| EL VIAJE DE CHIHIRO, de Hayao Miyazaki |
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Descenso fantástico por la imaginaciónImaginación. Imagen formada por la fantasía.
Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc. En un momento de El viaje de Chihiro, nueva y esperemos que no última realización de Hayao Miyazaki, Haku, el aprendiz de Yubaba, bruja que gobierna una casa de baños para los dioses, le explica a la joven Chihiro, bautizada como Sen por Yubaba, que no olvide su auténtico nombre, pues eso le permitirá regresar a su mundo... En otro momento, Sen se despierta sola en su estancia y se convierte en la accidental espectadora de una batalla entre un dragón y unos pájaros de papel... Más adelante un extraño que Sen dejó entrar en la casa empieza a devorar a los empleados de la casa mientras les engaña ofreciéndoles oro... Sirvan estos extractos como ejemplos (devaludos al expresarlos mediante palabras) de la desbordante imaginación que desprenden las bellísimas imágenes de El viaje de Chihiro, película en la que cada secuencia es una sorpresa inagotable, cada escena un festival de creatividad y cada plano una lección de cine (de animación o no). Este nuevo film del director de Los guerreros del viento es sobre todo la culminación de un estilo y una personalidad, de una coherencia artística y ética, de una forma de entender la vida y el propio arte... Aun recordando a obras como la mil veces mencionada "Alicia y el Pais de las Maravillas" -el portentoso cuento de Lewis Carroll que todo el mundo debería leer-, o al "El maravilloso mago de Oz" de Lyman Frank Baum y aun partiendo de cuentos y leyendas de la cultura oriental, El viaje de Chihiro reúne todas las características que definen el estilo del cine de Miyazaki, y se erige en una obra tremendamente personal, probablemente el trabajo más personal de su autor, que consigue llevar las referencias e influencias ajenas a su propio universo, consiguiendo así una obra única. Como acertadamente apunta Diego Vázquez en su reseña del film en las páginas de LaButaca.net, es el excelente Mi vecino Totoro el film del realizador más parecido al que nos ocupa, siendo ambos piezas complementarias, donde El viaje de Chihiro sería una prolongación de ese unvierso fantasioso, corregido y aumentado. Pero también se rastrean ecos de otros largometrajes del director japonés: el más evidente, el recuerdo a la extraordinaria Porco Rosso a través del conjuro que convierte a los padres de Chihiro en cerdos; las bolas de hollín que transportan carbón a la caldera, recuerdan tanto las bolas de polvo de Mi vecino Totoro como a los pequeños bichos del bosque de La princesa Mononoke; el protagonista de ésta última, Asitaka, se ve perfilado en el sencillo dibujo de Haku; la propia Chihiro/Sen recuerda a la Nausicaa de hace casi veinte años; también hay algo de la estupenda versión en largometraje de las aventuras de Lupin III, El castillo de Caglistro, en la temeraria aventura de Sen por la fachada de la casa. Al igual que en Mi vecino Totoro y en los relatos enunciados lineas arriba, uno de las mayores apuestas del film es la ausencia de una progresión narrativa definida. La llegada de/a ese universo fantasioso parece regido por las reglas de los sueños, en la que aparecen situaciones y/o fragmentos inconexos que aparentemente no aportan nada, pero que en realidad son la razón de ser de todo el film y que en su conjunto le confieren su verdadero significado. Bien es cierto que el deseo de volver a casa de la protagonista, de encontrar el camino de vuelta y recueprar a sus padres, es el hilo conductor del relato, pero se sabe que la historia concluirá con el regreso de Chihiro por ese tunel misterioso junto con sus padres, por lo que ése tan sólo es la excusa para enfrentar a la pequeña heroína a ese mundo fantasioso repleto de lugares sorprendentes y fascinantes que descansan en la imaginación... La entrada en ese mundo de Chihiro y sus padres, tras cruzar ese umbral señalizado por una extraña estatua y por un oscuro tunel, esta expresada de manera prodigiosa por las acciones de los personajes (cfr. los recelos inciales de la niña a no querer cruzar por ese tunel, su posterior y lógico cambio de opinión corriendo tras sus padres, la curiosidad de los padres ante lo que creen es un parque abandonado, la continua inquietud de Chihiro) y por la forma de exponerlo (cfr. ese plano de Chihiro antes de entrar en el tunel acompañado de un repentino golpe de viento; la extrañeza que desprende