| MONSTRUOS S.A., de Pete Docter |
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Talento artísticoLa cuarta película de Pixar/Disney es probablemente
la mejor de todas. Obviamente es la mejor en el apartado técnico,
pero en esto se verá superada por la próxima película
del tándem (o, a lo mejor, aunque menos probable, por la próxima
propuesta de alguna de las rivales), pues la potencia del ordenador
progresa con notable velocidad. Por su parte la deslumbrante imaginación
y extraordinario talento de los artífices de Monstruos, SA se pueden
apreciar en cada uno de los fotogramas del film, que permancen en
la memoria, al igual que películas como La quimera del oro,
setenta y siete años después de su realización permanece
en el recuerdo cinéfilo como una obra de arte absoluta, más
allá de su importancia en el progreso del cinematógrafo
como técnica, pues detrás de ella había alguien con
un talento indiscutible y genial. La curiosa relación no se acaba
ahí. En muchos de los films de Charles Chaplin el gag visual se
erige en el verdadero protagonista de la función y, en ocasiones,
la finalidad misma de cada secuencia es el gag en sí. En las comedias
de animación de Pixar y Disney ocurre algo muy similar. El personaje
recurrente de Charlot con su bastón y sombrero se asemeja a una
caricatura, a un dibujo, no solo por su caracterización sino también
por los movimientos que Chaplin le otorga. Incluso el parecido también
se percibe en el mensaje moralizante -aunque de polos opuestos- que subayace
en ambas filmografías, que en ocasiones ha llevado a mentes obtusas
a agredir a las produciones Disney con una aberrante complaciencia, pero
no a Chaplin -como es un maestro del cine es intocable- paradójicamente. Sirva pues, esta (apresurada) comparación para
exponer dos aspectos importantes a mi entender en la valaración
de una obra cinematográfica. El primero es la importancia que
tiene el lenguaje del cine en un film y el talento que se demuestre en
su empleo, por encima de otras valoraciones, que permite apreciar films
tan magnificos y únicos como Luces de la ciudad o Tiempos
modernos, pero también propuestas como Toy Story o Bichos.
La segunda se relaciona con lo expuesto al principio: los avances
tecnológicos que permiten, en el caso, de la animación por
ordenador, gozar de un admirable y estimulante progreso, no deben impedir
valorar una cinta por su contenido, a pesar de lo atractivo del envoltorio.
Dicho esto, queda claro, por tanto, que considero Monstruos, SA
un espléndido film no por sus magnificencias técnicas
-que por otro lado son dignas de elogio- sino por su desbordante talento
cinematográfico y artístico. Así, por ejemplo,
hoy Toy Story sigue siendo un film excelente por encima de su obsoleto
impacto visual al lado de las películas actuales (en parte es lo
mismo que lo ocurre a los films de Chaplin) y su evidente mensaje moralizante
y conservador (recuérdese el retrato que se hacía del chaval
"malo" que jugaba a romper juguetes). Sin embargo, hay que ser
justos y admitir que, en ocasiones, se puede valorar un film en determinadas
condiciones o en medio de una coyuntura favorable, y su posterior visionado
puede descubrir otro panoráma bien distinto al recordado; aunque
no es el caso de Toy Story, ni, supongo y espero, de Monstruos
SA. Mas, concentremos pleanmente la atención en el
film dirigido por Peter Docter. El estupendo guión del que parte
el film sitúa la acción en un ficticio mundo paralelo (al
nuestro, of course) de nombre Monstrópolis donde Sully y Mike Wachowsky,
los monstruos protagonistas de la función, se ganan la vida, como
otros tantos, asustando a niños, pues la comunidad necesita de
los gritos de éstos para sobrevivir. El monstruo malo -un diseño
realmente consegudio- secuestra a una niña, que termina cayendo
en las manos de Sully y Mike, que pasaran de la aversión inicial
al (previsible) cariño final. La aventura está servida y
las situaciones rocambolescas y los gags se suceden casi sin parar, con
excelente ritmo narrativo y un no menos aplaudible sentido del humor.
Uno de los mejores aciertos del film es el personaje de la niña, cuyo magistral diseño recuerda, no casualmente, al dibujo tradicional, en especial a algunos cartoons de los años cincuenta y sesenta, que apenas habla -porque es muy pequeña- y que en su inocente mirada es vista por la comunidad de monstruos como un ser dañino y repelente, en un detalle genial. El memorable apodo que le da Sully, Boo, se asemeja con lo onomatopéyica palabra que la niña dice siempre para jugar a asustar (otro detalle tan sencillo como excelente), que tiene su cenit en el desternillante (y antológico) momento en que la niña consigue de esa manera espantar a todos los monstruos en el restaurante. Los momentos en los que aparece Boo o toma el protagonismo rozan la perfección. Pero las ideas brillantes y provechosas de este film no se acaban ahí ni mucho menos: la CDA, trasunto de la CIA, que se encarga de evitar cualquier contacto con los humanos, pues se cree que son nocivos; hay monstruos desterrados en nuestro mundo como el Yetti cuya aparación es uno de los momentos más divertidos del film; el diseño en general de todo el film que acierta en la recreación clásica de la ciudad y de los monstruos, aunque algunos recuerden el mundo de Henry Selick y/o Tim Burton como la novia de Mike; las hábiles salidas de tono, como el hilarante gag musical; la brillante idea de las puertas interdimensionales que permiten a los asustadores acceder directamente a los cuartos de los niños; el banco de pruebas donde los reclutas aprenden cómo deben asustar a los niños Por encima de todos los momentos del film sobresale, por el derroche de ingenio, el virtuosismo técnico y la claridad con que esta puesto en imágenes, la secuencia en el inmenso almacén de puertas, digna de figurar entre la antología de la animación algo, por otro lado, que no es ajeno a Pixar (ni a Disney). Monstruos, SA no es un film perfecto, tiene algún que otro defecto o "pero", mas tras ver el film la impresión es inmejorable y el deseo de volverlo a ver aún persiste; lo que me permite asegurar que el arte esta bañado de una sana imperfección. |