido milimétricamente, pero esta vez con resultados mucho más flojos, incluso de cara al Oscar.

La historia de esta familia disfuncional de regreso a su ancestral Terranova, y el descubrimiento de los mini-sórdidos secretos familiares, así como la historia de amor de los protagonistas, inquieta muy poco, y lamentablemente interesa mucho menos, porque hacer cine no consiste en soltar a Kevin Spacey en un bonito paisaje helado y que haga lo que quiera. No he leído el Pulitzer en el que se basa el guión, pero tiendo a pensar, que de nuevo la carga dramática ha sido rebajada ostensiblemente, y en este caso, a Hallström se le ha ido la mano apagando el fuego.

Atando cabos es una película fría, glaciar y anodina, como el entorno en el que transcurre la historia. De hecho, sólo el bueno de Kevin Spacey logra despertar cierta emoción en el espectador. No hay suspense cuando se quiere despertar suspense, no hay emoción cuando se quiere despertar emoción, y no hay..., diría que sentimiento.

La puesta en escena es plana, sin recursos; y amén de este desentendimiento y ausencia completa de magia (para un relato que requiere magia a raudales), sólo algunos gestos de sus capacitados intérpretes logran el aprobado para la función.

Hecha sin pulso y sin desgana, con la ausencia de notas (de la excelente en los anteriores trabajos de Hallström), Rachel Portman, la película confirma el agotamiento de una fórmula que tiene como único objeto el reconocimiento en taquilla y en premios.

De la renovación de temas y estilo, depende el futuro de un cineasta, que tiene como máximo lastre, tener su mejor cine concentrado en su primera película conocida Mi vida como un perro. La fuerza y el vigor de Hallström se ha ido desde entonces asemejando a la de una gaseosa abierta, por la que pasan los años. Una gaseosa muy caduca.