| BLADE 2, de Guillermo del Toro |
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Destellos de luzLa segunda entrega sobre las peripecias del caza-vampiros, mitad humano mitad vampiro, Blade, consigue superar a su predecesora, algo que no suponía un esfuerzo muy grande dada la pobre calidad de aquélla, pero no llega en ningún momento a pasar de lo vistoso y estridente, teniendo la ¿cualidad? de olvidarse con facilidad. Blade (1998) fue (es) un mediocre espectáculo de acción, que negaba cualquier atisbo de inquietud o terror a la historia fantástica de la que partía (basada en un cómic) y pasaba de puntillas por las características más interesantes de los superhéroes torturados como es el caso de Blade (un personaje no tan alejado de Spiderman o alguno de los X-Men). Y su parco diseño visual, sus efectos especiales dignos de cualquier video-juego del momento y el insufrible Stepehn Dorff -el malo de la función- no ayudaban a digerir bien el menú. No obstante fue un éxito -no me pregunten el porqué- y Wesley Snipes (Blade, of course) se embarcó en la secuela de la que, como en la primera parte, es coproductor y para la que contrató como director al mexicano Guillermo del Toro. Y es la participación del director de Cronos la que me ha arrastrado a los cines a ver éste, su cuarto film, de su corta y curiosa carrera siempre adscrita al género fantástico, iniciada con la sin duda interesante aunque en su conjunto fallida Cronos (curioso cuento de vampirismo que recuerda más a la literatura que al cine) en México, continuada, ya en Estados Unidos, con Mimic, el único realmente equilibrado y consistente y, por descontado (por lo menos a mi juicio), su mejor film, seguida de su decepcionante aventura española con la mediocre El espinazo del diablo, y ahora vuelta a América en una secuela y con un gran presupuesto (Mimic se puede considerar perfectamente una serie B, eso sí de nuestro tiempo), aunque el fantastique en este film se reduce casi exclusivamente al tema. A diferencia de la primera parte en Blade 2
priman los espacios oscuros y opresivos, los lugares subterráneos,
y una atmósfera (más o menos) tétrica,
todo ello ya presente en los tres films anteriores del director. Al respecto,
la secuencia que abre el film es una síntesis de todo ello: un
individuo entra en un mugriento hospital para donar sangre pues pagan
por ello, ya dentro otro extraño personaje de tez pálida
y con capucha es conducido, por unos largos (y mal iluminados) pasillos,
al quirófano, concluyendo en una, no por previsible, menos salvaje
carnicería. También se percibe, como en Cronos y
Mimic, gusto por la carne (de tintes cronenbergianos) y el espectáculo
cercano al gore, ejemplificado perfectamente en el excelente trucaje +
efecto visual de la boca "tipo alien" de los malos (los
reapers/segadores, vampiros mutantes que eliminan a sus hermanos buscando
una raza superior, aunque esto apenas sea un apunte para enfrentar a buenos
y malos, pues apenas está desarrollado) que se abre para chupar
la sangre de sus víctimas. Estos detalles permiten elucubrar
acerca de lo qué hubiera sido el film de haberse tomado ese camino,
en vez de servir el previsible espectáculo de acción ad
hoc, que, no nos engañemos era lo que se pretendía desde
un comienzo, aunque la elección de Del Toro hacía presagiar
al menos estas fugas, que de todas formas no llegan a materializarse en
la amalgama de peleas, tiros y gracias (malas) que en realidad vertebran
el film. Blade 2, como decía al principio, no pasa, al fin y al cabo, de ser un vistoso entretenimiento de acción, en el que sobresalen las peleas con Blade de protagonista invencible, con una estética heredada del cómic cuya mejor expresión es el combate entre el caza-vampiros y los dos vampiros-mensajeros. Lo demás es anecdótico, y por lo general olvidable: el -horrible- guión con trampas más viejas que el cine y bastante irritantes; la música estridente, y por lo general insoportable, que va desde el hip-hop a la música dance; el jefe vampiro caracterizado en la línea de los Nosferatu de Murnau y Herzog; la interpretación (!) de los actores; el cameo del amiguete Santiago Segura; el amago de romance entre Nissah (Leonor Varela) y Blade, de muchas posibilidades -apenas enunciadas- por el aliento trágico que indudablemente tendría. Eso sí ambos protagonizan el momento más hermoso de este moderadamente entretenido y nada memorable film, que pone de manifiesto que su realizador tiene mucho más talento del que aún ha podido (o le han dejado) demostrar. Seguiremos esperando. |