Miradas de Cine HARRY POTTER Y LA CÁMARA DE LOS SECRETOS, de Chris Columbus   MdC
Cartel de la película
Por José Luis Hurtado

USA, 2002. T.O.: Harry Potter and the chamber of secrets. Dirección: Chris Columbus. Productor: David Heyman. Guión: Steve Kloves; basado en la novela de J. K. Rowling. Fotografía: Roger Pratt. Música: John Williams. Diseño de producción: Stuart Craig. Montaje: Peter Honess. Duración: 161 minutos. Intérpretes: Daniel Radcliffe (Harry James Potter), Emma Watson (Hermione Granger), Rupert Grint (Ron Weasley), Richard Harris (Albus Dumbledore), Maggie Smith (Profesora McGonagall), Kenneth Branagh (Gilderoy Lockhart), Robbie Coltrane (Hagrid), Alan Rickman (Profesor Severus Snape), Warwick Davis (Profesor Filius Flitwick), Sean Biggerstaff (Oliver Wood), Miriam Margolyes (Profesora Sprout).

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Un álbum de fotos mágicas

Resulta cuanto menos curioso e inquietante, que siendo mi predisposición ante este segundo film de la saga Potter, completamente diferente a la que tuve frente al primero (entonces era un ajeno al mundo de Hogwarts y ahora soy un fan incondicional del mismo), mi sensación a la salida del cine, haya sido exactamente la misma.

Si hay algo que pueda ser confirmado tras estas dos primeras entregas de la saga, analizadas en su día, y ahora, desde perspectivas tan lejanas, es la absoluta impersonalidad y falta de talento de un director como Chris Columbus para hacerse cargo de un proyecto de semejante envergadura y aportar algo a nivel audiovisual, a un texto enfermizamente idolatrado, es decir, algo que el cine pudiera completar o reinterpretar de los libros de J.K. Rowling.

Esa falta de talento, y el miedo a un rechazo frontal por parte de los millones de seguidores del personaje, parecen haber anquilosado la voluntad y miembros tanto de Steven Kloves como del propio Columbus, adoptando ya no un respeto y fidelidad que resultan molestos por su neutralidad y corrección, sino un caligrafismo, que poco o nada interesante reporta al cine o al universo Harry Potter.

La saga Harry Potter en cine, se ha convertido pues, en un album de fotos mágicas, de fotos en movimiento, como las que Harry contempla de sus padres, en la soledad de su habitación, ilustraciones de un texto, sin más estructura que la acumulación de escenas más o menos clave del libro, realmente ajustadas tras una portentosa labor de diseño de producción que hace las delicias del lector, pero que no es suficiente para el espectador cinematográfico.

Si en la primera entrega de la saga, esta acumulación de cromos, ya resultaba un tanto molesta, en esta segunda, se agrava la carencia de estructura narrativa propia, primero por la complejidad del segundo libro escrito por J.K.Rowling para su personaje y segundo por su longitud (me pregunto que pasará cuando haya que adaptar los siguientes, que doblan y triplican el número de páginas). En todo caso, para un neófito en el mundo Potter, el metraje puede resultar un hándicap en contra y no sin razón, a la hora de valorar el film.

Por otro lado, la rebaja del tono oscuro y macabro de la novela, es considerable en su adaptación cinematográfica, y no por criterio moral empiezo a pensar, sino porque simplemente no hay tiempo de detenerse en detalles, cuando se quiere contar tantas cosas en tan, al fin y al cabo, poco tiempo. Así, la posesión infernal del personaje infantil clave, es casi reducida a un par de detalles y frases, lo que supone una gran oportunidad perdida de trasladar a la pantalla mucha de la carga profunda de unos libros que "no son sólo para críos" , y que en su adaptación a la pantalla parecen encaminarse hacia todo lo contrario.

El tirón de Harry Potter es grande entre el público adulto, y no hay más que ver la cola repleta de mi sesión de hoy, sin apenas niños, para darse cuenta de que el anhelo de lo mágico, de la infancia y la huída del rompecabezas "muggle" que nos rodea, nos lleva a buscar la evasión y la ilusión en estos libros-películas (aunque los fans secretos de Harry Potter más bien parezcamos proscritos, ocultando a veces nuestra devoción por él).

Sin embargo, el film rebaja en mucho, ese gancho para adultos, infantilizando situaciones que no lo son tanto en los originales, como la tortura mental que supone para Harry sentirse un falso Gryffindor, un Slytherin desplazado. De la misma manera, el personaje de Tom Riddle aparece más caricaturizado y menos terroríficamente frío de lo que se supone es y para colmo, en el film se nos escamotean los dos detalles más importantes de la trama original, para lo cual está montado todo el tinglado de la cámara secreta, (un auténtico "macguffin"):

1 - Que Voldemort por fin sepa por qué Harry le derrotó (se llega a enunciar este principio, pero sorprendentemente, no se da respuesta al enunciado, cosa que en el libro sí se hace y que es clave para el futuro del personaje).

2 - Que Malfoy con todo ello pretenda desprestigiar al funcionario Weasley para que no investigue sus relaciones con la magia negra (esto si que no aparece por ningún lado en el film sorprendentemente).

Pero si estas son las ausencias e infantilizaciones más significativas en el film, cabe completar el listado de torpezas con el diseño de Fawkes, el fénix de Dumbledore, auténtico juez y árbitro invisible de toda la saga (de hecho John Williams le convierte en el protagonista de su BSO), que aquí en la película se convierte en puro merengue.

Por el contrario, el Dobby, está perfectamente desarrollado visual y narrativamente, y se encuentra entre los grandes hallazgos de la película, junto con los montajes del interior del diario, la interpretación de Kenneth Branagh (ridículo epílogo por cierto el post-títulos de crédito) y la magnífica química de los tres protagonistas, de los que sorprende una muy mejorada interpretación de Emma Watson respecto al primer film (Rupert Grint sigue siendo de lejos el mejor de los tres niños).

Pero no todo puede ser decepción, y Harry Potter y la cámara secreta puede ser considerada una excelente película de aventuras y magia, entretenida y, precisamente, llena de encanto, con no todo el calado deseable, sin el terror prometido, pero bastantes atractivos en cuanto a visualización de un universo muy rico. Y para que conste en acta, podemos dar ahora dos ejemplos de aportaciones del film al libro (antes hemos hecho el recorrido inverso): Una, la explicación de por qué Harry obsesivamente defiende Hogwarts (es su auténtico hogar) y otra, la acogida de Ron a Hermione tras su despertar a la vida de nuevo, fria y distante y que anuncia sentimientos que más adelante se desarrollarán en la historia (un acierto de Columbus).

En todo caso, la sensación agridulce de este segundo film obedece a un podría haber sido mejor, más que a una crítica de lo que se muestra por sí mismo, si lo libramos de la comparación con la excelente base literaria de la que parte.

Ahora, a esperar dos años, para ver si Alfonso Cuarón a la hora de adaptar el tercer título, se sitúa más en la línea del Peter Jackson de Tolkien que del amanuense copista Columbus en el caso de Rowling. Ojala en todo caso, que podamos seguir viendo madurar en pantalla al trio protagonista, hoy por hoy, encarnación imprescindible (los tres) del primer mito literario del siglo XXI.