| NO SOMOS NADIE, de Jordi Mollà |
|
|
||||||||||||||||
|
Imagenes significantes, personajes insignificantes Jordi Mollà actor y director. Uno podría pensarse que es el capricho del actor de moda. Ni mucho menos. Mollà apuntaba con su corto Walter Pereira y confirma en el film que nos ocupa que cuando dirige no se rige por las normas de la narrativa convencional sino que intenta y consigue por momentos sorprender, buscar, arriesgarse y todas esas cosas que apenas un puñado de cineastas intentan hoy en ida. No somos nadie quiere ser, y lo es a ratos, una critica feroz a la televisión en particular y a todo un poco en general. Una critica a esta sociedad de masas de yogures desnatados, de curas cabrones y gente con la cabeza hueca y lo consigue durante la primera parte de la película: baterías de imágenes cargadas de suciedad, crueldad y lo más triste, cargadas de realidad hacen que uno reflexione sobre lo que esta viendo, una reflexión que como en toda gran película (esta en su conjunto no lo es) traspasa los limites del celuloide y pasa a ser una reflexión sobre nuestra realidad más inmediata. La trama en ese inicio importa bien poco (Un don nadie pasa a ser una estrella venerada), lo que al cineasta le importa es mostrar el mundo en que vivimos, llevarlo al extremo (o no tanto) y pegarnos un puñetazo en el estomago. Objetivo cumplido (1). Sin caer en la demagogia y sirviéndose de un excelente montaje basado en las viejas (pero aun vigentes) ideas asociativas del gran Eisenstein y sus camaradas (2) esa primera parte del film es tremebunda. Moyà no se entretiene, va al grano con una puesta en escena que se ajusta totalmente a lo que quiere contar mezclando imágenes en diferentes formatos (35mm, 16mm y vídeo digital) para diferenciar las situaciones/espacios/sentimientos de los personajes y la trama. Pero llega el gran problema de la película, mostrar
a los personajes como conductores de la trama, y es allí donde
tópico tras tópico Moyà pierde toda la fuerza, se
ha dejado llevar por la importancia de todas esas imágenes aparentemente
sin sentido y cuando llega la hora de contar la historia "más
clásica" el film se convierte en un verdadero tostón.
Sin saber como mantener el ritmo, todas las secuencias parecen (están)
vacías, ha querido mezclar y el resultado es que unas cosas absorben
a otras. La importancia de todas esas imágenes a superado
el interés que podría tener la relación entre los
personajes, ya no importa si los amigos están enfadados o si la
fama puede mas que el amor, las imágenes del principio han superado
en entidad a los propios personajes como eje argumental. Mención aparte merece el reparto, muy desigual en sus composiciones. Mollà en su linea cumplidora, Candela Peña poco creible en muchos momentos y asi todo el elenco de personajes que por momentos te hacen creer y en otros te dejan en la mas profunda indiferencia, sobretodo porque en la comentada parte central del relato, cuando ellos (actores) han de darlo todo, se quedan en nada. Y es que si hubiera dejado llevar por sus delirios visuales No somos nadie seguro que se hubiera convertido en una película de culto en pocos años. La valentía de Mollà queda anulada por el convencionalismo (no formal sino narrativo) de toda la parte central del film (¿o por Andrés Vicente Gómez?). Pero se recupera con creces con unos 5-10 minutos finales que le dan todo el sentido a la película, un final en absoluto gratuito y ejemplificando la coherencia que toda película debería de tener y más si como esta se trata de un film critico. (1) ¿Mollà francotirador al estilo Godard? |