la estancia que hay tras el tunel con varios tragaluces; la belleza del "parque" que se contrapone con la inquietud que desprende el inhóspito lugar). No menos excelente es la presentacion, casi sin solucion de continuidad, de Haku que aparece repentinamente y avisa a Chihiro que debe huir, que no la pueden descubrir ahí... Es el comienzo de la fantasia y el principio de un descenso inolvidable por la imaginación... Practicamente todas las escenas que componen El viaje de Chihiro a partir de esta espléndida introducción resultan memorables: todo lo que sucede por primera vez en la sala de máquinas donde trabaja Kamajii, el esclavo que se encarga de hacer los baños y calentarlos; la sorprendente y brillante "carrera" por llegar a la estancia de Yubaba desde los sotanos de la casa de baños hasta el último piso, que sirve como presentación del interior de ese mundo y de sus peculiares criaturas; el primer encuentro entre Chihiro y la bruja Yubaba, que tiene a su cargo unos extraños compañeros (tres cabezas, un pajaro, un bebe gigante...); la extraordinaria secuencia, la mejor en mi opinion de todo el film, con el dragón, Zeniba y los pájaros de papel, puesta en escena de forma admirable, en la que Sen se convierte en una auténtica heroina esacalando la fachada de la casa para llegar al ultimo piso, con un acompañante misterioso; el viaje en tren de Sen hacia casa de Zeniba con tres nuevos amigos, de una belleza inaudita... Por su parte los apuntes humorísticos surgen de forma natural, estan perfectamente ajustados y no resultan excesivos ni acusan la mezquindad de la obviedad: sirva de ejemplo ese momento en el que Sen ayuda a una bola de hollín a transportar un pequeño trozo de carbón y la respuesta del resto de sus compañeras, totalmente descacharrante... El diseño de personajes es todo un alarde de ingenio y creatividad, destacando principalmente la bruja Yubaba y Kamajii, dos dibujos magistrales considerados en sí mismos y que en el film toman multitud de apariencias y formas que los enriqucen aún más si eso es posible; el bebe y las tres cabezas que acompañan a Yubaba, las bolas de hollín, el monstruo sin cara... Más simples resultan Haku y los humanos (Chihiro y sus padres), pero es algo habitual en el anime (siguen prefiriendo dibujar las caras con apenas tres lineas y muy poca definición, que no resulta del todo convincente, sistema del que muy pocos realizadores/dibujantes se han distanciado); empero, en este caso, este estilo de dibujo resulta un perfecto contrapunto a las critaturas fantisosas mucho más elaboradas y por lo tanto de alguno modo más fascinantes. Los colores del film y su utilización es todo un festival para aquellos aficionados al dibujo (animado o no) y cobra gran protagonismo, a diferencia de en otas peliculas del realizador, en los pequeños detalles como los juguetes del bebé o en los vestidos de los personajes, y se juega con los contrastes de forma ejemplar. La animación es espléndida, algo que ya se puede apreciar al comienzo del film, en las escenas en el coche, adquieriendo todo su esplendor en la comentada secuencia que empieza con el enfrentamiento entre el dragón y los pajaros de papel; también destaca el empelo del ordenador, realmente soberbio (cfr. el jardín que atraviesa Sen para llegar hasta donde se encuentran sus padres, que aparece en dos ocasiones y da lugar a un excelente ejemplo -hay otros muchos a lo largo del film- de utilización del lenguaje cinematográfico: la primera vez se muestra todo el trayecto con el completo virtuoso movimiento de cámara entre las flores, en la segunda ocasión sólo aparece brevemente el paso por el jardín y en el siguiente plano Sen ya esta con sus padres) y pequeños detalles como las figuras difuminadas, casi fantasmales de los pasajeros del tren, del monstruo sin cara o de la propia Chihiro al inicio de su aventura... El viaje de Chihiro es un film espléndido, una potencial obra maestra (el tiempo y próximos visonados del film tal vez confirmen esta posibilidad), con incontables aciertos y casi ningún defecto (cfr. cierta ñoñeria en la parte final, algunos temas del excelente compositor Joe Hishiashi resultan demasiado convencionales e incluso monótonos), un delicioso cuento en forma de vertiginoso descenso a un mundo fantástico repleto de una imaginacion, creatividad y talento casi inigualable (el venerado Otomo, el maestro Lasseter, declarado admirador de la obra del director japonés, y tal vez en el futuro el genial Brad Bird, o la pareja Selick-Burton). |