| EN TIERRA DE NADIE, de Danis Tanovic |
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El conflicto desde dentroSegún parece, es sano para nuestra salud psicológica encontrar algo bueno en todo lo que nos rodea, incluso en las circunstancias más penosas y adversas. Incluso en las más absurdas guerras. Como mi capacidad de análisis y mis conocimientos de las circunstancias políticas y sociales de los Balcanes se limita a lo visto en los telediarios varios, fuentes inagotables de maniqueísmos y manipulaciones, me ceñiré a lo que en esta página se trata, que es el cine. Y ahí es donde esta guerra a dado sus mejores frutos, aunque hubiera sido preferible quedarse sin catarlos. Hay dos películas que se jactan de ser las primeras rodadas acerca de, y en el conflicto, aunque ambas desde fuera. En La mirada de Ulises, del griego Theo Angelopoulos (director también de la magnífica La eternidad y un día), sin ser esta guerra el tema central de la cinta, (el protagonista, Harvey Keitel, busca los negativos de la primera película griega), si que en la parte última se desarrolla en el centro mismo del conflicto, dejando para la historia del cine esas secuencias entre la niebla que permite a los habitantes de la ciudad disfrutar del bullicio de las calles ocultos de losfrancotiradores. Pero esta misma niebla nos devolverá al horror que produce el sentir la violencia a nuestro lado sin poder verla.En Wellcome to Sarajevo del chico de oro inglés Michael Winterbottom (director entre otras de la gloriosa Wonderland) retrata a un grupo d eperiodistas que trata de sacar a unos niños de Sarajevo. El punto de vista de los periodistas es el que más juego ha dado en estas películas, ya que son también protagonistas en la española Territorio comanche (GerardoHerrero) y la reciente Las flores de Harrison de Elie Chouraqui, y con papeles destacados en Before the rain, estupenda película de Milcho Manchevski y la que hoy nos ocupa, En tierra de nadie. En alguna de ellas,especialmente en Las flores de Harrison, da la impresión de que compiten entre ellas por mostrar la barbaridad mayor (recordad la secuencia en que unos milicos meten a unos críos en una habitación y arrojan una granada dentro). Pero exceptuando la de Angelopoulos son las películas rodadas porlos propios yugoslavos (o lo que sean ahora) las que dan una dimensión moral mayor a la tragedia. Mención aparte merecen el cine de Emir Kusturica, al que se ha acusado de pro-Servio y algunos de cuyos títulos anteriores a la guerra ya dejaban claro que algo iba mal, y El polvorín, de Goran Paskaljevic (director de la galardonada "La otra América"), visión urbana del conflicto desde el punto de vista de los propios Servios, desmoralizante y sobrecogedora en su mensaje (aunque como película a mi no me hizo mucha gracia). ¿Qué aporta la cinta que (parece mentira) ahora nos ocupa? Pues ni mas ni menos que el punto de vista de las trincheras. En toda la cinta apenas se sale de una. Contaré primero someramente de qué va, para no reventársela a nadie. Un grupo de soldados bosnios se pierde en la noche y la niebla mientras busca el frente, y al amanecer se dan cuenta de que están en medio del campo de batalla y a tiro de los servios. Sólo dos sobreviven. Un par de servios van a la trinchera a ver lo que ha ocurrido y allí se encuentran alos supervivientes, quedando unos a merced de los otros y cambiándose los papeles alternativamente. Ahí es donde entra en juego la "comunidad internacional", que trata de cumplir su misión de no intervenir, con todo éxito, y que aparecerá sólo cuando una periodista (la gran Katrin Cartlidge, a la que vimos en Rompiendo las olas o Before the rain) meta las narices. Es unespectáculo gratificante ver a estos soldados de la paz, tan aclamados ensus países de origen, cumplir su labor con tanta diligencia y eficacia... Lo han demostrado hasta la saciedad, (y lo siguen haciendo), y este es uno de los puntos donde la cinta se muestra más crítica. A pesar de lo dramático que pueda parecer, la película trata el tema con humor, al menos en la primera parte, y sin maniqueísmos (dejando a todos igual de mal, quiero decir), dando un punto de vista más cercano a la realidad (creo) que los telediarios o las películas de otros países. Los actores cumplen, (yo siento debilidad por Katrin Cartlidge), y el director se mueve con eficacia en un guión que crece en intensidad dramática sin fisuras, sin que en ningún momento decaiga la película. Tras los premios en Cannes (mejor guión) y otros festivales, y el reciente y merecido oscar a la mejor película extranjera (al menos entre las tres que he visto era mi favorita), quizá se relance esta película sin concesiones,que da mucho que pensar (una de las funciones, a mi entender, del cine), y que bien merece una sala llena. |