| DONNIE DARKO, de Richard Kelly |
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La perversión de las teenage moviesAlgo está pasando en el cine de terror norteamericano, o al menos, eso deberíamos creer, cuando por ejemplo superproducciones como Resident Evil se atreven a derivar una genuina action movie en un film con parámetros más que reconocibles de las horror movies. Sin duda alguna, el éxito de films independientes como pueden ser El sexto sentido, Jeepers Creepers, The hole o Escalofrío (salvando sus diferencias artísticas), hacen que la tendencia Craven de entender el cine de terror, y en especial, las conocidas teenage movies, varíe y se retuerza sobre sí misma, hasta el punto de reconstruir los cánones de dicho género, a base de inyecciones perversas de otros géneros (desde el melodrama al surrealismo), que no hacen más que enriquecer argumentos y contextos, derivando así, en excelentes películas, en retazos cinematográficos realmente terroríficos, aquellos que te obligan a agarrarte bien a la butaca y a saber experimentar, de igual modo, sorpresa y horror, sin que estos vayan acompañados de vulgaridad o de sempiterno deja-vû. A partir de aquí nace Donnie Darko, extraída de la mente de un chico de tan sólo veintisiete años, el debutante Richard Kelly, quien demuestra a lo largo de las dos horas que dura el film, un gusto por el fantástico más freak digno de admiración, y, lo que es más importante, un amor por la abstracción y el zumbido que le hacen emparejarse, y mucho, con el submundo lynchiano: tanto en la caracterización de personajes totalmente freaks (la anciana de 101 años que cada día inspecciona su buzón en busca de imposibles cartas, el par de chulescos jóvenes del instituto que atemorizan al resto de sus compañeros, o, por supuesto, el conejo gigante y amigo del protagonista, Frank, que hubiera sido un perfecto secundario, por ejemplo, de Mulholland Drive). Esto no quiere decir que Kelly copie o plagie a Lynch, en absoluto, pese a que es indudable que Donnie Darko bebe de films como Terciopelo azul o Twin Peaks: Fuego, camina conmigo, el film de Kelly tiene personalidad suficiente como para coger lo necesario del universo Lynch, e intentar crear un submundo regional en el que se den cabida desde el humor más underground hasta el fantastique más delirante. Así la historia del joven Donald Darko (un acertado Jake Gyllenhall), que tras ser salvado de morir por un imaginario conejo de dos metros se ve obligado a convivir con sus paranoias para mal (o bien) de su familia y amigos, se convierte en una carrera de dos sentidos ambientada en un pueblo norteamericano, al que el realizador, satiriza y corrompe de manera brillante, plagándolos de jóvenes tremendamente agresivos (el mismo Donnie, nada más empezar el film llama a su madre "puta"), rodeándolos de historias de una violencia interna brutal: un tutor pedófilo (tremendo Patrick Swayze, emulando a otros ídolos freaks caídos como Mickey Rourke o Rob Lowe), la novia del chico a quien su padrastro había apuñalado a su madre, a la profesora fascista y, ¡DIOS!, horripilante mujer, etc... Quizás Kelly habría tenido que ser más atrevido y haber dejado alguna puerta abierta para el espectador, pues en su afán de cuadrar este film, que conjuga con habilidad los viajes en el tiempo, el horror más abstrayente, la comedia más cínica y el más duro melodrama (para que se entienda la complejidad de la historia), dentro de toda su ambigüedad, debería haberse quedado sin contestar alguna de las múltiples respuestas que se plantean en el film, para aumentar así el grado de abstracción y misterio. Así, el punto de vista ofrecido por Kelly (¿donde se ha visto una teenage movie sin asesino ni asesinatos?), comparte el gusto por el insulto al estilo de vida norteamericano, el conocido american way of life, con el narrado de una historia, en el fondo, terriblemente amarga y terrorífica, tan amable como una bala en el ojo. De alguna manera Donnie Darko es a las teenage movies lo que significó Happiness para la comedia familiar, el afán de destrucción de Kelly es enorme, y lo que es mejor, lleno de talento, todo un director a seguir. Me guardo el último párrafo, para (a) reivindicar en este seco verano cinéfilo (que de tanto decirlo ya parece un tópico) un film tan atrevido como el de Kelly y (b) Bueno, en caso de que nos lea Drew Barrymore, y claro, de que sepa castellano, que sepa que por producir un film, no tiene por que aparecer en él (fíjese en Steve Buscemi y su Animal factory, por ejemplo), pues los planos que acaba chupando la actriz acaban siendo los más insignificantes del film (algo parecido pasó con Sting en Lock n'Stock y, bueno... la lista es larga). Fin de las reivindicaciones. |