| HAPPY TIMES, de Zhang Yimou |
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Mentiras piadosasHace unos años, Zhang Yimou cambió completamente de registro rodando la simpática Keep Cool (¡Mantén la calma!) (1997), una película completamente urbana, alejándose de los grandes campos donde se desarrollaban sus anteriores historias. Ahora, tras Ni uno menos (1999) y El camino a casa (2000) en las que volvía por sus antiguos derroteros rurales, vuelve a trasladarse a la ciudad con esta Happy Times (2000) basándose en la novela Shifu, You´ll Do Anything for a L, de Mo Yan, y con Terrence Malick de productor ejecutivo El protagonista de Happy Times es Zhao (Zhao Benshan) un jubilado de cincuenta años un tanto miserable (en muchos aspectos) que harto de buscar pareja entre jovencitas de buen ver y ser rechazado una vez tras otra, decide que la única forma de encontrar esposa es casarse con una gorda. Así dicho suena muy crudo, pero ésta es la decisión que toma. La gorda en cuestión le pide cincuenta mil yuanes para consumar el matrimonio, y como no tiene ni para pipas decide sablear a un amigo, que lejos de aportarle dinero, le sugiere montar un hostal en una furgoneta abandonada, el Hostal Tiempos Felices, que da título al film. La gorda, además le encasquetará a su hijastra ciega (Dong Jie), a la que odia, y con la excusa de que la chica necesita un trabajo la echará de casa dejándola en manos de Zhao. A partir de aquí, intentando conservar a su nueva novia, Zhao comenzará a crear una espiral de mentiras, la primera de ellas que es el dueño de un gran hotel. El dramatismo de la historia viene envuelto por un halo de comedia que mantiene una sonrisa en la boca del espectador durante casi toda la película, pero interrumpiéndola de vez en cuando, casi siempre con motivo de la cruda realidad de Wu, la joven ciega, que anhela una operación que le devuelva la vista que un tumor cerebral le arrebató antes de que su padre la abandonara. A medida que Zhao va encariñándose con la pequeña Wu (como el la llama, aunque tiene dieciocho años) sus mentiras le llevan a complacerla a ella, más que a la gorda de su novia, que una vez sola con su gordo y repelente hijo (éste, biológico) comienza a pasar un poco de Zhao Lo que nos cuenta Happy Times lo hemos visto en numerosas ocasiones -aunque mi lamentable memoria cinéfila en este preciso instante sólo pueda recordar la reciente La vida es bella (1997)-, un hombre que cuenta con la complicidad de unos pocos amigos para endulzarle la vida a un ser querido, eso sí, basándose en las mentiras, las bien llamadas mentiras "piadosas", pero a pesar de ello la historia consigue atraer al espectador, sustentándose en un buen guión, pese a que resulta algo repetitivo en la parte media de la película, y la cuidada puesta en escena de Yimou, que saca el máximo partido de unos escenarios vulgares como por ejemplo el viejo taller donde Zhao construye el salón de masaje. Además, como siempre, se ha rodeado de buenos actores, destacando el papel de la joven Dong Jie, que sale bien parada de un díficil papel para ser la primera vez que se enfrenta a la cámara y ha sido premiada por ello en el reciente Festival de Valladolid, en el que además la película ha sido galardonada con la Espiga de Plata. La película resulta además una efectiva crítica a una sociedad dominada por el dinero, y si resulta efectiva es precisamente por lo excesivo de la misma. Llega un momento en el film en el que el dinero es la única preocupación de todos y cada uno de los personajes y prácticamente aparece en cada frase dejándose notar el sinsentido que resulta de todo ello y a la vez lo imposible que nos resulta despegarnos de él, pero ya desde el principio se deja notar como el poderoso caballero subyuga al protagonista, que se duele de tener que comprar unas rosas para su gorda amada, o que engañará a la pobre cieguita diciéndole que la tienda de helados ha cerrado porque ni siquiera se puede permitir una mísera bola de helado, la más barata, y le compra un simple y asqueroso polo En definitiva, Happy Times es una comedia agridulce que no defraudará a los seguidores de Yimou, ni tampoco a cualquiera que busque una historia emotiva: podrá reír, y también echar una lagrimita, ambas cosas muy de agradecer de vez en cuando y no tan fáciles de conseguir como muchas veces se pretende. |