Miradas de Cine BATTLE ROYALE, de Kinji Fukasaku   MdC
Cartel de la película
Por Sergio Vargas

Japón, 2000. T.O.: Battle Royale. Director: Kinji Fukasaku. Producción: Akio Kamatani, Tetsu Kayama, Masumi Okada, Masao Sato. Guión: Kenta Fukasaku; basado en la novela de Koshun Takami. Fotografía: Katsumi Yanagijima. Dirección de producción: Tatsuo Ozeki. Música: Masamichi Amano. Montaje: Hirohide Abe. Duración: 114 minutos. Intérpretes: Beat Takeshi (Profesor Kitano), Tatsuya Fujiwara (Shuya Nanahara), Aki Maeda (Noriko Nakagawa), Taro Yamamoto (Shougo Kawada), Masanobu Ando (Kazou Kiriyama), Kou Shibasaki (Mitsuko Souma), Chiaki Kuriyama (Chigusa Takako).

Miradas de Cine © 2002

Aprovechemos el momento

En un futuro no muy lejano, Japón sufre una grave crisis en la que la juventud pasota y rebelde representa el mal principal de la sociedad, pero entonces aparece una nueva ley para salvar el país de la catástrofe definitiva: La ley B.R. (Battle Royale). Cada año, se elige por sorteo una clase entera de instituto que es confinada en una isla desierta con un único fin, librarse de ellos. ¿Cómo? Obligándolos a que se maten unos a otros. El único superviviente obtendrá la libertad. Si al cabo de tres días sobrevive alguno más, todos explotarán mediante un dispositivo de control que llevan en un collar. Por supuesto, no les dejarán matarse con sus propias manos, cada uno recibe un kit compuesto de víveres, un mapa de la isla y un arma. Éste es el punto de partida de la última película del veterano Kinji Fukasaku, que a sus setenta y dos años se ha atrevido a hacer esta auténtica burrada a caballo entre el gore y la comedia negra.

El genial Beat (Takeshi) Kitano tiene un pequeño papel de lujo como una especie de Pepe Navarro que lleva las riendas del "juego" informando por megafonía a los participantes de las últimas bajas. No olvidemos que Kitano era uno de los presentadores de lo que aquí se llamó Humor amarillo, vamos, que el hombre está en su elemento. Ya desde el principio del film se hace gala de un sentido del humor bastante cafre, en la escena en la que los estudiantes ven un video explicativo de las instrucciones a seguir como si de un juego de ordenador se tratase. Los chicos aprenden pronto y la sangre campa a sus anchas por todo lo largo y ancho de la pantalla. Esta serie de matanzas que, por supuesto, hay que tomarse a risa (si no la película sería difícilmente soportable), resultan verdaderamente entretenidas (que macabro soy) sobre todo teniendo en cuenta la gran variedad de armas empleadas (pistolas, cuchillos, granadas, katanas, tapas de cacerola…). A la vez que comienzan los primeros asesinatos, los participantes tienden a hacer asociaciones, entre ellas la pareja chico-chica protagonista, y surgen amistades y amores a la vez que renacen viejos odios. Esta componente drámatica es la que da cohesión al resultado global. Sólo por el escenario y el hecho de que los personajes sean adolescentes, podemos pensar fácilmente en El señor de las moscas, pero salvando las distancias; aquí no se plantea la cuestión moral en ningún momento, la violencia viene impuesta desde un principio por ser la única posibilidad de supervivencia. .

También me ha recordado la reciente El experimento, concretamente una discusión entre cuatro chicas. Cuando no hay armas, la cosa dificilmente puede pasar de unos tirones de pelo, empujones, arañazos y/o puñetazos, vamos que es díficil que muera alguien, pero ¿será realmente posible lo distintas que se tornan las cosas cuando hay pistolas de por medio, aunque las personas que discuten sean amigas?.

Se puede encontrar un mensaje en Battle Royale, el clásico carpe diem, sobre todo en la última escena de la película, o por ejemplo en la que uno de los chavales, en su agonía, confiesa a su asesina que siempre ha estado enamorado de ella; es posible que si le hubiese confesado antes su amor ella no le hubiese matado. Aunque también es cierto que probablemente otro lo hubiese hecho unas horas después.

No sé como se presentará el futuro en Japón, pero aquí está muy claro que hay que aprovechar el momento: hoy nos prohiben bebernos una cerveza en la calle, pero ¿Quién sabe lo que ocurrirá mañana?.