Miradas de Cine CORAZONES EN ÁTLANTIDA, de Scott Hicks   MdC
Cartel de la película
Por José Luis Hurtado
USA, 2001. T.O.: Hearts in Atlantis. Director: Scott Hicks. Productores: Kerry Heysen, Bruce Berman. Guión: William Goldman, según la novela de Stephen King. Fotografía: Piotr Sobocinsko, en color. Diseño de producción: Barbara Ling. Música:Michael Danna . Montaje: Pip Carmel.Intérpretes: Anthony Hopkins (Ted Brautigan), Anton Yelchin (Bobby Garfield), Hope Davis (Liz Garfield), David Morse (Bobby Garfield), Alan Tudyk (Monte Man), Tom Bower (Len Fyles), Celia Weston (Alana Fyles), Adam LeFevre (Don Biderman), Will Rothhar (Sully-John)..
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Infancias perdidas y otros relatos

Que el cine americano, (el independiente y el dependiente) han tocado fondo o casi, es una realidad tangible. que las películas "made in Hollywood" son cada año, cada mes, cada minuto, cada segundo... menos interesantes, es casi una verdad absoluta; una verdad que se manifiesta además en estos tres primeros meses del año, que es cuando nos llegan los productos serios americanos... el cine de los Oscar, las puntas de lanza y apuestas de una industria que se autofagocita continuamente con remakes de remakes, fotocopias de fotocopias, cruces manipulados genéticamente de megaéxitos que ya eran aberraciones frankensteinianas de por sí.

¿Que nos queda? Nada. Bueno, sí, en cuanto a cine americano se refiere, los que hacen lo mismo todos los años pero con natural gracia y simpatía: Eastwood, Lynch, Coen Bros., Allen, Scorsese, tan fieles a su estilo como la casa Disney; los productos atípicos que no vienen precisamente de un campo independiente que está más que prostituido... y las pequeñas piezas de refrito que con un toque de sensibilidad (fundamentalmente incorporado por la mirada de un director convencional, pero con un toque diferente) nos reconfortan, aunque no aporten nada al cine, ni nos hagan plantearnos ninguna cuestión vital.

Corazones en Atlántida, pertenece a ese último grupo de películas. Vaya por delante, que para disfrutarla hay que dejarse llevar y no esperar nada extraordinario, puesto que estamos ante una película "en minúsculas", pero superado esta reticencia, y dejada la sosa cáustica a la puerta del cine, la emoción que esta historia manida, vista y revista transmite, compensará al menos el precio de la entrada.

A Scott Hicks, al que tengo un singular aprecio, yo le descubrí en una SEMINCI con Shine, que luego fue a los Oscar y todo eso.... Shine era una suerte de pisto de calabacín con drama paterno filial + Karate kid pianístico + Comedia alleniana con toques de Rain man... un producto simpático, que además tenía como principal virtud mezclar y agitar todos esos ingredientes, sin rechinar en exceso.

Su siguiente film, Mientras nieva sobre los cedros fue considerablemente superior. La adaptación de un betseller de prestigio narraba con secundarios de primera fila, y con un certero minimalismo, la historia de un perdón y de una redención en él, con el trasfondo nada despreciable del confinamiento de japoneses norteamericanos en campos, durante la Segunda Guerra Mundial. El film, magnífico, es un título a recuperar para los que no lo hayan hecho aún.

Y por fín nos llega este Corazones en Atlántida, adaptación de varios relatos cortos sobre la infancia de Stephen King, como The Body que adaptó de forma sublime Rob Reiner en Cuenta conmigo. Si bien Hicks no logra los resultados de Reiner, fundamentalmente por la calidad del texto de base, si logra coger el tono, y regalarnos una pequeña pieza de cámara, que emociona y transporta al espectador a su propia herencia de recuerdos.

Corazones en Atlántida narra los dias dorados de infancia de un chaval de 11 años y su amistad con un extraño personaje que como ocurre en los textos de King, va más allá de una realidad mundana. El triángulo lo completa una madre absurdamente egoista y amargada y lo secunda los dos grandes amigos del protagonista. Como en toda película americana ambientada en los 60 que se precie, no faltan los grandes temas musicales de la época, ni la exquisita y adecuada ensoñación de un mundo perdido que los americanos siguen añorando desconsoladamente.

Lo más importante, es desde luego la forma, de nuevo sensible, y esta vez más lineal de Hicks de contarnos todo, ayudado por un trío de intérpretes inconmensurables (ya era hora de recuperar al Anthony Hopkins de Tierras de Penumbra). Hicks rueda esta infancia mágica a ras de tierra, como hizo Mulligan con la adaptación de Matar un ruiseñor, y es por ello que el resultado resulta agradable y en ningún momento empalagoso o chirriante, aunque sí, directo al corazón.

Viendo el resultado, a uno le sigue preocupando que el cine americano esté como esté, aunque mientras siga haciendo variaciones de Ravel sobre boleros tan agradables como éste, el desastre pasará a un segundo plano, por al menos dos horas.

En Corazones en Atlántida se habla de la pérdida de la infancia mágica, como un trauma insoportable para la gran mayoría de seres humanos, y que nunca se llega a superar, similar a la desaparición de improviso del mítico continente, que el planeta añora secretamente.

Al salir de esta última película de Scott Hicks, a aquellos que vivimos durante un tiempo en el paraíso y fuimos expulsados de él por cuestiones de crecimiento natural, se nos hace más dificil vivir en este exilio insoportable que es la edad adulta.

Hicks ha conseguido captar la esencia de los textos autobiográficos de King, y nos la ha regalado en forma de film, de una forma sencilla y hermosa. No de forma original, pero sí tocando una melodía ya conocida y maravillosa, sin desafinar ni una sola nota.