Miradas de Cine LA HABITACIÓN DEL PÁNICO, de David Fincher   MdC
Cartel de la película
Por Carlos Rosal
USA, 2002. T.O.: Panic Room. Director: David Fincher. Productores:Gavin Polone, Judy Hofflund, David Koepp y Cean Chaffin. Guión: David Koepp. Fotografía: Conrad W. Hall y Darius Khondji, en color. Diseño de producción:Arthur Max. Música: Howard Shore. Montaje: James Haygood y Angus Wall. Duración: 119 minutos. Intérpretes:Jodie Foster (Meg Altman), Forest Whitaker (Burnham), Jared Leto (Junior), Kristen Stewart (Sarah Altman), Dwight Yoakam (Raoul), Patrick Bauchau (Stephen), Ian Buchanan (Evan), Ann Magnuson (Lydia Lynch).
Miradas de Cine © 2002

¿El nuevo clasicismo?

«Esto es un espacio y un espacio se cruza»
(Gregory Peck en Cielo amarillo, de William A. Wellman)

En los últimos años (décadas) el cine ha evolucionado de una manera abrumadora e interesante, los avances técnicos cada día son mayores pero estos no han servido para que los cineastas reinventaran el cine sino que la mayoría lo han utilizado para acomodarse bajo premisas estéticas facilonas. En definitiva las formas cinematográficas se están perdiendo y tan sólo unos cuantos cineastas, norteamericanos en su mayoría, saben conjugar la utilización de esas forma clásicas con esos nuevos avances tecnológicos. Chaplin, Renoir o Ford nos apasionan, pero debemos reconocer que gente como Soderbergh, Michael Mann o el propio David Fincher, están intentando con mayor o menor acierto dar un nuevo sentido a lo que llamamos cine igual que los otros tres en su época, y en este aspecto La habitación del pánico es un paso adelante de técnica moderna y narración clásica mezcladas en su justa medida y con resultados positivos.

Una idea sencilla como es que Meg (Jodie Foster) y su hija Kristen (Sarah Altman) deben de encerrarse en lo que llaman la habitación antipánico (una sala infranqueable de muros de acero provista de cámaras que controlan todo lo que pasa en la casa) porque tres ladrones han entrado en la casa y quieren robar 3 millones de dólares que están precisamente en esa habitación, es la que sirve para que Fincher desarrolle una historia que apenas transcurre en dos espacios (habitación antipánico y resto de la casa) y que mezcla el tiempo real con el tiempo cinematográfico al estilo de Solo ante el peligro, dilatando la narración en los momentos clave para dramatizar las acciones, como la primera entrada a la habitación de Meg o para parar en seco y tomarse la molestia de definir a los personajes de manera clara, concisa y brillante. Y es que aunque a veces se deje llevar por algún que otro tópico, Fincher hace que coincidan en dos espacios todo tipo de personalidades con sus matices y sus motivaciones, haciendo que un hecho o situación concreta no sea una sorpresa sacada de la manga como en la tramposa The Game, sino que son los personajes y sus reacciones lo que nos lleva a una nueva situación.

La premisa argumental recuerda directamente a Perros de paja de Sam Peckinpah, donde el clímax era algo así como que Dustin Hoffman debía impedir que unos locos del pueblo entraran en su casa para violar a su mujer. Si en la película de Peckinpah el estallido de violencia era la base de ese clímax, el film de Fincher tira mas hacia la trama de suspense hitchcokiano(1), un suspense que no sólo se encuentra en el clímax sino que se desarrolla desde el inicio del film y quizás sea el lastre de la película pues ese suspense no se mantiene a lo largo del (excesivo) metraje sino que se desvanece hacia la mitad de este, ya que después de la primera intentona, ya sabemos que a los ladrones les será imposible entrar a menos que los de dentro salgan, con lo que la figura del exmarido es un recurso legitimo pero poco original en comparación con la originalidad del guión de David Koepp cuyo tema de fondo, en palabras de Hilario J. Rodriguez viene a representar el miedo de la sociedad moderna a las amenazas externas.

En el derroche de buenas ideas que posee el film, resaltar las que acontecen en los primeros minutos del film y que hablan muy a favor de Fincher. Quizás aún hay gente que no presta atención a los títulos de crédito(2) (herramienta tan útil como un montaje paralelo y no seré yo quien lo descubra). Fincher nos los muestra dividiendo el encuadre en dos, dando una ligera idea de esa duplicidad de espacios que va a darse a lo largo de toda la película, para posteriormente mostrarnos casi toda la casa mediante planos subjetivos, introduciéndonos en todos y cada uno de los rincones de la casa para demostrar que luego no jugara tramposamente con ellos. La habitación del pánico se mueve bajo las premisas fotográficas habituales en el cine de David Fincher (Alien 3, Seven, The Game y El club de la lucha), oscuridad, sombras, lluvia, todo ello reflejando el estado de los protagonistas, adquiriendo relevancia en todos los planos y mostrando la continua oposición entre la habitación con luz brillante y azulada y el resto de la casa en permanente oscuridad.

Pero más allá de las ideas concretas, Fincher nos lleva de la mano a ese terreno opresivo, oscuro y claustrofóbico que tanto le gusta de un modo brillante, con recursos cinematográficos que pueden no gustar pero que juegan a favor de la historia (al tratarse de un espacio, la no fragmentación de algunas secuencias hace que el espectador conozca desde el primer momento el lugar donde va a desarrollarse la trama) y que en definitiva no tienen ni trampa ni cartón y que son la muestra evidente de la voluntad y el atrevimiento de un cineasta moderno por aportar algo en el campo de las formas cinematográficas. Una buena película de un buen director.

(1) Un tipo de suspense que no se basa en la sorpresa o el ocultar deliberadamente información sino en la anticipación.
(2) Un par de ejemplos geniales de títulos de crédito: Con la muerte en los talones, donde aparecen a la izquierda, derecha, arriba, abajo y reflejados en unos cristales o en El dilema donde van desapareciendo como si fueran el papel de un cigarro. Ambos tienen que ver mucho con el tema que desarrollara la película