Miradas de Cine MUERTOS DEL PASADO, de Marcus Adams   MdC

Cartel de la película

Por Alejandro Díaz

Reino Unido-USA, 2002. T.O.: Long Time Dead. Director: Marcus Adams. Productor: James Gay-Rees. Guión: Eitan Arrusi, Daniel Bronzite, Chris Baker y Andy Day; basado en un argumento de Daniel Bronzite, Marcus Adams y James Gay-Rees. Fotografía: Nic Morris. Música: Don Davis. Montaje: Lucia Zucchetti. Duración: 94 minutos. Intérpretes: Joe Absolom (Rob), Lara Belmont (Stella), Melanie Gutteridge (Annie), Lukas Haas (Webster), James Hillier (Spencer), Alec Newman (Liam), Mel Raido (Joe), Marsha Thomason (Lucy), Tom Bell (Becker), Michael Feast (Paul Brennan), Cyril Nri (Dr. Wilson).

Miradas de Cine © 2002

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Mi amiga María resulta una compañía muy agradable, pero creo que no volveré a permitir que escoja la película que voy a ver, pues soportar Muertos del pasado no ha sido tarea fácil. Debí sospecharlo aquella noche en la que se ensañó con La chaqueta metálica (no es que sea mi favorita de Stanley, pero un Kubrick siempre es un Kubrick, ¿no?) y dijo preferir la reciente Destino final (un producto, por cierto, clavado a Muertos del pasado). Sí, ya sé que a nadie le importan estas anécdotas, pero es que quería que experimentasen la misma sensación que tuve yo al ver la película de Marcus Adams: La de no interesarme nada de lo que ahí se estaba narrando.

Es muy duro entrar en una sala de cine y darse cuenta apenas transcurridos unos segundos de proyección de que a uno le esperan 90 interminables minutos de sopor, pero eso es exactamente lo que ofrece esta insulsa cinta. Les cuento el argumento: Un grupo de jóvenes se reúne para jugar con una tabla de ouija (si es que se escribe así). Durante la sesión hay un vaso que se mueve solo (o eso se supone) y todo esto desemboca en la liberación de un demonio del pasado que tomará el cuerpo de uno de los jóvenes (no sabemos cuál de ellos). El demonio comenzará entonces a perseguirles e irá asesinándoles uno por uno (originalidad ante todo), hasta llegar a un final con los consabidos giros y ambigüedades. Esto se completa con un secreto que uno de los protagonistas tiene, relacionado con su padre, y también con un viejo inquietante (al menos así lo quiere la música que acompaña sus apariciones) que, primero, les dice a los chicos: "Estáis muertos; todos vosotros lo estáis", y después tratará de ayudarles a vencer al demonio. Eso es todo. No hay nada más.

Dado lo exiguo de la historia, el realizador de esta película se dedica a estirar los momentos en los que cada uno de los jóvenes se separa del resto y es acosado por el monstruo. Esos instantes (la gran mayoría del metraje) quieren ser tratados como set pièces de suspense, pero no con el desparpajo de Brian De Palma o el rigor de M. Night Shyamalan, sino con una irritante arbitrariedad y un nulo sentido del punto de vista narrativo. Y es que para intentar copiar a Hitchcock hay que conseguir que nos identifiquemos con los personajes, que suframos por ellos, algo imposible aquí por la incompetencia del director y del reparto (más antipático no puede ser). Por su parte, los guionistas no ayudan tampoco en la tarea, y ponen en boca de los actores sobadísimas líneas de diálogo como la que encabeza este artículo, y que un servidor llegó a adivinar antes de que fuese dicha (sic), además de inventar situaciones tan poco vistas como la chica que se fuma un porro en el baño (y es atacada, claro) o el chaval que se esconde bajo la cama mientras huye del monstruo.

A principios de año se estrenó The hole (Nick Hamm), un film que trataba de rescatar el subgénero de "adolescentes en peligro" del cubo de la basura para dotarlo de un poco de dignidad y coherencia. Si bien los resultados no eran del todo satisfactorios, al menos sí había un intento de desmarcarse del grueso de las producciones de este tipo, innumerables ya, y que no tienen cosas nuevas que ofrecer. O al menos es el caso de Muertos del pasado, un film que nunca debió hacerse porque, sencillamente, no tiene nada que contar; ni siquiera intenta jugar la baza del humor, el erotismo (pueriles ambos, por lo general, en esta clase de films), o los efectos especiales (muy discretos). Sólo burdos efectismos, sustos, y baños de hemoglobina. En fin, otra más, otra igual que las demás, puede que incluso peor. ¿No se cansarán los seguidores del subgénero de tanta repetición? Es que esto ya no es ni siquiera cine de usar y tirar... esto es directamente deleznable.