| LITTLE SENEGAL, de Rachid Bouchareb |
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El descubrimiento de AméricaAnte todo debo reconocer que tengo esta película demasiado lejos, ya que la vi en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) en octubre pasado en medio de una vorágine de 5 películas por día. Allí se llevó el premio de la crítica internacional, para mi gusto un premio excesivo, pero si a pesar de todo me dejó algún recuerdo entre tantas otras será por algo. El 5º largometraje del director francés Rachid Buchareb (creo que en España sólo había estrenado su primera película, Batton Rouge en 1985) es una coproducción entre Francia, Alemania y Argelia rodada en 2000. Cuenta la historia de Allune, un senegalés que trabaja en su país en un museo dedicado a la esclavitud, en el que muestra a los turistas las condiciones en las que sus paisanos eran arrancados de su tierra y llevados como ganado a ser esclavos en USA. Sus investigaciones sobre sus antepasados le llevan a descubrir que algunos de ellos fueron llevados a los Carolina del Sur y decide intentar encontrarlos. Allí descubre que fueron rebautizados con el nombre de sus dueños (Robinson) y que podrían haber ido a vivir a Nueva York, donde sobrevive su sobrino como taxista, y se traslada a vivir allí junto a él y su novia en la zona de Harlem conocida como "little Senegal". Su búsqueda va a parar a una mujer mayor, Ida Robinson, que malvive de un quiosquito junto a su nieta drogadicta. Sin desvelar sus investigaciones, comenzará a trabajar para ella. La película refleja el encuentro entre dos culturas de origen común pero que ahora están separadas por la incomprensión. Los Africanos son considerados por sus parientes americanos como bichos raros, perdidos en un mundo apresurado y deshumanizado. El gueto en el que viven está dominado por la violencia que engendra la desesperación, el paro y las drogas que toman para olvidar su pobreza y aislamiento. El mundo de rascacielos, éxito y dinero pilla muy lejos, al otro lado del puente y del planeta. Allume intenta transmitir el sentimiento de pertenecer a un mundo y una cultura muy rica y propia, pero la necesidad (de vivir y de sobrevivir) convierte a los hombres en animales en la jungla de asfalto. Allume queda conmovido y estupefacto por la noticia de que un joven estudiante negro es abatido por un policía blanco a la puerta de su casa, nada menos que por 41 disparos -el mismo incidente que inspiro a Bruce Springsteen la valiente y conmovedora canción American Skin (41 shots)-, pero allí a la gente le resulta indiferente, es sólo un poco más de sangre entre tanta sangre. La esperanza, abandonar el barrio. El protagonista, Sotigui Kuyate, borda una interpretación (¿es realmente interpretación, o se trata de él mismo?) sincera y sentida, pero el director derrocha gelidez por los 97 minutos; quizá el miedo a que una mayor implicación en la historia la desvirtuase y le saliera una película maniquea y sensiblera le ha llevado a ponerse demasiado al otro extremo. La película por lo menos sirve para conocer una realidad cercana temáticamente (que no en forma) al cine de Spike Lee, pero ajena al espíritu americano de este, dando el punto de vista de alguien que ve desde fuera el lugar adonde podría haber acabado. Termino transcribiendo unos versos de la canción
que nombré antes: Los que ahora son olvidados y mueren son los que construyeron y levantaron al país más poderoso de la Tierra. |