| UNA MENTE MARAVILLOSA, de Ron Howard |
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Las matemáticas en los ÓscarCon ocho nominaciones a los oscar de este año, A Beautiful Mind (aquí titulada Una mente maravillosa, una prueba contundente de que en muchas ocasiones es mejor dejar intacto el título original) es la segunda favorita para la gran noche, tan solo superada por las trece candidaturas de El señor de los anillos. La película está basada en la novela homónima de Sylvia Nasar, una biografía del matemático John Nash Jr, esquizofrénico y, gracias a sus innovadoras ideas en la teoría de juegos, ganador del premio Nobel de economía. La excelente interpretación de Russell Crowe en
el complicado papel del citado Nash podría valerle su segunda estatuilla
consecutiva tras la conseguida el año pasado con Gladiator.
En principio no parece tarea fácil, pues algunos de sus rivales
cumplen con alguno de los siguientes requisitos para hacerse con el muñequito
dorado, que aunque no son necesarios ni suficientes, si ayudan bastante;
a saber: Y aunque como ya digo, la cosa parece complicada, resulta no serlo tanto. Siguiendo las premisas de arriba, Tom Wilkinson y Denzel Washington (para muchos el gran favorito) quedan descartados por hacer de personas (más o menos) normales; por otro lado, sería injusto que ganase Sean Penn por interpretarse a sí mismo. ¿Will Smith? Bueno, quizá si no hubiese hecho tantas payasadas en su vida anterior. Así pues, mediante la técnica matemática de la reducción al absurdo (que probablemente es la que utilizó John Nash para demostrar la conjetura de Riemann) mi claro favorito es Russell Crowe, que borda su papel. Podemos verle rompiendo cristales, automutilándose y teniendo alucinaciones paranoides. Aunque también hay que decir que no hay quien se trague al principio del film que Crowe tenga dieciocho años, pues la película abarca desde el ingreso de Nash en la universidad en 1947 hasta la consecución del Nobel en 1994, donde es mucho más creíble un Crowe de sesenta y cinco años, sobre todo gracias a una estupenda caracterización. El genial reparto está completado por Jennifer Connelly, nominada a la mejor actriz secundaria como la sufrida esposa de Nash, y los veteranos Ed Harris y Christopher Plummer. El primero interpreta a un misterioso agente del ministerio de Defensa que quiere aprovechar los conocimientos de Nash en criptografía para acabar con la "amenaza comunista", y el segundo es el doctor que se encarga de la esquizofrenia del protagonista. Pero evidentemente, en una película los actores no lo son todo, y nos encontramos con un guión que a pesar de contener ideas interesantes y bien desarrolladas, también presenta deficiencias, hay cosas insuficientemente explicadas, y además se ciñe demasiado a los convencionalismos de Hollywood, convirtiéndose en previsible en muchos momentos. Además, el final es bastante atropellado, los últimos años pasan demasiado aprisa, si bien esto es prácticamente inevitable pues la película dura dos horas y cuarto y no es plan de que la cosa se haga pesada. La lucha de Nash contra su enfermedad y contra el mundo (la gente no le cae bien y él no cae bien a la gente) tratando de desarrollar una idea original e innovadora es lo más interesante de la película, en gran medida gracias a la sólida interpretación de Crowe. El humor está dosificado sabiamente y la mayor parte de las veces proviene de los sarcasmos paridos por la mala uva de Nash. Es la historia de amor la que aporta la parte más convencional a la historia, la alumna que se enamora del profesor retraído y excéntrico y que le va enseñando a vivir y a amar. Por supuesto, final feliz. Todo demasiado correcto como para que no chirríe. Pese a todo, probablemente Ron Howard (director de películas tan lamentables como Edtv, El grinch o Apollo 13) quizá haya conseguido su mejor película, de la que me gustaría destacar su banda sonora, a cargo de James Horner, que, carente de los excesos propios de este tipo de producciones, me parece una perfecta candidata para ganar el oscar. Concluyendo, A Beautiful Mind es una película entretenida, agradable a los sentidos (sobre todo cuando sale Jennifer Connelly), y también prefabricada para triunfar en los oscar. |