Miradas de Cine STRANDED (NÁUFRAGOS), de Luna   MdC
Cartel de la película
Por José David Cáceres
España, 2002. T.O.: Stranded. Director: Luna. Productors:Stefan Nicoll. Guión: Juan Miguel Aguilera. Fotografía: Ricardo Aronovich, en color. Dirección artística: Margot Massina Música: Javier Navarrete. Montaje: Luis de la Madrid. Duración: 101 minutos. Intérpretes:Vincent Gallo (Baglioni), Maria de Medeiros (Jenny Johnson), Joaquim de Almeida (Fidel Rodrigo), María Lidón (Susana Sánchez), Dany Lorente (Herbert), José Sancho (Andre Vishniac), Joey Ramone (Robert Lowell).
Miradas de Cine © 2002

Producción atípica y vacía

Al final de Náufragos una bella panorámica desvela qué son los extraños relieves que aparecen en las difusas fotografías tomadas por la nave Ares de la superficie de Marte. Es el mejor momento del film… y prácticamente el único medianamente conseguido. El resto es hueco, romo, vacío, insustancial, gratuito, barato, pésimo, infectado, monótono…

Esta inaudita producción española rodada en Hollywood, Valencia y Lanzarote, con reparto internacional, dirigida y protagonizada por María Lidón -una, para mí, completamente desconocida actriz (y ahora también directora, aunque este es su segundo trabajo: el primero es My Gun y se estrenará en próximas fechas)-, es una aventura de ciencia-ficción, que narra (o mejor dicho balbucea) en torno al accidente de la primera nave tripulada con destino Marte, de la que cinco, de sus iniciales seis ocupantes, sobreviven, centrándose casi exclusivamente en las tensiones dramáticas que se suceden entre ellos provocadas por su nueva y desesperada situación. La intención del film no es, por lo tanto, el espectáculo de acción: sus pretensiones son mucho mayores que el mero entretenimiento. Náufragos se detiene en los pocos personajes del film, para intentar humanizarlos y exponer sus diferentes acciones -o más bien los intenta humanizar y describir por medio de estas últimas-, apareciendo sus miedos y dudas, la negación de la realidad -la supervivencia en sus circunstancias resulta imposible-, preguntas sin respuesta, decisiones en el filo… Tal opción escogida encierra una gran dificultad y los responsables de Náufragos no han sabido superarla y han fallado estrepitosamente.

El principal problema del film, completamente imperdonable teniendo en cuenta sus intenciones, se encuentra en los personajes, que no pasan del esteriotipo más rancio y cuyo desarrollo peca de retórico y pobre. Carecen de una característica esencial en estos casos: deben trasmitir sensaciones, resultar creíbles y ser minimamente atractivos para que cuanto les ocurra no produzca la mayor de las indiferencias. Por ejemplo, después de varias horas contemplando las diferentes posibilidades que les quedan para sobrevivir, llegan a la conclusión que sólo dos de cinco pueden aguantar el tiempo necesario en la nave para que la misión de rescate pueda encontrarles con vida. Los demás deben abandonar la nave. Esta situación crítica, en el fondo trágica, no produce ni angustia, ni desazón. No provoca nada; en definitiva porque los personajes no son nada. Y ahondando en la herida, es conveniente señalar aquí que los actores no ayudan mucho, en especial María Lidón, una actriz, siendo benévolos, mala.

El guión flojo, como he señalado, en la descripción de personajes (vértices sin los cuáles todo se desmorona), fracasa de nuevo en el desarrollo de la historia, que navega sin rumbo entre el drama y la ciencia-ficción, entre lo sensitivo y lo físico, teniendo como guía a Susana (Lidón) que sirve de apoyo en off innecesario y gratuito (cfr. parece, a veces, que estamos asistiendo a un documental sobre Marte o a una terapia de grupo). Según el guionista, J. M. Aguilera,: "Mi guión narra un viaje de exploración a Marte con un estricto realismo científico y unos personajes bastante más cuidados de lo que es común en las producciones americanas" (1). Nada que objetar. No obstante discrepo y me pregunto si es tan importante centrarse en el rigor científico (que de todas formas resulta, en varios momentos, discutible) cuando se pierde atención a otros aspectos más relevantes.

Si la labor interpretativa de María Lidón deja mucho que desear, su capacidad como directora no es muy satisfactoria. Filma (rutinariamente) en relación a los nuevos tiempos, buscando, en ocasiones, el plano más impactante visualmente (que no tiene porque ser el más descriptivo) o insertando mareantes imágenes captadas con las cámaras que llevan incorporadas los astronautas en sus trajes. Tampoco parece muy apropiado el empleo de la música (bastante pobre) que se eleva en intensidad cada vez que llega un momento fuerte. No obstante hay, al menos, un buen momento de puesta en escena: en la secuencia antes mencionada, en la que se debate sobre el destino que les espera si todos permanecen respirando en la nave, Luca (Vincent Gallo) señala que sólo pueden quedar dos, la cámara inicia un travelling circular -todos estan sentados en corro- desde el rostro de Luca hasta el de Susana, que expone sus preguntas; se oye la voz de Herbert (Dany Lorente) expresando su disconformidad y advirtiendo que debe haber otra solución, la cámara reinicia el travelling buscando a Herbert, pero termina de nuevo en Luca qué pregunta "¿cuál?", sin obtener respuesta. No es ninguna maravilla, pero por lo menos describe mucho mejor una situación y el peso de los personajes dentro de la historia, que los tópicos y obvios diálogos y que cualquiera de los otros recursos empleados.

Mas no hay que llevarse a engaño porque, a pesar de que los efectos especiales (que recuerdan a 2001: Una odisea del espacio en el diseño de la nave), la fotografía y el diseño artístico son bastante buenos, Náufragos no es más que una propuesta tan atípica como vacía.

(1) Obtenido de la web del film. http://www.dolorespictures.com