Miradas de Cine MONSTER'S BALL, de Marc Forster   MdC
Cartel de la película
Por Alejandro G.Calvo
USA, 2001. T.O.: Monster's Ball. Director: Marc Forster. Productores:Lee Daniels. Guión: Milo Addica, Will Rokos. Fotografía: Roberto Schaeffer, en color. Diseño de producción: Monroe Kelly. Música: Asche and Spencer. Montaje: Matt Cheese. Duración: 111 minutos. Intérpretes: Billy Bob Thronton (Hank Grotowski), Halle Berry (Leticia Musgrove), Peter Boyle (Buck Grotowski), Heath Ledger (Sonny Grotowski), Sean Combs (Lawrence Musgrove), Mos Def (Ryrus Cooper), Coronji Calhoun (Tyrell Musgrove), Taylor Simpson (Lucille), Amber Rules (Vera).
Miradas de Cine © 2002

Manchas de sangre

La exploración del dolor en el cine norteamericano ha dado este último año films realmente sorprendentes, de una calidad y estilo inusual en el hábitat cinematográfico que la industria norteamericana suele regir. Films como En la habitación, El juramento y Monster's Ball reflejan una corriente independiente del mercado melodramático habitual mediante un perfecto empaque de la buena caligrafía cinematográfica (fruto de unas buenas inquietudes cinematográficas por parte de sus directores, todos de corta cinematografía, como son Todd Field, Sean Penn y Marc Forster) y unas sobrias actuaciones, en ocasiones realmente escalofriantes, como son las de Tom Wilkinson, Sissy Spacek, Jack Nicholson, Billy Bob Thornton y Halle Berry.

El viaje introspectivo a la herida retratado por Forster, está planificado con un conjunto de rimas y guiños al espectador innumerables, transmitiendo en forma de singular armonía cada uno de los inquietantes gestos del film, tan expresivos como ocultos o tan llamativos como intimistas. La historia de amor posible entre dos personas abandonadas y desdichadas de por vida, entre un funcionario del corredor de la muerte y la futura viuda de un preso de dicho corredor, se nutre de una ambientación a medio camino entre el cine negro, el cine carcelario y el cine racial, sin llegar a ser (no le hace falta) ninguno de ellos, centrándose únicamente en ese intento de resurrección de dos almas corrompidas sosteniéndose la una a la otra, intentando no ahogarse entre tanta desdicha..

La absorbente atmósfera de Monster's Ball, tremendamente frágil, capaz de saltar en pedazos en cualquier momento, logra transmitir ese sentimiento de impotencia presente en los personajes y en las situaciones. La bella y, a la vez, durísimia historia de amor entre Hank (Thornton) y Leticia (Berry), así como la turbia relación entre Hank y su hijo (un sorprendente Heath Ledger, en un cambio de registro increíble en un actor de su generación) está plagada de rimas durísimas, a apuntar: (1) Hank limpiando la sangre de la butaca de su casa-Hank limpiando la sangre del asiento trasero de su coche (2) Hank y su hijo haciendo el amor en la misma postura con la misma prostituta-Hank haciendo el amor en la misma postura con Leticia (3) Sonny vomitando al llevar al marido de Leticia a la silla eléctrica-Hank vomitando al ver la foto del marido de Leticia en el lavabo de ella.

Tanto Billy Bob Thornton como Halle Berry están impecables en sus personajes, el primero, que pronto veremos en otra brutal interpretación en El hombre que no estuvo allí de Joel Coen, y la segunda, justísima ganadora del Óscar a Mejor Actriz, componen unos personajes plagados de gigantescos silencios, y merced a ello, los representan de una forma extremadamente carnal, tremendamente sensitiva, tanto en la mirada perdida del viejo Hank planteándose que hacer con su vida, como la sufrida de Leticia, y ambas encajadas en una realidad entre el bien y el mal de la que no parecen poder salir.

Monster's Ball consigue así convertirse en un film imprescindible, una película optimista dentro de una historia pesimista, un retrato de personajes solitarios, tan tristes como desesperados, desde el joven Sonny al abuelo Buck (Peter Doyle). Una historia sobre racismo sin mirada moral, un cuento de terror sobre armas mortales que aparecen o simulan aparecer en cualquier momento, una fábula romántica en un mundo donde el romanticismo no existe en campos de rosas, si no en la tierra removida de las tumbas, en la lluvia que confunde a los coches, en las estrellas donde se buscan las respuestas a las inexorables preguntas.