Miradas de Cine EL EXPERIMENTO, de Oliver Hirschbiegel   MdC
Cartel de la película
Por José David Cáceres
Alemania 2001. T.O.: Das Experiment. Director: Oliver Hirschbiegel. Productores:Norbert Preuss, Marc Conrad y Friedrich Wildfeuer. Producción: Typhoon Film, Fanes Film, Senator Filmproduktion, Seven Pictures Film. Guión: Mario Giordano, Christoph Darnstaedt y Dohn Bolinger, según la novela de Mario Giordano. Fotografía: Rainer Klausmann, en color. Diseño de producción: Andrea Kessler y Uli Hanisch. Música: Alexander Bubenheim. Montaje: Hans Funck. Duración: 116 minutos. Intérpretes: Moritz Bleibtreu (Tarek Fahd), Maren Eggert (Dora), Christian Berkel (Steinhoff), Justus von Dohnany (Berus), Antoine Monot jr. (Bosch), Oliver Stokowski, Andrea Sawatzki, Edgar Selge, Timo Dierkes, Nicki Von Tempelhoff, Philipp Hochmair.
Miradas de Cine © 2002

Inquietante realidad

La visión de un film tan brutal e inquietante como El experimento desvela una realidad tan turbadora y descorazonadora que, por momentos, uno piensa que esta perdiendo el tiempo y que nuestra aparentemente equilibrada sociedad se derrumbará de un momento a otro. Escribía José María Latorre con cierta ironía hace poco en una de sus espléndidas críticas en "Dirigido por…" que dudaba de la existencia del cine dentro de mil años. Yo ahora mismo dudo que el hombre dure siquiera la mitad.

El primer largometraje dirigido por Oliver Hirschbiegel resulta una experiencia que difícilmente puede olvidarse. La fuerza expresiva del cine y la crudeza de una inquietante realidad se unen y complementan para ofrecer con inaudita precisión la sucesión de unos sobrecogedores acontecimientos, que cada espectador recibirá de una forma muy diferente, pues, uno de los grandes méritos del film, es su absoluta falta de juicio a favor o en contra de lo que va sucediendo, huyendo, con excelente criterio, de cualquier intención de moralizar a los personajes y/o a sus actos. Sólo muestra un alarmante proceso de alienación, que mucha gente, probablemente, le será difícil de asimilar, aceptar o incluso creer. Pero incluso esto que pudiera parecer un defecto (ya que el film busca cierta impresión de realidad que en esos casos no conseguiría transmitir), a mi modo de ver, no lo es, debido al tratamiento que el director da al film y a que, la experiencia, nos ha enseñado que la realidad muchas veces se revela de lo más increíble.

Llegados a este punto hay que señalar que El experimento está basado en la novela de Mauro Giordano -el cual también participa en el guión- que, a su vez, se basa en un experimento real que llevó a cabo el Dr. Philip Zimbardo en 1971 en la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos), que, al igual que en el film, dividió a veinte personas en dos grupos, para que durante catorce días interpretaran cada uno los roles de presos y carceleros, en una cárcel ficticia montada con los necesarios servicios de seguridad para saber qué ocurría dentro de ella en cada momento y salvaguardar la integridad de los voluntarios. Tanto en el experimento real como el recreado en el film, los voluntarios recibían una compensación económica y eran elegidos para su rol después de realizarles tests psicológicos. La única diferencia entre el film y el trabajo realizado por Zimbardo es que en aquél los voluntarios son escogidos a través de un anuncio en el periódico y se prestan a él desde taxistas a imitadores de Elvis (sic), mientras que en el experimento de Stanford -como se llegó a conocer el trabajo- son colaboradores y alumnos.(1)

