| SALVOCONDUCTO, de Bertrand Tavernier |
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Cine en tiempos de guerraHace unos años 15 festivales de cine europeos de 15 países distintos decidieron hacer un ciclo en el que recuperar 15 películas relevantes, una de cada país, pero que no fueran apenas conocidas más allá de sus fronteras. Para ello, pidieron recomendaciones a un director importante de cada país. Por parte de Francia, el consultado fue Bertrand Tavernier, y eligió la película “la dame d’onze heures” (la dama de las once), estupenda película de acción y aventuras detectivescas dirigida por Jean Devaivre y escrita por Jean-Paul Le Chanois. El particular homenaje de Tavernier a estos hombres de cine continua ahora con su última película, “Salvoconducto”, basada en un periodo de la vida de estas y otras personas que trabajaron en mantener la industria cinematográfica francesa durante la ocupación nazi en la 2ª guerra mundial. Esta película demuestra el amor que Tavernier procesa al cine y a la creación cinematográfica. Bien conocidos son sus libros y artículos en revistas, pero le faltaba plasmarlo en una película, y en esta historia de amor al cine y a la libertad se muestra especialmente implicado y apasionado. Se centra en un ayudante de dirección que acepta trabajar para la Continental, estudios cinematográficos franceses al servicio de los ocupantes alemanes, para poder seguir practicando la profesión que tanto ama y de paso estar atento por si puede obtener información útil a la resistencia. El otro personaje protagonista es un guionista que está dispuesto a todo con tal de no trabajar para estos mismos estudios. Y como tercer protagonista, el propio cine, con sus proyectos, preparaciones, rodajes y problemas, con la guerra y la ocupación alemana como telón de fondo. Tavernier rueda con una cámara ágil (a veces demasiado, en algún que otro traveling da más vértigo que George Lucas...), siguiendo a los personajes en sus correrías por la ciudad o por el estudio, llevándonos por las calles de París bombardeadas por los aliados, hoteles de tercera y burdeles de primera, lugares donde se gesta la lucha por la supervivencia y la libertad tanto de acción como de creación. Y nos lleva con el entusiasmo que mueve a sus personajes, pedaleando sobre una bicicleta o arrastrando las maletas de la casa de una amante a otra, dando órdenes en los estudios o rechazando encargos hasta que no queda otro remedio. Y lo hace centrándose más en los personajes que en la lucha social o política, en la creación que en la destrucción, en el compañerismo y la comprensión que en odio. Pues si bien los alemanes actúan como ocupantes, los del estudio están en general más interesados en el cine que en la política, y aunque los ocupados desean más que nada su libertad, se esfuerzan en que sus obras tengan el mejor acabado posible. Quizá la cinta sea algo inferior a las últimas del realizador, pues tras una primera parte sobresaliente, el interés se va centrando cada vez más en el ayudante de dirección, mientras que las correrías amorosas del guionista comienzan a resultar un tanto tediosas, deseando en cada una de sus apariciones que se vuelva al otro personaje. Así, hacia la mitad de la película comienza a tener altibajos que se agravan por la larga duración de la cinta, que suprimiendo la historia del guionista habría tenido una duración más ajustada y mantendría más eficazmente la atención del espectador. Hay que destacar la gran interpretación de todos los actores, no sólo Jacques Gamblin, premiado en Berlín por su caracterización del ayudante de dirección, sino también de las actrices, entre las que se pueden ver a las protagonistas de otras cintas de Tavernier, como La carnaza u Hoy empieza todo en papeles secundarios. La caracterización de los técnicos de rodaje es magnífica, así como la ambientación de los rodajes en esa difícil época. Los decorados llenos de comida trucada (nabos "caracterizados" de pollo y cosas así) que rápidamente desaparece por el hambre de los técnicos puede resultar divertido, pero la amargura de la necesidad y la preocupación por los seres queridos está presente a cada momento, empañando la cinta de un hálito trágico. Así pues, una película que se disfruta a pesar de sus imperfecciones, necesaria para conocer un aspecto más de las necedades de la guerra, y un homenaje al mundo del cine y a sus gentes. Que Tavernier siga agitando nuestras conciencias y nuestra sensibilidad como hasta ahora. Muchos presuntuosos metidos a creadores de opinión querrían que su mejor película fuera la mitad de buena y certera que esta.
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