| GOSFORD PARK, de Robert Altman |
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La elegancia de la ironíaEn la Inglaterra de 1932, se reúne la aristocracia inglesa para un fin de semana de caza. En verdad, se establece una interrelación de odio y rivalidades entre la 'servidumbre' ("downstairs") y los 'señores' ("upstairs"). Partiendo de esa base, la película empieza a descomponerse y se establece la relación que tienen los 'señores' entre ellos mismos, que conlleva inevitablemente a relacionarlos con la 'servidumbre'. Todo este desenlace conllevará a un asesinato (concretamente el anfitrión de la cacería). En la crítica de The New York Times de Stephen Holden, a mi gusto, despecha demasiado sobre la acción de la película en vez de centrarse en hacer una auténtica crítica. Sin embargo, no puedo más que estar de acuerdo en su comentario, "Gosford Park contenta más como una sátira social que como una película de misterio." Los contactos que surgen entre todos los personajes (tanto como si provienen de la servidumbre como de la aristocracia) son dignos de establecer un guión muy bien desarrollado y escrito por Julian Fellowes. Aunque él haya basado su guión en una premisa (ya que idea no existe hoy en día a la hora de escribir un guión), cada palabra que surge de los labios de los actores nos conduce a pequeñas tramas. Julian Fellowes sabe repartir perfectamente la dualidad de protagonismo y trama entre la clase alta y la clase baja. No es de extrañar que Robert Altman y los demás productores, David Levy y Bob Balaban (que por cierto actúa en esta película), se han encargado de contratar a los más destacados para crear la atmósfera que la película requiere. Tanto la dirección de arte y diseño de vestuario (ambos nominados por la academia de Hollywood), productores ejecutivos inclusive, estén relacionados directamente o indirectamente con Merchant Ivory (Lo que queda del día, Regreso a Howard's End o Una habitación con vistas). Sin duda tienen bien merecido el premio. En cuanto a los actores, sin lugar a dudas es lo mejor. Sin ellos, el Sr. Altman no hubiese podido acometer el resultado que bien muestra la película. Quizás tenga un par de actuaciones que él haya supervisado con todo detalle, como la del joven Ryan Phillipe, que juega a su despecho con acentos (escocés en la versión original) y la bisexualidad de su personaje. Los demás actores, como Derek Jacobi, Michael Gambon, Emily Watson, Alan Bates, Kristin Scott Thomas, pasando por las espléndidas Helen Miren y Maggie Smith (ambas nominadas por la academia como actrices secundarias), son excelentes. Muchos de los actores, inclusive Charles Dance (no muy afortunado por los papeles realizados en la gran pantalla), provienen de la prestigiosa Royal Shakespeare Company, y ellos añaden tinta al guión. Para terminar, Robert Altman ha conseguido una gran película gracias a la mezcla de muchos ingredientes que han jugado a su favor. En caso contrario, la película hubiese sido truncada por un remake de Ágata Christie o un soap opera a la inglesa. Pero, no debemos ni mucho menos despreciar el trabajo que Robert Altman ha hecho en esta película y a lo largo de toda su carrera. Su enfoque visual, tanto cuando muestra a la 'nobleza','a la servidumbre detrás de los cristales', o incluso, 'el guiño que nos muestra desde el principio de la película, enseñándonos el objeto homicida, hace de Altman un cineasta a recordar y de los pocos que tiene sentido común hoy en día en la industria cinematográfica de su país. |