El mencionado realismo del film no impide al realizador alemán buscar un tratamiento de puesta en escena muy acertado que acerca el film al fantastique, consiguiendo un atractivo equilibrio entre realismo y (ciencia) ficción. Así por ejemplo las continuas fugas mentales de Tarek (Moritz Bleibtreu), una vez está recluido, que le recuerdan su intenso y extraño encuentro con Dora (Maren Eggert) un día antes de que dé comienzo el experimento, no son más que el contrapunto entre ambos mundos, que de forma en absoluto casual y por descontado brillante, están expuestos al revés: mientras el mundo real -representado por Dora- parece algo lejano, como un sueño, el mundo fingido -la cárcel del experimento- desprende, por el contrario, una sensación de inquietante autenticidad. Para ello Oliver Hirschbiegel opta por filmar las secuencias en el interior de la prisión con escasos movimientos de cámara, donde abundan los planos generales alejados de la acción, con numerosos insertos -a veces demasiados y reiterativos- de las imágenes captadas por las cámaras de la prisión y la microcamara espía de Tarek. Sin embargo las escenas del mundo real tienen un aire completamente onírico donde priman los gestos de los personajes, haciendo que las imágenes sean sobre todo sensoriales (cf. los planos que siguen a Dora en el vacío apartamento de Tarek que desvela su progresivo enamoramiento de él), idea acrecentada por el uso de tonos cálidos frente a la completa frialdad de los "muros" de la cárcel, que recuerda en muchos momentos a una morgue. No menos conseguido resulta el tránsito entre las secuencias de uno y otro mundo: el montaje encadenado de los sueños/recuerdos de Tarek con las acciones de Dora surgen cuando las luces de la ficticia prisión se apagan y la iluminación nocturna da paso a una extraña calidez que por un momento anula el estado claustrofóbico de tan horrible lugar.

Empero, la adulterada realidad deja paso a los atroces sucesos que el experimento terminará por violentar, que resultan de lo más turbadores incluso en el recuerdo, tanto por lo qué sucede en si, desde humillaciones hasta violencia injustificada, como por cómo se desarrolla todo: el proceso de alienación de los voluntarios durante el experimento deviene en una activación de sus instintos más primitivos, llegando a aceptarse o infligir los castigos más viles, despertándose la sensación de poder y el enfrentamiento entre líderes (como si fuera una lucha por el territorio o por la hembra (2)), hasta llegar al más elemental de todos: la supervivencia. El film recuerda la obra de Desmond Morris, etólogo británico, que advertía de la importancia de conocer nuestros orígenes animales para no obviar nuestras limitaciones. Pero las referencias del film llevan también hasta el escritor francés Jean-Jacques Rousseau que escribía "el hombre primitivamente, era bueno, puro y feliz; ha sido la civilización quien lo ha corrompido". Pero, sin duda, como ya muchos han advertido antes que yo, la demoledora conclusión sobre la naturaleza humana que anida en el célebre "Homo homini lupus" del filósofo inglés Thomas Hobbes -de posturas opuestas a Rousseau- se erige en la perfecta síntesis del film.

Algunas lagunas en el guión, el asumido esquematismo del grueso de personajes, y ciertos excesos formales son los pequeños defectos de este excelente y por momentos magnífico film que es El experimento, cuya hermosa historia de amor entre Tarek y Dora busca la esperanza (tal vez falsa, como hace pensar el magistral detalle de desenfocar el plano final (3)) dentro (o fuera, más bien) de una inquietante realidad.

1. Toda la información del experimento del Dr. Zimbardo ha sido obtenida del artículo de Antonio José Navarro sobre el film en "Dirigido por…" nº 306, p. 34. Barcelona, 2001. Para más información sobre ese experimento visita: http://www.prisonexp.org/ (en inglés).
2. En este caso el comportamiento responde a una actitud puramente infantil de suporponerse frente a un presunto competidor como desvela la desoladora excusa del carcelero jefe, "empezaste tú".
3. Detalle éste que puede entenderse también como una revelación: el film muestra su realidad controlada por el narrador. Esto llevaría a otra referencia que mi amigo Alejandro G. Calvo ya apunto en su comentario del film en www.labutaca.net : Funny Games de Michael Haneke. Pero, en mi opinión, la diferencia entre ambos estriba en que el director austriaco resulta tendencioso y tremendamente artificial con sus "juegos", allí donde el realizador alemán es riguroso y sutil, dejando plena libertad al espectador para que observe y juzgue, algo que Haneke negaba deliberadamente (y contradiciéndose).