| AUSTIN POWERS EN MIEMBRO DE ORO, de Jay Roch |
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El mojo empieza a agotarseLa última entrega de la saga del superagente Mike Myers recaudó en el primer fin de semana de estreno en Estados Unidos la nada reprochable cifra de 71,5 millones de dólares. Esto la convierte en uno de los mejores resultados del cine norteamericano durante el presente año, pese a coincidir en las fechas de estreno con films de la talla de Camino a la perdición o las segundas partes de Stuart Little o MIB. La primera entrega de Austin Powers, realizada hace cinco años, pese a no tener un éxito inmediato en las taquillas americanas, consiguió arrasar con su estreno en vídeo, y su sucesora Austin Powers 2 (La espía que me achuchó), obtuvo ya un buenísimo resultado de recaudación a nivel mundial. Roach, habiendo realizado tras las dos entregas iniciales una excelente comedia con Los padres de ella, ha decidido repetir la misma fórmula en la tercera entrega del superagente que en los anteriores films de la saga, fórmula que en su momento fue muy innovadora y atractiva, pero que ahora quizás se está haciendo un tanto repetitiva y carente de novedad. La irrupción hace unos años del superagente Austin Powers, triunfó como divertida parodia de las películas de espías de la década de los años sesenta. El superagente no era ya un atractivo, elegante y apuesto caballero inglés que tenía que cumplir con misiones secretas de alto riesgo y sortear peligros inimaginables. Mike Myers convertía al mítico Bond en un superhéroe poco agraciado físicamente, pero a quien las bellísimas mujeres asediaban y adoraban tanto como al mismísimo Connery. Powers era más bien un Peter Sellers con espíritu Bond, el cual se vestía con ropas horteras y bailaba al ritmo de la música de la década sesentera. Todo esto gustó a un público encantado de reírse de las patéticas situaciones que se vivían en las películas del pupilo de Q. Y si además de las carcajadas, los films incorporaban buena música, una estética innovadora y muy cercana al video-clip, así como la aparición estelar de grandes estrellas del celuloide, como Rob Lowe, Elizabeth Hurley, Michael York o Robert Wagner, era de esperar que el producto se rodease de la mitomanía de la que actualmente goza. El objetivo claro de conseguir recaudación ofreciendo un producto de entretenimiento fácil estaba más que cumplido en las dos primeras partes. Pero hay que lamentar que Goldmember, pese a ser un exitazo taquillero superior a sus predecesoras, siga utilizando los mismos clichés que aquellas. Myers, ganador de un Emmy por su dedicación profesional anterior en el show televisivo Saturday Night Live es sin duda el epicentro insustituible de las películas de Austin Powers. Pese a haber realizado otros papeles de carácter mucho más serio en su carrera interpretativa, Myers es un caso paradigmático de la asociación directa de un personaje a un actor, al estilo del Clouseau de Sellers o, sin ir más lejos, del mismísimo Torrente/Segura. Pero además, Myers consigue un trabajo interpretativo destacable, teniendo en cuenta el desdoblamiento de personajes que realiza, a los que hay que añadir en esta última entrega a parte de los ya interpretados anteriormente (Austin Powers / Dr. Maligno / Gordo Cabrón) el repugnante y sorprendente Goldmember, (réplica cómica del Goldfinger de Bond). Junto a Myers, la belleza de turno es esta vez la despampanante Destiny's Child Beyoncé Knowles, en el papel de Foxxy Cleopatra (en clara alusión a dos de la heroínas setenteras de la blaxploitation: Tamara Dobson / Cleopatra Jones y Pam Grier / Foxy Brown). Un sorprendente Michael Caine se encarga de representar al padre en apuros del superagente. Repiten Michael York, el número 2 Robert Wagner y el pequeño clon Verne Troyer. A destacar también, y esta vez de manera especial por su número y envergadura el elenco de estrellas que intervienen en este film, desde Tom Cruise, Gwyneth Paltrow y Steven Spielberg, que protagonizan un sorprendente arranque del film y un curioso homenaje al cine desde el cine, hasta Danny de Vito, Kevin Spacey, John Travolta y otros personajes del espectáculo, como Quincy Jones, Britney Spears, Burt Bacharach o el extraño Ozzy Osbourne. Goldmember es más de lo mismo, con una trama igual de floja e insustancial que las anteriores, y muchas situaciones cómicas que por repetitivas, acaban por perder efectividad. Pese a esto, el film posee algunas escenas realmente brillantes, como la conversación entre Foxxy y Powers en el sofá de Studio 69, con un extraño intermediario de por medio, o el juego metaléptico entre Powers, Foxxy y el japonés y los subtítulos que aparecen para entender la conversación que mantienen en nipón. El film hace algunos guiños a la cultura visual que el cine y la televisión nos han ido legando a lo largo de los años, pero incluye éstos de una manera aleatoria y sin coherencia temática, lo que hace que parezca improvisada y caprichosa la elección de unos referentes visuales u otros. De esta manera, Gene Kelly puede ser recordado junto a Annibal Lecter, Godzilla, o la burtoniana marciana flotante Lisa Marie. Lo mejor, el video-clip de la prisión, genial homenaje burlón a la estética del gangsta rap que ya tuvo su antecedente en la segunda entrega de la saga. Pero un buen film de comedia no son cuatro o cinco gags memorables, sino que la valoración de una buena obra pasa por una una coherencia general de la que Goldmember carece por completo. Mención aparte merece el doblaje español del film, con un Florentino Fernández que repite hasta la saciedad sus coletillas y acentos interpretativos y un doblaje peculiar del holandés Goldmember / "Van Gaal", hechos los dos que hacen suponer una versión original con gags de difícil comprensión y complicidad por parte de un público no americano. Goldmember es un film que continúa con la tónica habitual que da resultado en el cine americano actual: el aprovechamiento del tirón económico de grandes éxitos de taquilla con la creación de segundas y terceras entregas que puedan continuar esta recaudación. Esto, junto con la escasez de guiones originales de calidad y la adaptación de grandes éxitos comerciales de la literatura o el cómic o el florecimiento de abundantes remakes está actuando como falsa tapadera a una grave crisis de creatividad que ya está durando demasiado tiempo. Jay Roach es un buen realizador, con muchas cualidades para la comedia y, aunque Austin Powers se erija en un enorme éxito financiero, es una lástima que el talento de este director se encasille en la repetición de las mismas situaciones en films poco diferenciados entre sí. Atribuir el éxito o la calidad de una comedia al número de espectadores que asisten a su proyección es un hecho del todo relativo, ya que dada la oferta del género en el mercado actual no es de extrañar que la respuesta del público sea positiva ante las pocas obras del género que se proyectan. La comedia es un género difícil, y quizás por ello es el que más se está resintiendo de la crisis de ideas actual, y este hecho es, aunque se mantengan las apariencias, verdaderamente lamentable. |